Cuando tus hijos crecen, en especial cuando están en la etapa de la adolescencia, no tienes más remedio que hacerte a la idea. ¿A cuál? A que más temprano que tarde abrirán sus alas y levantará vuelo. Harán su propia vida y, te guste o no, dejarás de ser su prioridad. Siempre estarás ahí para esas personas especiales, pero el rol que desempeñes será diferente.

Vuelvo la vista atrás y recuerdo cuando mis hijas nacieron: ¡parece que fue ayer! Sin embargo, hoy ya no son unas niñas, sino unas señoritas llenas de ilusiones, de sueños, de proyectos. Son personas autónomas, inquietas y creativas, de las que aprendo cada día. Son, además, mi polo a tierra, la razón por la que cada día me levanto con ganas de comerme el mundo.

Cuando las veo felices, comprometidas con sus sueños, sanas y sonrientes, no puede hacer algo distinto que agradecerle a la vida. Esto de ser padre, en especial en estos tiempos, no es fácil. No hay un manual que te sirva, la referencia de la forma en que fuiste criado no es una buena consejera y, además, se aprende por las malas: a través de los errores, de los golpes.

Que han sido duros, lo confieso. Por fortuna, me he podido levantar y seguir adelante. Y ahí voy, en ese proceso interminable de tratar de guiar a estas jovencitas por un buen camino. El que ellas elijan, pero que sea positivo, constructivo, que les permita aprovechar los dones y talentos que les dio la vida y, sobre todo, que sirva para que labren su propio legado.

Cuando las veo hacer sus cosas, salir con sus amigos, no doy crédito al paso del tiempo. “¡Hace tan poco eran unas niñas!”, pienso. Pero, bueno, es el curso de la vida. Y lo que me hace feliz es ver que paso a paso se convierten en personas de bien, comprobar que practican los valores y principios que les he inculcado y que, gracias a Dios, transitan por el camino del bien.

No sé para ti, pero para mí eso es tanto felicidad como éxito. No sé cuál sea tu idea de cada uno de estos términos, pero hoy quiero compartir contigo una reflexión acerca de lo que pienso. Quizás te ayude, en especial en estos tiempos modernos en los que se trastocaron los valores, en los que el fin justifica los medios y las personas se rigen solo por los resultados.

Como emprendedor, como marketero digital, no solo entiendo, sino que respeto y valoro el proceso. Creo que ahí está eso que algunos llaman magia, que no es magia (por supuesto). Que, más que definiciones en términos teóricos, son aprendizajes surgidos de mis experiencias de vida, en especial, de mis numerosos errores(algunos, groseros), mis mejores maestros.

Lo primero que puedo decirte es que no comulgo con el modelo convencional que nos han enseñado para medir la felicidad y el éxito. Entre otras razones, porque lo que para mí es, para ti no es; lo que a mí me hace feliz, a ti no; lo que yo interpreto como éxito, quizás para ti no lo sea. Y está bien que sea así, porque no se trata de estar de acuerdo o de lograr consensos.

Nos dijeron, incluso a generaciones posteriores a la mía, que la felicidad y el éxito radicaban en cumplir cabalmente el mismo proceso de nuestros ancestros (padres, abuelos). ¿Cuál? Ese de estudiar (colegio, universidad), graduarte, conseguir un trabajo con el mejor salario posible y hacer carrera (quedarte allí tanto tiempo como sea posible), hasta que llegue la edad de jubilación.

Un modelo que, lo sabemos de sobra, riñe con la felicidad y el éxito. Siento pena por  familiares, amigos y conocidos que siguieron ese camino y hoy lo lamentan. Bien sea porque no hubo más remedio que reconocer que no era lo que deseaban hacer en la vida, bien sea porque significó renunciar a sus sueños y, lo más grave, minar su salud física y mental.

El monto del salario no implica, para nada, éxito o fracaso. Cualquier trabajo, mientras sea honesto y decente, es digno. No importa si eres barrendero, guardia de seguridad, asistente del gerente, el gerente o el presidente de la compañía. Todos son seres humanos que hacen lo mejor que pueden con su vida, con las herramientas y recursos de las que disponen en ese momento.

Un trabajo, cualquiera, tampoco te define como persona. Son muchos los casos de personas que comenzaron en oficios que no todos estarían dispuestos a realizar y, después de superar obstáculos y de atesorar conocimiento y experiencia, escalaron hasta la cima. Además, la vida es un largo camino: hoy estás en un punto, en un trabajo, y mañana, en otro, quizás mejor.

Para mí, el primer indicador de éxito y felicidad, en especial en el ámbito laboral, es la salud. Tanto la física como la mental, porque si te falta una, de poco o nada te sirve la otra. Quizás sabes que durante muchos años fue un fumador empedernido, además de sedentario, y hoy pago las consecuencias. Por fortuna, cuento con la asesoría médica adecuada y oportuna.

Lo primero es la vida, porque sin ella no tenemos nada. Luego, la salud, por sin ella la vida es difícil, no se disfruta y se convierte en una pesadilla, en una experiencia desagradable. A partir de ahí, cada uno tiene un propósito y una misión y cuenta con herramientas y recursos para cumplir con la tarea que le fue encomendada en este mundo, la razón por la que llegó aquí.


