¿Alguna vez te adueñaste de la cocina y te diste a la tarea de preparar algo para la familia? ¿Qué tal, por ejemplo, el desayuno un fin de semana? ¿O la comida del sábado por noche para sentarse en el sofá a ver una película juntos? ¿O quizás con ocasión de una fecha especial en compañía de los amigos y otros allegados? ¿Lo hiciste?

A todos, en algún momento de la vida, nos pica ese bichito, como se dice en Colombia. Sí, nos entran unas ganas incontenibles de ponernos el delantal y probar nuestras habilidades culinarias. Lo peor que puede ocurrir es que ese primer intento sea un completo fracaso, la comida se eche a perder y tengas que pedir domicilio de urgencia.

A muchos, créeme, nos ocurrió. Para algunos, fue debut y despedida: jamás se atrevieron regresar frente a la estufa y enterraron para siempre ese gran chef que creían ser. Otros, sin embargo, persistieron y lo intentaron una y otra vez, y otra vez, hasta que se les dio: prepararon algo delicioso que dejó a la familia boquiabierta y con el estómago lleno.

Cuando estaba en ese proceso, obviamente me fui por la vía más fácil: prendí el computador y busqué en Google la receta de la lasaña mixta (carne y pollo), que era lo que pretendía preparar. Seguí paso a paso las indicaciones, juiciosamente, pero no me funcionó. Y la segunda vez, tampoco; y la tercera, solo un poco; y la cuarta, ¡desistí!

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Entrar a la cocina y preparar una lasaña puede ser una experiencia apasionante y enriquecedora.

Sí, desistí, pero no de darles vuelo a mis habilidades como cocinero, sino de seguir la receta al pie de la letra. Por una razón que desconozco, no me funcionó. Entonces, un día, “mi última oportunidad” según me dije, decidí improvisar un poco. Sí, recordé algunos de los truquitos de mi mamá (gran cocinera) y los sazoné con un poco de creatividad.

¿El resultado? Por primera vez, lo que preparé quedó parecido, bastante parecido, a una lasaña de verdad. Después, motivado por este primer gran triunfo, persistí y conseguí el objetivo. Si bien prefiero comer que cocinar, hoy puedo decirte que me doy mañas en la cocina para preparar algunos platillos deliciosos, que a mis hijas les encantan.

Esta experiencia me confirmó cuál debe ser la actitud de un emprendedor novato, y la comparto con aquellos que se inician en este apasionante mundo con la ilusión de brindarle al mercado un producto que sacie su hambre. Aunque en una escala distinta, emprender es un reto apasionante tal y como lo es entrar a la cocina a preparar algo.


No hay una fórmula exacta, una receta precisa, para alcanzar el éxito. Hay, sí,
unas tareas básicas que debes aprobar para que tu negocio tenga posibilidades
de subsistir en el mercado. Sazona, mezcla, cocina a fuego lento y ¡triunfa!


La primera etapa de la puesta en marcha de un negocio demanda lo máximo del emprendedor. En lo laboral, en lo mental, en lo físico, en lo operativo. Deberás rendir al 200 por ciento por un tiempo indefinido, sacrificando descanso, tiempo de recreación o para compartir con la familia. ¿Cuánto tiempo? Eso nadie te lo puede decir a ciencia cierta.

Lo que sí puedo decirte con certeza es cuáles son las cinco tareas que debes cumplir antes de lanzarte al agua. Improvisar es el camino más corto para llegar directo al fracaso, y asumo que eso no es lo que deseas. Entonces, debes hacer como en la cocina: utilizar los recursos, aprovechar las herramientas, seguir tu instinto y prueba.

Una primera tarea es conocer el mercado al que le vas a apuntar, de manera tan profunda y detallada como sea posible. El resultado de tu investigación de mercado debe ser tal, que cuando te formulen una pregunta, la más complicada, respondas con seguridad y acierto, de manera automática, como si te hubieras aprendido de memoria la lección.

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Echando a perder se aprende: en la cocina y también en los negocios. El que persevera, triunfa.

Hay una premisa: nunca es suficiente. No creas que si reuniste cinco o diez características de ese mercado ya lo sabes todo. Ojalá sean 50 o 100 las que logres identificar y sustentar en tu investigación. ¿Por qué? Cada mercado está compuesto por una variedad de nichos distintos, con diferencias que a veces son sutiles, pero también decisivas.

Salvo que seas una de esas grandes empresas que cuenta con abundante capital y recurso humano, necesitas enfocarte en un nicho específico en el que tus recursos y tu capacidad de trabajo no se vean desbordados y, más bien, sí recompensados. Escoge solo uno para empezar, uno nada más, y después verás si puedes abarcar otros.

¿Qué es importante? La segunda tarea es identificar un problema álgido de ese mercado. ¿Hay muchas personas con sobrepeso y su prioridad es encontrar la forma de rebajar unas libras y mantenerse saludables? ¿Hay otras, principalmente mujeres, que están hartas con la vida que llevan y desean saber cómo alcanzar la libertad financiera?

No te haca falta nada

Problemas hay mil y uno, y tan variados como quieras. Pero, claro, tú no eres la persona adecuada para resolverlos todos. Esta, entonces, es la tercera tarea: debes asegurarte de que ese problema que quieres resolver esté alineado con tus dones, pasiones, sueños, conocimiento y experiencia, para aportarle a ese nicho la real y definitiva solución.

No es, como piensa mucha gente, que tú sabes cocinar y lanzas un curso sobre comida mediterránea, porque el riesgo de que te equivoques es muy grande. ¿Cómo sabes si las personas de ese mercado quieren aprender a cocinar? ¿Cómo sabes que les interesa la comida mediterránea? Eso es adivinar, y en los negocios esa es una mala estrategia.

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Tú tienes los ingredientes necesarios para preparar tu vida para el éxito y la prosperidad.

La cuarta tarea, entonces, es validar tu idea. Consiste en hacer varias pruebas en el mercado para determinar si aquello que quieres ofrecerle en verdad es de interés para esas personas. Necesitas hacer testeos en varios nichos, en diferentes rangos de edades, en grupos de poder adquisitivo disímil. Y debes probar más de una vez.

Esta labor te dará una idea real de qué quiere el mercado y cómo lo quiere. Así, entonces, podrás saber si eso que tú puedes ofrecerle, que como te dije antes debe estar alineado con tu pasión, tu conocimiento y tu experiencia, es la solución que ansían esas personas. Este proceso, que muchos omiten, te permite descartar ideas y facilita que aciertes.

Hasta que llegas a la quinta tarea, que para muchos es la primera y, por eso, sus proyectos fracasan en corto tiempo: diseñar tu producto. Una vez que conoces el mercado tan bien como sea posible, que tienes identificado plena y detalladamente el nicho que vas a atacar, que probaste tu oferta y recibiste una valiosa retroalimentación, puedes avanzar.

El éxito en los negocios, amigo mío, no es una receta de cocina. Es cierto que hay que implementar unos pasos en un orden determinado, pero también es cierto que hay un amplio campo para la creatividad, para la libertad. Un campo que, vale aclararlo, te será útil y provechoso siempre y cuando, con antelación, hayas cumplido estas cinco tareas.

Iniciar un negocio no es un juego de niños, pero tampoco es una ciencia extraña reservada para mentes superdotadas. Es un desafío apasionante que puedes superar de manera satisfactoria si aciertas en esas tareas que debes llevar a cabo en esa etapa inicial. Estoy seguro de que posees los ingredientes necesarios para triunfar: ¡aprovéchalos!