El emprendimiento, el sueño de tener un negocio propio y, sobre todo, una vida propia, es una opción que cada día eligen más personas. “¡Reinvéntate!”, nos exigen por doquier, en especial en estos tiempos convulsos en los que la vida nos invita a reflexionar, a cuestionarnos acerca del rol que cumplimos en este mundo. Pero, cuidado, que la reinvención no sea una pesadilla más.

Con más de 23 años de trayectoria en el mercado, sé que una de las premisas, de las claves del éxito, es la capacidad de adaptación a las circunstancias actuales. Que cambian constantemente y con mayor velocidad de la que nos gustaría. Además, con una hándicap que a veces no se considera: no todos desarrollamos la capacidad de cambiar rápido, de aprender rápido.

Entonces, si nos comemos el cuento de la tal reinvención corremos el riesgo de involucrarnos en una especie de carrera de la rata y nunca avanzamos, jamás vamos a llegar a donde deseamos. Solo consumimos nuestras energías, malgastamos nuestro tiempo y desperdiciamos lo que hemos aprendido y experimentado. Y esa situación, por supuesto, es contraria a una vida feliz.

Un riesgo al que, además, estamos propensos los emprendedores, en especial aquellos que son nuevos en el mercado, que decidieron seguir este camino no por voluntad propia, sino forzados por las circunstancias. Un riesgo para quienes se dejan tentar por la riqueza exprés, que carecen de paciencia para provocar los resultados que esperan, que no saben en verdad qué quieren.

Y esto último, créeme, es el origen del problema. ¿Por qué? Porque llegan con urgencias, sin tiempo, sin paciencia, sin estrategias. Y por ese camino solo pueden llegar a un lugar, aquel que intentan evitar: el fracaso. Además, y este es el mensaje que quiero transmitirte en estas líneas, no tienen un propósito, no tienen la mentalidad adecuada, no tienen un plan de acción.

Ser emprendedor, lo repito una y otra vez, es el oficio más apasionante del mundo y, sin duda, también uno de los más difíciles. Por la soledad, por el síndrome del no experto, por la cantidad y variedad de conocimientos y habilidades que se requiere y porque no estamos preparados para el fracaso, para enfrentar las dificultades. Lo peor, tenemos que luchar contra el enemigo interno.

¿A qué me refiero? A esa voz que tu mente activa cada vez que intentas sacarla de su zona de confort, cuando intentas aprender algo, cuando ingresas a universos distintos a los que ella está acostumbrada. Esa voz que te dice “No puedes”, “Déjalo para otro día”, “No te conviene”, “Lo más seguro es que vas a fracasar”, “Dedica ese tiempo más bien a ir de fiesta con tus amigos” y más.

Frases que escuchas de toda la vida porque están grabadas en tu mente, porque salieron de boca de tus padres, familiares, amigos, contradictores y medios de comunicación (o redes sociales) desde siempre. Frases que van en contravía de tus sueños y que te llevan a desperdiciar los dones y talentos que te dio la naturaleza, tu conocimiento y experiencias, y te mantienen postrado.

Frases que afectan negativamente todos los ámbitos de la vida: el personal, el profesional; las relaciones sentimentales, las de amistad y las de negocios. Frases que se convierten en obstáculos insalvables que te impiden conseguir los resultados que esperas, que frustran tus sueños y que, en suma, hacen de tu vida un infierno en el que se consumen tus días, sin que puedas evitarlo.

Pero, aquí está el quid del asunto: ¡SÍ puedes evitarlo! Esa, amigo mío, es la gran noticia. ¡SÍ puedes evitarlo! Sin embargo, ¿quiere evitarlo? Esa es la primera respuesta que debes ofrecer y no puede ser dubitativa. Requieres que sea contundente, decidida y, en especial, que esté acompañada de las acciones necesarias para obtener los resultados que tanto anhelas.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

El éxito y la felicidad son el fruto de tus acciones y decisiones y no todos estamos dispuestos a pagar ese precio.


