El desenlace trágico, lamentablemente, se dio el viernes 7 de julio. Desde que tenía 18 meses, los médicos le diagnosticaron neuroblastoma, una forma de cáncer terminal degenerativo, y no hubo poder humano capaz de darle una esperanza de vida.  Una tristeza muy grande que puso de luto a toda Inglaterra y al fútbol europeo.

Inglaterra entera estaba en vilo por el chiquillo de 6 años, llamado Bradley Lowery, y pendiente de Jermain Defoe, reconocido futbolista, ídolo y amigo del niño. Durante dos años, el pequeño fue sometido a tratamiento y a quimioterapia y parecía haber ganado la batalla a una enfermedad que se presenta en niños menores de 5 años con un alto grado de mortalidad.

Sin embargo, en julio del año pasado el cáncer regresó, de manera más agresiva, y las esperanzas de vida se extinguieron lentamente, paulatinamente, definitivamente. La historia de amistad con el futbolista inglés, sin embargo, siempre será recordada. Fue una fábula de la ficción que cobró vida en la realidad y a todos nos conmovió.

Defoe nació el 7 de octubre de 1982 en Londres, hijo de inmigrantes de la isla caribe de Santa Lucía. Debutó a los 16 años en las filas del Charlton Athletic, en segunda división, y luego llegó a la Liga Premier con el West Ham United, el Bournemouth (segunda) y el Tottenham Hotspur, en el que brilló por su habilidad y capacidad goleadora.

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A Bradley Lowery le diagnosticaron neuroblastoma cuando tenía 18 meses de vida.

Tras un breve paso por el Portsmouth, regresó al Hotspur, hasta 2013. También militó en la selección inglesa, en la que debutó en 2004. Participó en el Mundial de Suráfrica-2010 y en la Eurocopa de Naciones de 2012. Cruzó el Atlántico y se puso la camiseta del Toronto canadiense, en lo que se pensó iba a ser un triste adiós a las canchas.

Sin embargo, un año más tarde (2014) regresó a las islas británicas y se enfundó el jersey del Sunderland, los ‘gatos negros’, un club pequeño con una historia grande. Fundado en febrero de 1879, acumula seis títulos de Liga de Inglaterra (el más reciente, en 1936) y dos de Copa de Inglaterra (1937 y 1973), además de cinco subcampeonatos.

No es tan conocido o famoso como Manchester United, Manchester City, Liverpool, Arsenal o Chelsea, pero tiene una gran y fiel hinchada en el nororiente del país, donde libra un clásico duelo con el Newcastle United, las conocidas ‘urracas negras’. Y este episodio lo puso en el radar de millones de hinchas del planeta fútbol que no lo conocían.

El pequeño Bradley, en medio de su desoladora realidad, encontró en el fútbol un paliativo, un motivo para sonreír y disfrutar. Su caso fue conocido por los miembros del equipo y, de inmediato, se volcaron a brindarle su apoyo, en especial Defoe. Y por esas circunstancias mágicas de la vida se volvieron grandes amigos, inseparables.

Al toque, se estableció una fuerte conexión entre el chiquillo y el futbolista. Inseparables, valga decirlo. Cada vez que pudo, Defoe lo visitó en casa o en el hospital y se convirtió en el abanderado de su causa. Esa actitud del futbolista visibilizó el problema de Bradley, que conmovió a la sociedad británica y, especialmente, al fútbol inglés.

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La amistad entre Bradley Lowery y Jermain Defoe conmovió al mundo del fútbol.

Tras la reaparición de la enfermedad, sus padres comenzaron una campaña con el fin de recaudar los fondos necesarios para un tratamiento de urgencia, en Estados Unidos. Se recolectaron 700.000 libras esterlinas (874.000 dólares), de las cuales 200.000 las donó el Everton de Londres, otro club que dejó ver su cara más solidaria en este episodio.

Lamentablemente, el diagnóstico de los médicos fue desalentador, al punto que el viaje al otro lado del Atlántico se canceló en vistas de que no había marcha atrás en el avance de la enfermedad. Entonces, Bradley fue sometido a un tratamiento paliativo para evitar sufrimiento, a sabiendas de que el momento fatídico iba a llegar en cualquier momento.