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El dinero atesorado o la posición que ocupas no representan tu nivel de éxito o felicidad.


No existe un libreto o una fórmula para conquistar el éxito y la felicidad, entre otras razones porque cada uno tiene una idea distinta de qué significan esos términos. Sin embargo, sí creo que hay unas métricas, un método para saber si los alcanzamos. Te comparto el mío.


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En mi caso, la métrica del éxito y la felicidad, en especial en lo laboral, es disfrutar lo que hago. Quizás sabes que hice tres semestres de Ingeniería Electrónica, la carrera de mis sueños en la juventud, pero no tardé en darme cuenta de que no era lo que quería. Sí, me agradaba esa carrera, me apasionan la tecnología y los computadores, pero no era lo que quería para mi vida.

Es decir, no me veía el resto de mi vida dedicado a eso, que era tanto un pasatiempo como una pasión. Di un giro radical hacia la Psicología, con especialidad en la clínica, me gradué y logré ejercer durante algunos años. Sin embargo, me di cuenta de que me hacía falta algo que no me enseñaron en la universidad: cómo llenar mi consultorio de pacientes, cómo ser rentable.

En esa búsqueda, apareció internet, que me impactó de inmediato. Fue amor a primera vista. Me vine para los Estados Unidos con la intención de conocer de esa tecnología y regresar a Colombia para ponerlo en práctica, pero que quedé. En mi camino se cruzó el marketing digital y son ya 25 años radicado en este país de las oportunidades, dedicado a esto que tanto amo.

Son más, muchas más, las satisfacciones vividas que los fracasos sufridos, que no fueron pocos. Algunos de ellos, inclusive, dolorosos. Sin embargo, la vida me otorgó el privilegio de generar un impacto positivo en la vida de otras personas a través de mi conocimiento y no puedo ser más feliz. Lo disfruto cada día y me honra poder ayudar a otros a cristalizar sus sueños.

El otro ingrediente imprescindible para mí es disponer de tiempo libre para disfrutar la vida junto con mis hijas. Verlas crecer, verlas luchar por sus sueños, verlas aprender o verlas ayudarse es algo que no puedo pagar ni con todo el oro del mundo. Acompañarlas, ser parte de su crecimiento y evolución, guiarlas y aprender de sus ocurrencias me hace muy feliz.

El problema es que no hay una fórmula o un libreto que nos sirva a todos por igual para alcanzar el éxito y la felicidad. Entiendo que son una construcción propia y, por ende, única. Un descubrimiento que se da a partir de tus valores y principios, de tu pasión, de tu propósito de vida, de saber por qué y para qué estás en este mundo. Eso solo lo puedes establecer tú.

Sin embargo, como sicólogo y como ser humano, y además como emprendedor, sé que hay unas métricas o indicadores que nos permiten establecer si hemos alcanzado el éxito y la felicidad que nos proponemos. Por favor, no los asumas como una guía que debes seguir, sino más bien como un método que a mí me ha dado resultados y que tú puedes modelar:

1.- Propósito. Desconocer a qué llegaste a este mundo es como deambular en un espeso bosque en medio de la oscuridad de la noche. El propósito es la luz que guía tu camino y la tarea que te permite hacer que cada día valga la pena. Es una fuerza inclaudicable

2.- Paz interior. Si hay algo de lo que puedo sentirme satisfecho es de que puedo dormir tranquilo, más allá de mis errores, de mis fallas. Que son parte del proceso, valiosas lecciones de las que aprendo para construir mi mejor versión. La paz interior es fuente de bienestar

3.- Relaciones. Soy un convencido de que llegamos a este mundo para ayudar a los demás, para recibir la ayuda de los demás. Solo a través de los demás podemos ser. Si bien soy celoso de a quién le doy acceso a mi círculo íntimo, valoro y agradezco mis relaciones con los demás

4.- Aprendizaje. Soy un eterno y feliz aprendiz. Este, sin duda, es uno de los rasgos más marcados de mi personalidad. Soy curioso e inquieto y me encanta adquirir conocimiento y desarrollar habilidades. Y lo mejor, ¿sabes qué es lo mejor? Que disfruto al compartirlo

5.- Mentalidad. Por supuesto, no podría dejarla por fuera de mi método. Quizás sabes que estoy convencido de que el 90 por ciento de lo que logramos en la vida es fruto de cómo pensamos, de la mentalidad que cultivamos. Y sí, hay mentalidad de éxito y de felicidad

Te confieso que siento nostalgia cuando veo que cada vez está más cerca el momento de ver a mis hijas abrir sus alas alzar su vuelo. Aunque sé que es el proceso de la vida y procuro hacerme a la idea, sé que las voy a extrañar. Sin embargo, también sé que me hará muy feliz verlas hacer su propio camino al andar, cristalizar sus sueños y construir su legado.

Agradezco a la vida por mi trabajo, por tantas alegrías y satisfacciones que me ha brindado, porque me brinda el sustento necesario para vivir una vida con comodidades. En especial, por haberme dado el privilegio de generar un impacto positivo en la vida de otros, de ayudarlos a cristalizar sus sueños. Es el mayor éxito que he alcanzado, la mayor felicidad que he disfrutado.