¿Es tu vida actual aquella con la que siempre soñaste? Si no es así, ¿por qué no cambias, qué te impide conseguir los resultados que deseas? Si quieres, puedes construir una vida de felicidad, abundancia y prosperidad a partir de hacer lo que te gusta y, lo mejor, servir a otros.


No tienes que reinventarte, solo tienes que adaptarte y, sobre todo, encontrar tu por qué, tu propósito, saber cuál fue la misión que se encomendó en este mundo y, a través de tus dones y talentos, de tu conocimiento y experiencias, de tu pasión y vocación de servicio, usarlas para ayudar a otros. El paso fundamental, sin embargo, es desarrollar una mentalidad de abundancia.

Mi consejo es que no intentes hacer un cambio significativo, drástico, de un día para otro. Roma no se construyó en un día, recuérdalo, así que tienes que ir paso a paso. La estrategia más útil es aquella de implementar pequeños cambios de hábitos en tu rutina diaria, poco a poco. Puedes comenzar por los que se te antojen más fáciles y luego te mides al reto de los más difíciles.

Lo primero, sin embargo, es establecer qué quieres hacer con tu vida. ¿Eres feliz con la vida que llevas en este momento? Si la respuesta es un no, entonces, ¿qué rumbo deseas tomar? ¿Cuál es esa actividad que harías cada día del resto de tu vida aun si no te pagaran por ello? ¿Estás dispuesto a hacer lo necesario para construir la vida que deseas, a pagar el precio del éxito y la felicidad?

Quizás sabes que soy sicólogo clínico y que durante algunos años ejercí la profesión. Sin embargo, un día la vida me llevó por otro camino, el del emprendimiento, y me di cuenta de que lo que me apasionaba transmitir mi conocimiento y mis experiencias. Descubrí que había heredado de mi abuelo y de mi madre no solo el espíritu emprendedor, sino también la vocación de servicio.

Fue algo revelador que cambió el rumbo de mi vida: se acabaron la incertidumbre, las dudas; se acabaron las noches de desvelo pensando en que no era el camino que deseaba. Ante mis ojos se abrió un universo ilimitado de oportunidades y de bendiciones y desde entonces no dejo de hacer lo que más me gusta y lo disfruto cada día como si fuera el primero. Es algo extraordinario.

Eso, por supuesto, no significa que no haya dificultades, que no haya fracasado, que no me haya equivocado. Las dificultades surgen con frecuencia, los fracasos me dejaron algunas cicatrices y los errores se suceden a diario, pero no me preocupo por ellos porque extracto el aprendizaje que incorporan y los transformo en energía positiva. Tengo la vida que deseo, una vida normal.

Sé cuáles son mis prioridades y me enfoco en ellas: mis hijas y mis clientes, en ese orden. Y lo que hago cada día es en función de unas y otros, en función de su bienestar, en función de su desarrollo y de su crecimiento, en función de sus sueños. Sigo con la estrategia de ir paso a paso, poco a poco, haciendo pequeños cambios que se traduzcan en grandes transformaciones.

Aprendo cada día (soy un eterno aprendiz, alguien que es feliz aprendiendo) y me preocupo por mantener la mentalidad adecuada (aunque no lo creas, tengo mucho que trabajar en ese aspecto). Desarrollo habilidades, descubro herramientas y recursos que me ayudan a ofrecer mejores servicios y no me olvido de que mis clientes son seres humanos valiosos, no un número o una cifra.

Una de las preguntas que me hacen con más frecuencia es aquella de cuál es la fórmula de mi éxito. La respuesta es que construí la vida que siempre soñé porque estuve dispuesto a pagar e precio requerido: aprendizaje continuo, mente abierta al cambio, mentalidad de abundancia y gratitud por lo recibido. Mezclas, agitas y tomas pequeñas dosis cada día. Los resultados son extraordinarios…


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