Una amistad inquebrantable

“Soy bendecido por formado parte de su vida. Al margen del fútbol, la relación que desarrollé con él y lo que he traído a su vida y lo que ha traído a la mía ha sido realmente especial”, declaró Defoe pocos días antes de la muerte de Bradley en Talksport. El futbolista se convirtió en la representación del dolor del fútbol por la suerte de aquel niño.

“Es triste verlo pasar por todo esto con solo 6 años. Tengo tantos buenos recuerdos y momentos que he compartido con él, que estarán conmigo para el resto de mi vida, así que estoy agradecido por eso, agregó. Las principales figuras de la Liga Premier inglesa también volcaron su mirada hacia el drama de la familia Lowery.

Por ejemplo, el técnico español Pep Guardiola, que conocía la historia de Bradley desde que entrenaba al Barcelona (de hecho, le envió camiseta del club catalán), también estaba pendiente ahora que dirige al Manchester City. El alma de esa cruzada, sin embargo, se llamó Jermain Defoe, al que este episodio le cambió la vida.

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Bradley encontró en el fútbol un paliativo, un motivo para sonreír y disfrutar.

“Me contagia tu sonrisa. Me llena de energía ese brillo en tu mirada. Me infunde valor ese coraje que muestras frente a la vida. A pesar de que los doctores te han dicho que la pelea está perdida, siempre se te ve contento y lleno de vida. Eres mi héroe, Bradley. No te rindas”, le dijo Defoe cuando los médicos tiraron la toalla en esta dura batalla.

En diciembre pasado, Bradley acaparó la atención de los medios cuando la BBC, en su programa Match of the Day, le entregó el premio al Mejor gol del mes. Ocurrió la previa del partido que Sunderland perdió en casa con Chelsea (0-1): batió de tiro penalti a Asmir Begovic, suplente de los Blue, una imagen que recorrió el planeta fútbol.

Aquel día, la madre de Bradley tuiteó: “Bradley se acaba de levantar y ha visto que según ‘Match Of The Day’ marcó el gol del mes. Está como en la luna. Gracias, BBC; gracias, Sunderland”. Sin embargo, el momento más feliz de su vida fue el 26 de marzo, cuando Inglaterra se midió a la Lituania en partido de las eliminatorias al Mundial de Rusia-2018.

Defoe, que no había sido convocado los tres últimos años, ingresó al campo de primero en la fila, inclusive por delante del capitán Joe Hart, con Bradley en sus brazos. Luego, a los 21 minutos, marcó un gol después de recibir la habilitación de Raheem Sterling. Las gradas del estadio Wembley estallaron de júbilo y el delantero dedicó el tanto a su amigo.

El pasado 17 de mayo Bradley cumplió 6 años y Defoe volvió a conmoverlos a todos: en Twitter, publicó un colaje junto con Bradley, dentro y fuera del campo de juego. Y el primer fin de semana de julio la familia organizó una fiesta y el futbolista (que ahora juega en el Bournemouth) dijo presente: inclusive, se recostó un rato con él, dormido en sus brazos.

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El día más feliz de Bradley, el 26 de marzo, cuando Inglaterra se enfrentó a Lituania.

El desenlace trágico, lamentablemente, se dio el pasado viernes 7 de julio. Sin embargo, en la memoria de todos quedarán la solidaridad y el amor que tantos le brindaron al pequeño Bradley, especialmente Jermain Defoe. Estamos acostumbrados a ver a los deportistas haciendo alarde de su riqueza, de opulencia, de una caridad fingida.

El suyo es un caso distinto que demuestra de cuánto somos capaces si tenemos nobleza y generosidad en el corazón y si entendemos que el mejor negocio es servir. Defoe demostró que lo suyo es un sentimiento genuino y que es mucho lo que una figura reconocida puede hacer por los demás si encauza positivamente la credibilidad y la confianza que otros le depositaron.

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