Para verdades, el tiempo, solían decir los abuelos con esa sabiduría que solo nos brindan los años y los errores. Una frase que bien podría ser el epitafio en las tumbas de Reed Hastings y Marc Randolph, los creadores de Netflix. En 1997, cuando cristalizaron su idea, solo ellos creían que pudiera convertirse en el rey del entretenimiento que es hoy.

Pongámonos en contexto: en esa recta final de los años 90, internet era todavía una novedad en muchos lugares del mundo. Los servicios eran costosos y, por ende, limitados. Además, los computadores no estaban al alcance de todos, como ahora: eran artículos de lujo por sus elevados precios. Y las especificaciones técnicas eran bastante precarias.

Ir al cine era todavía un hábito muy fuerte, una rutina familiar. De hecho, cuando se daba el estreno de una película importante era común ver largas filas en las taquillas y las entradas de los teatros. Nadie vislumbraba que esa costumbre, una tradición cultivada durante años y años, pudiera cambiar. Sin embargo, el siglo XXI obró el milagro.

Antes, sin embargo, hay que decir que como alternativa al cine estaba el alquiler de películas para observar en casa. En muchos hogares, al televisor le habían llegado unos hermanitos llamados Betamax, primero, y VHS, después. Fueron los años de la dictadura de Blockbuster, el gigante que tocó el cielo con las manos y luego sucumbió a sus errores.

Con estos aparatos, la experiencia cambió: salíamos de casa para alquilar las películas que deseábamos ver y regresábamos para instalarnos frente al televisor, provistos de las consabidas palomitas de maíz, dispuestos para disfrutar durante horas. Y nos daba la madrugada viendo una, dos o tres películas, una tras otra, como si fuera un festival.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Las series propias empaquetadas en temporadas son el gran éxito de Netflix.

Uno de los habituales visitantes de Blockbuster era Reed. Lo fue hasta que un día olvidó regresar la película que había alquilado y cuando fue a entregarla le cobraron una multa de ¡40 dólares! Indignado, y sin derecho a pataleo, la pagó. Y juró nunca más vivir un momento tan desagradable. Y deseó que ninguna otra persona sufriera lo mismo que él.

Entonces, unió sus esfuerzos con Randolph y creó Netflix. Uno muy distinto al que hoy conocemos, por las limitaciones tecnologías ya mencionadas. También, porque Blockbuster lucía indestronable. De hecho, Reed intentó aliarse con el gigante del momento, pero su propuesta fue rechazada con un gesto soberbio que lo marcó.

Con el rabo entre las piernas, rumiando la humillación, Reed abandonó la oficina del CEO de Blockbuster y le declaró la pelea. En silencio, por supuesto, para evitar que, de nuevo, alguien más se burlada de él. Netflix nació como una tienda de alquiler, pero con dos características distintas: se podía rentar desde casa y no había multas por atrasos.


Una de las grandes fortalezas de Netflix es que rompió el esquema establecido
y cambió los hábitos del mercado. ¿Cómo? En vez de series que avanzan capítulo
a capítulo, creó las temporadas completas. Nadie quiere despegarse de la pantalla.


No eran argumentos de suficiente peso para competirle en ese momento a Blockbuster, que se paseaba orondo por el mercado. Sin embargo, el paso del tiempo, ese sabio que conoce todas las verdades, le fue abriendo puertas. La creciente inconformidad de los clientes del gigante del alquiler le abrió un espacio y le dio una buena oportunidad.

Durante al menos un lustro, sin embargo, el panorama para Netflix fue gris oscuro. Registró pérdidas sucesivas y su sostenibilidad estuvo comprometida. Hasta que encontró el aliado ideal para salir del hoyo: internet. El rápido avance de la tecnología, sumado a la visión de sus creadores y a las acertadas decisiones, le dieron vida a Netflix.

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De la mano de la tecnología, Netflix se convirtió en un cinema en casa.

