Uno de los obstáculos más difíciles de salvar, en la vida o en cualquier actividad a la que te dediques, es aquel de dejar atrás el pasado. A los seres humanos, absolutamente a todos, nos cuesta soltar el pasado, quizás porque es un escenario conocido en el que, a pesar de algunas experiencias negativas o dolorosas, nos sentimos cómodos. Es decir, es una zona de confort.

Vaya si lo he experimentado como persona y como sicólogo, pero especialmente como mentor de emprendedores. He lidiado con decenas de personas valiosas que, sin embargo, no consiguen avanzar, no alcanzan sus sueños, porque están ancladas en el pasado. Es una forma de manifestar el miedo al presente, a los retos y desafíos que representa el hoy, por el temor a fracasar.

Ahora, es justo y necesario decirlo, es imposible desligarnos totalmente de ese antes de nuestra vida. ¿Por qué? Porque lo que hoy somos como personas, como seres humanos, es el resultado de aquello, de lo que aprendimos en el pasado, de las experiencias que vivimos, de los aprendizajes que adquirimos. También, de allí surgen los principios, valores, creencias y sueños que tenemos.

En otras palabras, es natural, y necesario, estar atados al pasado. El problema, ¿sabes cuál es el problema? Cuando elegimos mal aquellos hechos, circunstancias, recuerdos o aprendizajes del pasado a los que nos aferramos. Cuando ese pasado se convierte en una pesada carga que nos impide avanzar, que provoca que nos estrellemos contra el mundo una y mil veces…

Tal y como lo veo cada día en el marketing, dentro y fuera de internet. Porque, claro, como cualquier otra actividad de la vida, el marketing es permeable a estos males. Nos aferramos a ese producto que hace años fue muy rentable, a esa estrategia que alguna vez funcionó, a alguna herramienta que nos sirvió mucho, a esos primeros clientes de nuestro negocio, en fin.

Lo malo de esto es que nos vuelve reacios al cambio, resistentes al cambio. Y, quizás lo sabes, la única verdad de la vida (y, claro, del marketing), es el cambio, la dinámica del cambio, la evolución. Y con esto no me refiero exclusivamente a las poderosas herramientas, a los recursos y canales que nos brinda la tecnología. Apunto, en especial, a tu mente, a tus hábitos, a tu comportamiento.

¿Esto qué quiere decir? Si me sigues de hace algún tiempo, sabrás que estoy convencido de que el 90-95 por ciento de lo que obtienes en la vida (en cualquier actividad de la vida, como el trabajo) es fruto de tu mentalidad. De aquello que piensas y en lo que crees, porque los pensamientos y las creencias determinan nuestras decisiones. Y si sigues pensando como en el pasado, ¡imagínate!

El marketing evolucionó, del cielo a la tierra, al 1.000 %, en las tres últimas décadas. Sí, el culpable de ello es internet, que cambió el mercado y, sobre todo, los hábitos, comportamientos y toma de decisiones de los consumidores. Y los empoderó, les brindó el conocimiento que requerían, los dotó de poderosas herramientas y, lo mejor, nos abrió a todos un universo de oportunidades.

Como sabes, llevo más de 25 años como emprendedor digital. Y puedo decirte, con toda la autoridad del caso, que el marketing de aquel entonces es muy distinto del actual. