Supongo que habrás oído alguna vez aquella frase de “Quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Hace referencia a la necesidad de conocer bien nuestro pasado, el origen de nuestras equivocaciones y sus consecuencias, para no replicarlas más tarde, quizás con mayor daño. Es una frase que todos conocemos, pero que pocos aplicamos.

Sí, una reflexión que deberíamos aplicar cada día de nuestra vida y así nos evitaríamos dolor y sufrimiento y, sin duda, seríamos más felices. El problema es que nos educan con la mentalidad de que el pasado ya pasó, de que no existe. Nos dicen que el presente es lo único que tiene validez como proyección de un futuro.

Sin embargo, lo que hemos hecho influye en lo que somos, nos marca con cicatrices y también con miedos, dolor o condicionamientos. Son estrategias de la vida para enseñarnos qué camino que seguir para cumplir nuestros sueños. Conocer nuestra historia y evitar errores es una estrategia útil en la vida e imprescindible en los negocios.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Muchos de aquellos que creen que internet es una mina de oro terminan frustrados y quebrados.

Esos episodios del pasado actúan como un poderoso kit de herramientas que te alertan sobre los peligros que vas a encontrar en el camino y que te indican cuál es la solución (o, al menos, las alternativas que puedes considerar). Pero, la realidad es que muy pocos, casi nadie, hacen uso de esas herramientas. Como los emprendedores, especialmente los novatos.

Claro, alguno podrá decirme que carece de experiencia, que no tiene pasado en esta actividad y que no puede haber aprendizaje. Sin embargo, eso no es cierto: también podemos (y debemos) aprender de las experiencias de otros, de los errores de otros, de los aciertos de otros, de los logros de otros. Porque esos otros, finalmente, son maestros de vida.

Dado que soy algo incrédulo, siempre dudé, o cuando menos tuve reservas, cuando me decían que internet era la nueva mina de oro de los negocios, que era la veta que podría convertirme en rico de la noche a la mañana. Afortunadamente, la vida me brindó el ejemplo de mis padres, de mi familia y de mis mentores.

Sí, ellos se forjaron a base de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio, de constancia y, claro, de errores, de muchos errores. De ellos aprendí, sobre todo, que nada en la vida es fácil y menos, gratuito. Y de los muchos caminos que puede elegir, escogí quizás el más difícil, que es también el que más satisfacciones me ha reportado, uno que me hace feliz.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

El éxito, la riqueza y la fama en internet solo son para los que aprenden de los errores del pasado.

A comienzos de 1848, el 24 de enero, James Wilson Marshall, un carpintero de Nueva Jersey que trabajaba en la construcción de un aserradero propiedad de John Sutter, encontró unas pepitas de oro en el lecho del río American, en las faldas de la Sierra Nevada, cerca de Coloma, en California.

Sutter era un inmigrante suizo-alemán de la colonia de Nueva Helvetia, que dio origen a la ciudad de Sacramento. Ese casual episodio dio origen a un período corto, pero muy significativo, que dejó profunda huella en la historia de los Estados Unidos. Es el que conocemos como La fiebre del oro, un lapso comprendido entre 1849 y 1860.

Aunque Sutter intentó que la noticia del hallazgo no se difundiera, pronto la buena nueva se regó por doquier. En poco tiempo, la región fue invadida por hambrientos buscadores de riqueza. Miles de estadounidenses afincados en la costa oriental cruzaron el país en busca de ese golpe de suerte. Se los denominó los fortyniners (49’erns), por el año que transcurría.

A ellos se sumaron inmigrantes de destinos tan diversos con Hawái, Chile, Perú, México y China. Llegaron en busca del sueño americano, pero para algunos fue pesadilla. Muchos de ellos murieron en la travesía, algunos no tuvieron suerte y se quedaron con las manos vacías y otros cayeron en las disputas por la defensa de los territorios y la incipiente explotación.

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Una situación parecida a la actual, cuando nos dicen que el éxito, la riqueza y la fama están a solo unos clics, pero la verdad es que el premio solo es para los que aprenden las lecciones de la historia. Aunque la fiebre del oro en Estados Unidos impulsó la creación de California y su integración a la Unión, el costo en vidas, en sueños, fue demasiado elevado.

Hoy, la fiebre del oro de internet también hace estragos en aquellos que creen en los objetos brillantes, los que le apuestan a volverse millonarios en un abrir y cerrar de ojos, a la vuelta de un clic. Una historia que necesitamos conocer, que los emprendedores necesitamos aprender, para no repetir los errores del pasado.

Internet es una herramienta superpoderosa. Es fuente de riqueza si tienes un negocio propio, si perteneces a un programa de afiliados, si eres consultor o mentor, si vendes un producto o un servicio, si sabes sacar provecho de los dones que te regaló la naturaleza, del conocimiento que posees y de la experiencia que atesoras.

Internet es la mina de las oportunidades de oro. Hay cientos de ellas, miles de ellas, y lo mejor es que están a disposición del que las quiera tomar. Sí, internet es la mina de las oportunidades de oro siempre y cuando estés dispuesto a pagar el precio: trabajo, sacrificio, esfuerzo, dedicación, pasión…

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