Artistas, escritores, deportistas, empresarios o personas comunes y corrientes, de esas que brillan con luz propia, tienen algo en común. Algo que les permite superar sus límites, alcanzar sus sueños y dejar una huella.
¿Inteligencia? No. ¿Talento? No. ¿Dinero o relaciones? Tampoco. Es la mentalidad.
Si sigues mis publicaciones o asistes a mis eventos, seguramente me has escuchado decir que atribuyo entre el 80 y el 90 por ciento del éxito a la mentalidad. Sin ella, la inteligencia, el talento, el dinero y las relaciones te sirven de poco: tarde o temprano te frenas.
Las estrategias cualquiera las puede aprender. Están ahí, y solo necesitas estudiarlas, probarlas y adaptarlas a tu negocio. Lo mismo ocurre con las herramientas, los libros, los cursos y las mentorías: hay muchos, algunos muy buenos y hasta gratis.
La mentalidad, en cambio, no se vende en la farmacia ni en una tienda de internet. Tampoco la consigues con solo leer un libro o seguir a uno de esos gurús que en un abrir y cerrar de ojos se convierten en vendehúmos.
La buena noticia es que la mentalidad es una habilidad. Y eso significa que cualquier persona la puede aprender y desarrollar.
Mentalidad fija y mentalidad de crecimiento
A mediados de los 2000, la psicóloga e investigadora estadounidense Carol S. Dweck publicó Mindset: The New Psychology of Success (en español, Mindset: La actitud del éxito). Ahí condensa años de estudios sobre el papel de la mentalidad en nuestros logros.
Dweck distingue dos marcos mentales. El marco mental rígido asume que tus capacidades son innatas e inmutables. El marco mental de crecimiento entiende que pueden desarrollarse y fortalecerse.
Todos tenemos una parte de ambos; lo que varía es la proporción. Y todos conocemos a esas personas que en Colombia llamamos «cuadriculadas»: cerradas, reacias a las ideas distintas y convencidas de que su destino ya está escrito.
Suelen rendirse pronto y necesitan la aprobación de otros incluso en las situaciones más sencillas. Si solo tuviéramos un marco mental rígido, la vida sería estrellarse una y otra vez contra un muro, amargados por la terquedad, el pesimismo y la desconfianza.
La mentalidad de crecimiento, en cambio, es un camino (no un atajo) hacia el aprendizaje valioso. Aprendes por métodos formales, como la lectura, y por el a veces doloroso, pero casi siempre efectivo, ensayo y error.
La guían la curiosidad, el deseo de ir al fondo y la decisión de avanzar. Ve oportunidades, no dificultades; retos, no obstáculos; y aprendizaje en cada error.
Una persona con esta mentalidad sabe que el talento es solo un componente, y que no basta. Entiende que tiene que trabajar para conseguir lo que quiere, y hace lo necesario para lograrlo.
La actitud: donde la mentalidad se nota
Muy ligada a la mentalidad está la actitud: la capacidad de mantener el control ante lo que te sucede, sin dejar que las emociones hagan de las suyas. Eres lo que piensas, pero también eres la forma en que reaccionas a lo que te pasa.
La ciencia lo respalda. Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, publicado en 2018, encontró que los niños con una actitud positiva hacia las matemáticas tenían mejor memoria y resolvían mejor los problemas, más allá de su inteligencia.
Lo vives todos los días, casi sin darte cuenta. A alguien se le daña el día porque se le cruzó un gato negro, y a otro se le alegra con la sonrisa de su bebé. El gato no tiene la culpa. Es la actitud.
En mi experiencia acompañando emprendedores, hay cuatro actitudes que delatan una mentalidad rígida y frenan tu avance.
Hundirte en los errores. Olvidas que equivocarte es parte de ser humano y una fuente valiosa de aprendizaje. Mi consejo: equivócate tan rápido como puedas, porque así aprendes rápido y empiezas a avanzar.
Autosabotearte. Tú, tus creencias limitantes, tus miedos y tus emociones se convierten en tu principal enemigo. Muchas veces aparece como el síndrome del impostor, que te impide confiar en tus capacidades. Sé paciente y amable contigo.
Querer complacer a todos. Nadie le cae bien a todo el mundo. Basta con que seas auténtico: así conectas con las personas correctas, las que te valoran y te potencian. Aprende a decir no y a poner límites.
Ponerte límites. «No puedo aprender más», «no puedo crecer más». Son los obstáculos más difíciles de superar, porque los grabas tú mismo. Los líderes que dejan huella saben que el límite es el cielo.
La mentalidad se modela, no se copia
La mentalidad está conectada con tus principios, tus valores, tus creencias y tus experiencias, que son únicas e irrepetibles. Por eso no se puede copiar. Es una construcción personal.
No te despiertas un día diciendo «voy a tener la mentalidad de Elon Musk» y, por arte de magia, eres exitoso y multimillonario. Lo que sí puedes es modelar la mentalidad de los ganadores que admiras, siempre que la adaptes a tu caso.
Es una sumatoria: tomas algo bueno de aquí y un poco de allá, y armas el rompecabezas. Yo tomé la mentalidad emprendedora de la señora Julita, mi madre, que toda la vida se dedicó a los negocios en diferentes industrias.
De mi padre tomé su capacidad para establecer relaciones y alianzas, y de mi hermana Martha aprendí algo del arte de la negociación. ¿Ves cómo funciona?
Además, no existe una sola mentalidad. La del deportista exitoso quizá no le sirva al abogado, y la del empresario no le basta al artista. Cada área exige una mentalidad adaptada a sus exigencias.
En el caso del emprendedor, la mentalidad adecuada parte de entender que con tus dones, tu conocimiento, tus errores y tu pasión puedes construir la vida que deseas. Y, de paso, ayudar a otros a construir la suya.

El tipo de mentalidad que rige tu vida lo determinan, sobre todo, las enseñanzas y el ejemplo de tus primeros años y las experiencias que forjan tu carácter. Aun así, Dweck asegura que se puede cambiar: pasar del marco rígido al de crecimiento es posible.
Para lograrlo, primero aléjate de los ambientes y las personas que te frenan, y cuestiona tus creencias. Luego enfócate en el proceso, no en el resultado. El resultado es consecuencia directa de lo que haces en el proceso.
«La transformación está al alcance de cualquiera, sin importar la edad o la procedencia», escribe la emprendedora, autora y conferencista estadounidense LeAura Alderson. Ella convirtió su propia recuperación física en un trabajo de mentoría centrado en el servicio y el crecimiento personal.
Las claves para desarrollar una mentalidad de crecimiento
Vamos a lo práctico. Estas son las claves que he visto marcar la diferencia en los emprendedores que acompaño, y en mi propio camino desde 1998. Las primeras se trabajan por dentro.
Autoconocimiento y autenticidad. Saber quién eres, qué quieres y para qué eres bueno (y para qué no) es el primer paso. Requiere honestidad, valentía y autocrítica, sin caer en el perfeccionismo.
Además, te protege de copiar a otros. Puedes modelar lo que admiras, pero respetando tu esencia, tus principios y tus valores. Ser auténtico es tu mayor fortaleza.
Propósito. Solo conseguirás lo que deseas cuando sepas qué quieres hacer con tu vida y para qué estás en este mundo. El propósito te da la claridad para elegir el camino. Y si aún no identificas el tuyo, recuerda que el mejor negocio del mundo es servir.
Pasión. Si no disfrutas lo que haces, difícilmente lograrás lo que deseas. La pasión y la mentalidad se alimentan la una a la otra, y la pasión es el combustible que necesitas cuando el camino se pone cuesta arriba.
Confianza. Si tú no crees en ti, ¿por qué otros deberían hacerlo? Confiar en ti no es sentirte mejor que otros ni creer que ya lo sabes todo.
Es valorar tus talentos y recursos, conocer tus límites y trabajar en ellos. No es una convicción ciega ni terca, sino consciente y realista. Y también es entender que no puedes ir del punto A al punto B en un solo paso.
Autorregulación. Las emociones son traviesas y caprichosas. No puedes evitarlas, pero sí aprender a gestionarlas para no reaccionar por instinto, sobre todo en una crisis.
Implica detenerte a reflexionar sin juzgarte, buscar el equilibrio y aprender a respetar el proceso, sin caer en la tentación de los atajos.
Las otras claves se ven en lo que haces todos los días.
Automotivación. Es la capacidad de dar un poco más en los momentos difíciles y de no rendirte cuando el camino se complica. Las dificultades llegan por una razón: descúbrela y aprovéchala. Y rodéate de las personas adecuadas.
Ejecución. Es la capacidad de llevar la teoría, el conocimiento, a la práctica. Pasar del pensar al hacer. Esta es la verdadera magia de la mentalidad: lo que separa a quienes logran lo que anhelan de quienes tiran la toalla.
Te exige paciencia, perseverancia y tolerancia, porque nadie se convierte en líder de un día para otro. Es una construcción paso a paso que nunca termina.
Empatía y vocación de servicio. No eres Robinson Crusoe en una isla desierta. Necesitas relacionarte con otros sin buscar solo tu provecho, ser sensible a su realidad y saber intercambiar beneficios.
Lo que hagas carecerá de sentido si no aporta valor a otros. El emprendedor exitoso entiende que tiene la responsabilidad de compartir su conocimiento y su experiencia para ayudar a otros a transformar su vida.
Mente abierta y adaptación al cambio. Es la capacidad de aceptar opiniones distintas, explorar otros ángulos y adaptarte a un mercado que cambia sin parar. Esa flexibilidad, de pensamiento y de acción, te permite avanzar donde otros se estancan.
Lo que obtienes depende de tu mentalidad
Una mala experiencia, eso que llamamos fracaso, no es más que un punto intermedio del camino. Siempre hay más trecho por recorrer, más oportunidades y recompensas que ayudan a dejar atrás el peso de los errores.
La mentalidad de crecimiento no se hereda ni se improvisa: se construye con la práctica, en el día a día. Valora los aprendizajes diarios, disfruta los pequeños logros y gestiona tus emociones.
Y va más allá de los pensamientos positivos. Exige acciones concretas, todos los días. Lo que obtienes de la vida depende, en buena medida, de la mentalidad que rige tus decisiones.
No será un camino fácil. Pero por lo que he vivido, puedo decirte que las recompensas te dan la fuerza para continuar y construir tu legado.
Desarrollar una mentalidad de crecimiento es más sencillo cuando tienes claros los principios que guían tus decisiones de cada día.
Por eso te recomiendo descargar gratis mi libro 8 Reglas de los Emprendedores Exitosos, donde comparto las reglas que aplico desde 1998 para emprender con enfoque, disciplina y propósito.