En 1999, abrió la primera página web en la que los usuarios podían suscribirse, pagar en línea, hacer su pedido y recibirlo a vuelta de correo. De manera increíble, logró torcer la tendencia de números rojos y sus finanzas comenzaron a robustecerse. Tanto, que en 2003 registró, por primera vez, ganancias. Y millonarias. Comenzaba una nueva era.

Simultáneamente, el reinado de Blockbuster empezaba a resquebrajarse, víctima de las torpes decisiones de sus directivos. Haber hecho caso omiso de las quejas de sus clientes, no evolucionar el modelo de negocio y creer que no había competidores que pudieran hacerle mella fueron algunos de los errores del gigante del alquiler. Y, claro, quebró.

Invisible durante años, el ascenso de Netflix y la demostración de que su propuesta era viable llamó la atención de grandes inversionistas. ¡El golpe de suerte que hacía falta! La inyección económica les dio vuelo a los sueños y a los proyectos de Reed y Randolph y Netflix, poco a poco, se convirtió en la mejor compañía para toda la familia.

Comenzó con las transmisiones por internet y luego pasó a los televisores y hasta a las consolas de juego. Una alternativa para cada uno, para cada gusto, para cada segmento del mercado. ¡Genial! Y, para su fortuna, la tecnología evolucionaba a velocidades asombrosas y le ofrecía grandes y nuevas oportunidades. Y Netflix las aprovechó.

En 2010, cuando Blockbuster ya era parte de la historia, emprendió el proceso de expanción. De millones de hogares en Estados Unidos se instaló en los de miles de familias de Canadá, primero, y de Latinoamérica, después. Ese paso fue posible gracias a que jubiló el ya obsoleto sistema de alquiler físico y potenció los canales digitales.

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Los dispositivos móviles son el próximo objetivo de la experiencia de Netflix.

La transmisión de video vía internet, por suscripción, se convirtió en su gran fortaleza. Lo mismo que la producción de series propias, que pronto se adueñaron de los corazones de los clientes y marcaron tendencia. Lo mejor es que Netflix, a diferencia de Blockbuster, siempre escuchó a los clientes y, por eso, desarrolló justamente lo que ellos querían ver.

Hoy, Netflix cuenta con casi 90 millones de suscriptores en 190 países. Sus películas, series y documentales están en boca de todos y disfruta las mieles del triunfo. Sin embargo, no se duerme en los laureles. Continúa evolucionando, innovando, adaptándose a los gustos de los nuevos consumidores, a la tecnología y a los vaivenes del mercado.

En los últimos días, por ejemplo, hizo dos anuncios que demuestran que su reinado es para rato. Ted Sarandos, su director de contenidos, informó que la compañía se fijó la meta de ser el referente de entretenimiento en Europa, como ya lo es en EE. UU. y Latinoamérica. Para conseguirlo, invertirá 8.000 millones de dólares durante 2018.


La más valiosa lección de marketing que podemos aprender de Netflix es que
siempre hay que escuchar al mercado. Con los datos de millones de suscriptores
en sus manos, la compañía se enfoca en satisfacer sus necesidades y gustos.


“Con más de 100 proyectos este año, queremos demostrarle al público europeo que estamos comprometidos con la idea de ser un referente en el entretenimiento. Lo haremos ofreciendo a los creadores de contenido locales una plataforma mundial”, dijo Sarandos. El modelo de negocio exitoso en otros lugares, se replicará en el Viejo Continente.

Pero,eso no es todo. Consciente de que no puede repetir los errores de marcas que ya no existen, Netflix le apuesta a ofrecer sus contenidos en dispositivos móviles. Acaba de presentar su nueva versión móvil, inspirada en Instagram, que goza de gran aceptación. La nueva interfaz les recomienda contenidos a los usuarios según sus solicitudes previas.

Netflix surgió cuando nadie creía que el streaming pudiera existir, le cobró caro la prepotencia y los errores a Blockbuster y cambió los hábitos de millones de hogares en todo el mundo. Hoy, crece y evoluciona bajo la premisa de satisfacer los gustos de sus clientes y, sobre todo, de brindarles una experiencia única. ¡Marketing del bueno!


 

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