Muchas veces había escuchado aquello de que la vida cambia en un abrir y cerrar de ojos, y sabía que esa afirmación encerraba algo de verdad. Sin embargo, tuve la fortuna de comprobarlo en carne propia el pasado domingo 2 de abril, cuando en el baño de mi casa sufrí un accidente que se convirtió en una experiencia aleccionadora.

Tomaba una ducha y me resbalé, algo que a cualquiera le puede ocurrir: para tratar de amortiguar el golpe, apoyé la mano izquierda y sobre ella cayó el peso del cuerpo. Ahí descubrí qué eso de ver estrellitas, porque las vi multicolores. ¡Qué dolor tan terrible! ¿Resultado? Corra para el médico, porque temía lo peor.

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Un accidente así no puede quitarte la sonrisa por la vida.

¿Diagnóstico médico? Fractura de la muñeca de la mano izquierda, con lesión de los ligamentos. Un incidente que, más allá de ser doloroso e incómodo, me obligó a pasar por el quirófano. El médico determinó que era necesario colocar algunos tornillos, y programó la cirugía para el martes 11 de abril. Mientras, pastillas para soportar el dolor y paciencia para la incomodidad.

Temprano me levanté ese día, sin ocultar la molestia de someterme a una intervención, algo que a nadie le agrada. Por fortuna, luego de un rato, con el brazo inmovilizado y más dolor, regresé a la casa. El médico dijo que salió bien. Y fue cuando empezaron las verdaderas lecciones de vida que este incidente me dejó hasta ahora.

Lo primero que debo reconocer, con algo de rubor, es que durante toda la vida convertí mi mano izquierda en algo prácticamente inútil. Poco o nada la uso, más allá de lo estrictamente indispensable, pero ahora que no la puedo utilizar, ¡cómo la extraño, cómo la necesito! Es un recurso con el que siempre conté, pero que he subestimado.

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La mano biónica: plaquetas y tornillos para fijar los huesos.

¿A cuántos no nos pasa lo mismo en los negocios? Nos obsesionamos con un recurso, con un producto, con una estrategia (en este caso, mi mano derecha), y desperdiciamos lo que otros nos pueden ofrecer. También he aprendido que mi mano derecha es versátil, pero limitada: hay muchas tareas comunes que a ella solita se le dificultan enormemente.

Otra prueba, que corro el riesgo de perder, es la de la paciencia. ¡Qué tanta necesito para acostumbrarme a lidiar esta limitación!, que gracias a Dios es temporal. El problema es que la mente actúa como si la mano izquierda estuviera habilitada, ¡y no lo está! Entonces, actividades comunes y corrientes, de rutina, se han vuelto una tragicomedia.

La vida cambia

Ir al baño y a subirte el pantalón, por ejemplo, o ponerte los zapatos y amarrar los cordones. ¡Y trabajar! No soy muy ortodoxo en la mecanografía, pero me doy mañas para sacar provecho del teclado, eso sí, con las dos manos. Con una sola, he aprendido lo que en Colombia llamamos la ‘chuzografía’, con el dedo índice derecho como protagonista único.

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Esta experiencia me ha dejado grandes enseñanzas para la vida.

Y hay algo que a un emprendedor lo lleva a cuestionarse: depender de los demás para hacer tareas simples, cotidianas. No puedo conducir, de modo que si necesito salir de casa debo buscar alguien que maneje mi carro. En las comidas, necesito ayuda para cortar los alimentos, lo mismo que para algo tan normal como vestirme.

De esta situación he aprendido que cada día hay que valorar el aporte de los demás en nuestra vida, así sea con detalles sencillos como amarrar los cordones de tus zapatos. También confirmé (porque ya lo sabía) que necesito trabajar en ser más tolerante y paciente, porque no puedo amargarme la vida por un incidente elemental.

He descubierto, así mismo, que esa capacidad de ser recursivo, que aprendí en mis negocios, puedo trasladarla exitosamente a otros ámbitos de la vida cotidiana. Sin ese recurso, lo confieso, esta experiencia habría sido insoportable. Me las he tenido que ingeniar para no molestar tanto a mi familia, y salir airoso de algunas tareas sencillas.

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Incapacidad de 6-8 semanas, pastillas para el dolor y mucha paciencia.

Además, un hecho que me llena de satisfacción. Muchos amigos y clientes se percataron del incidente cuando subí una foto en compañía de mi familia y la de mi amigo Gus Sevilla durante una reciente visita a Walt Disney World. Y las manifestaciones de aprecio y solidaridad son verdaderamente alentadoras; me enorgullece saber que tantas personas se preocupan por mí.

Puede sonar insólito, pero le agradezco a la vida haberme puesto esta prueba. Espero superarla con creces y volver a estar pronto con mis facultades completas. Ya le prometí a mi mano izquierda reivindicarme con ella y haré mi mejor esfuerzo cada día para aprovechar los dones que me regaló la vida, sin menospreciar algunos.


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