La noche del martes 17 de abril de 1973, con 389 empleados y 14 aviones Dassault Falcon, la compañía Federal Express (FedEx) entregó 186 paquetes en 25 ciudades distintas de los Estados Unidos.

En la oscuridad, mientras sus competidores dormían, comenzó a forjarse la historia del que hoy es un gigante del correo exprés y, sobre todo, un ejemplo de cómo ser exitoso si se marcan diferencias y se aprovechan las oportunidades.

Nacido en Marks (Misisipi), Frederick Wallace Smith fue uno de los dos hijos de un próspero empresario, pero no por ello tuvo una vida fácil. Durante la niñez y la adolescencia tuvo que lidiar con una rara enfermedad llamada Calve Perthes, que le ocasionaba dolores en la cadera y lo obligaba a usar muletas.

Años más tarde, sin embargo, fue un destacado atleta en la preparatoria de la Universidad de Memphis.

Corrían los albores de la década de los años 60 y como estudiante de Economía de la prestigiosa Universidad de Yale se enfrentó a una tarea que le mostró cuál sería el rumbo de su vida: debía plantear un modelo de negocio que ofreciera a los clientes la entrega rápida y sencilla de paquetes a lo largo y ancho del país.

Lo calificaron con un C y la idea demoró una década en cuajar, porque en 1966 se enroló en la Infantería de Marina (combatió en Vietnam).

En 1970, sembró una de las semillas que poco después le ayudarían a forjar su emporio, pues se convirtió en accionista de Arkansas Aviation Sales, una empresa de compra y venta de jets usados.

A eso le sumó los conocimientos de logística que había adquirido durante su paso por la Marina y, ¡Eureka!, puso en marcha el proyecto de distribuir paquetes. Fue un comienzo incierto, porque el tráfico aéreo era limitado y pocos creían en él y en su idea.

Más de dos años tardó Smith en entender lo que el mercado necesitaba: acortar al mínimo posible el tiempo de entrega de los paquetes, a lo sumo en 24 horas, lo que suponía operar durante la noche, algo que ninguna empresa hacía en ese momento.

¡Esa fue su oportunidad! En esa etapa inicial, irónicamente, le costó mucho despegar, al punto que invirtió 4 millones de dólares que recibió como herencia y algunos de sus pilotos, literalmente, pagaban la gasolina de su bolsillo.

La cultura empresarial que Smith instauró en su empresa fue vital para sostenerse en esos tiempos difíciles y, sobre todo, para forjar un futuro sólido.

Muy cercano a su gente (a todos los saluda por su nombre), sin importar el alto cargo que desempeñaba, siempre se lo veía como un trabajador más, dispuesto a hacer lo que se necesitara.

Y puso en práctica una máxima clave: PSP, la llamó (gente, servicio y beneficio, por sus iniciales en inglés).

Otro acierto de la estrategia de Smith fue haber escogido Memphis (Tenesí) como su centro de operaciones, aunque FedEx nació en Little Rock (Arkansas).

Una sencilla investigación de mercado le permitió establecer que aquella ciudad es paso obligado del mercado de entrega de paquetes de pequeño tamaño, al tiempo que el clima allí es benigno y estable, por lo que los envíos corrían poco riesgo de atrasarse.

Fue en la segunda mitad de esa década de los años 70 que FedEx se consolidó como el primer transportador de bienes de alta prioridad, la promesa que Smith le había hecho al mercado.

Su crecimiento fue tan rápido, que requirió solicitar un cambio de la reglamentación para adquirir aviones de mayor tamaño: lo obtuvo y a su flota llegaron Boeing 727 y DC-10.

En 1985, en otra movida magistral, FedEx comenzó a transportar paquetes a Europa y a finales de esa década amplió sus horizontes hasta Asia, con centro de operaciones en Dubái (Emiratos Árabes Unidos).

Para facilitar esa expansión, adquirió la aerolínea Flying Tigers. En 1994, FedEx confirmó su condición de pionera, al conectarse a internet: ahora, sus clientes podían seguir la suerte de su envío en tiempo real y, además, podían hacer transacciones virtuales.

El nuevo siglo implicó un nuevo reto: la compañía se dividió en cinco secciones independientes, una estrategia que ayudó a mejorar los servicios y evitó la plaga del gigantismo que a veces obstaculiza el desarrollo de las empresas.

Desde 2009, FedEx opera en Europa con vehículos eléctricos híbridos, una medida para contribuir a la conservación del medioambiente.

Un año más tarde, en la misma línea, en Colonia (Alemania) abrió un centro de distribución que opera con energía solar.

Desde allí, su carga es transportada en aviones Boeing-777, que gracias a su avanzada tecnología consumen menos combustible y emiten menos partículas contaminantes, al tiempo que vuelan de manera más silenciosa.

Esas estrategias, además de ser más competitivo y rentable, le han significado varios premios internacionales.

Una promesa diferente que cumplió (y cumple) desde el primer día, una sólida cultura empresarial, constante innovación y estrategias diseñadas para acomodarse a un mercado cambiante, trabajar siempre de la mano de la tecnología y diseñar creativas campañas publicitarias para difundir sus mensajes son algunas de las claves del éxito de FedEx.

Y aunque es líder del mercado, un referente, no se detiene, no se distrae, no se estanca.

Hoy, FedEx es un monstruo de los negocios, un fantástico espejo en el que vale la pena mirarse para aprender a sortear dificultades y, especialmente, para aprovechar oportunidades.

La empresa cuenta con 150 000 empleados, una flotilla de 600 aviones y 45 000 vehículos terrestres, entrega más de 10 millones de paquetes diarios en 220 países y, lo mejor, sigue fiel a su promesa de entregarlos en máximo 24 horas.


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