¿Qué estarías dispuesto a hacer por aquello que amas, por eso que te apasiona? ¿Cuál sería el mayor sacrificio que realizarías? ¿En dónde estaría el límite de tus acciones? Supongo que me dirás que, por tu familia, por tus hijos, por tu negocio, harías lo que fuera necesario, más allá de tus fuerzas.

Estoy seguro de que cualquiera se esforzaría al máximo por su familia, por sus hijos, pero, ¿estarías en disposición de ofrendar tu vida? Voy a ser honesto: cuando me hice esta pregunta, automáticamente respondí que sí. Sin embargo, unos segundos más tarde dudé. No porque no esté dispuesto, sino porque me pareció un precio demasiado alto.

No te lo voy a negar: también hay una dosis de egoísmo, pues el mayor anhelo de mi vida es ver crecer a mis hijas, compartir la concreción de sus sueños, ser cómplice de sus aventuras, compañero de sus andanzas. Sí estoy dispuesto a hacer lo necesario por lo que más amo, que es mi familia, mis hijas, pero no sé si eso incluya también ofrendar mi vida.

Por eso, cuando me llegó un artículo acerca de Benazir Bhutto me llamó la atención y me invitó a la reflexión, de la misma manera que te la extiendo a ti ahora. Ella entregó su vida por una causa, la de su pueblo, la de Pakistán, el 27 de diciembre de 2007. Benazir nació en Karachi, la capital paquistaní, el 21 de junio de 1953.

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Benazir Bhutto revolucionó la política de su país, revolucionó a su país.

Su padre fue Zulfikar Alí Bhutto, presidente de la Nación entre 1971 y 1973 y primer ministro de 1973 a 1977, cuando fue derrocado por un golpe militar. Fue juzgado por la muerte de un contradictor político y murió ahorcado el 4 de abril de 1979. Había fundado el Partido Popular de Pakistán (PPP), un legado que continuó su hija, que heredó la vena política.

Tras concluir la primaria, bajo el cuidado de monjas católicas, se fue a Estados Unidos en 1967. Asistió al Ratcliff College y luego ingresó a Harvard, donde obtuvo el diploma en Gobierno Comparativo. Se instaló en Londres y estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en la Universidad de Oxford. También completó el curso de Derecho Internacional y Diplomacia.

En diciembre de 1976, fue la primera mujer en ser elegida presidenta de la Oxford Union, la prestigiosa y selecta asociación de debates de ese claustro. Ya mostraba sus dotes de liderazgo, su inteligencia, su vocación de servicio y ese gusto por la política que le venía de familia. En 1977 regresó a su país y se unió a su padre en la brega política.


El pasado primero de septiembre, concluyó el juicio contra los cinco
acusados de su asesinato. Aunque habían confesado en 2009, fueron
absueltos por el “beneficio de la duda”. La justicia no hizo justicia.


No era fácil guiar los destinos de un pueblo que durante el siglo XX sufrió los efectos de sucesivas dictaduras militares. Tras la ejecución de su padre, se convirtió en perseguida política, pues recogió las banderas del PPP. Fue apresada y enviada a la cárcel en períodos que sumaron más de cinco años y en 1984 tuvo que abandonar Pakistán y regresar a Londres.

Desde allí, sin embargo, continuó la lucha en defensa de la democracia y también de los derechos de la mujer. A pesar de la distancia, su voz llegaba con autoridad. En 1986, después de que se levantó la ley marcial, volvió a Pakistán. Y lo hizo con fuerza, pues organizó el Movimiento para la Restauración de la Democracia.

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El atentado que le costó la vida conmocionó a su país y al mundo, por lo demencial.

Se convirtió en una líder popular seguida por las masas y su lucha dejó de ser exclusiva de los oprimidos paquistaníes y traspasó las fronteras para adquirir visos internacionales. Pero, fue 1998 el año en el que la vida de Benazir Bhutto comenzó a instalarse en los libros de historia.

Su partido, el PPP, logró que el dictador Muhammad Zia-ul-Haq fijara fecha para la realización de comicios electorales y luego la misteriosa muerte del verdugo de su padre, en un accidente aéreo que nunca fue aclarado, le abrió las puertas hacia la victoria en las urnas. Una victoria que, dicho sea de paso, pocos tenían en sus cuentas.

Las elecciones se realizaron el 16 de noviembre y, con apenas 35 años, Benazir Bhutto se convirtió en la primera mujer elegida primera ministra de un país musulmán. Fue, en todo caso, una victoria que no pudo saborear, porque sus opositores le hicieron la vida imposible. Irónicamente, tuvo que recorrer el mismo camino que su inmolado padre.

Luchó hasta el final

Fue acusada de corrupción y violación de la Constitución, y destituida por el presidente Ghulam Ishaq Khan, en agosto de 1990. Tendría revancha, no obstante, en las elecciones de octubre de 1993, que el PPP ganó por mayoría simple. Su triunfo, empero, solo avivó el fuego de las diferencias políticas, los odios y la intolerancia.

En noviembre de 1996, otra vez señalada por actos de corrupción, mala administración y deterioro de la seguridad pública, el presidente Farooq Leghari la destituyó. Además, fue condenada a prisión por corrupción (la pena fue conmutada y no la tuvo que cumplir) y se exilió en los Emiratos Árabes Unidos.

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Benezir Bhutto fue una luz de esperanza para las mujeres y los pobres en Pakistán.

El hecho de ser mujer, haberse formado en Occidente y propender por los derechos de la mujer hizo que los partidos religiosos la atacaran sin cesar, sin piedad. Durante casi ocho años, desde el extranjero, continuó su lucha y, aunque sabía que su vida corría peligro si regresaba a Pakistán, con el aval del presidente Pervez Musharraf retornó a Karachi.

Llegó a hacer campaña para los comicios previstos para el 8 de enero de 2008, pero no alcanzó a acudir a las urnas: el 27 de diciembre de 2007, durante una concentración política, fue asesinada en un atentado en la localidad de Rawalpindi. Acababa de terminar un mitin e iba en su automóvil cuando fue impactada con disparos en el cuello y la cabeza.

Enseguida, el asesino hizo explotar una bomba que convirtió el auto de la política en una masa de fuego. Las cifras oficiales estimaron en al menos 24 las muertes provocadas por el atentado suicida, el tercero que sufría Bhutto. Su campaña se enfocaba en los graves problemas políticos y sociales de Pakistán y en la búsqueda de mejores condiciones para las mujeres.

Proponía la creación de instituciones que velaran por el bienestar de las mujeres (por ejemplo, hospitales y escuelas), pero nunca pudo ver cumplidos sus sueños. De la misma manera que ella tomó el listón de su padre, sus hijos Bilawal Bhutto Zardari y Aseefa Bhutto Zardari continuaron su lucha.

Benazir Bhutto rompió paradigmas, cambió esquemas y, sobre todo, se convirtió en una luz para millones de mujeres a las que en su país, por cuestiones culturales y religiosas, se las considera inferiores. Por ellas luchó desde que tuvo uso de razón y por ellas ofrendó su vida. El pueblo de Pakistán fue su gran amor, su pasión, pero también fue su condena.


 

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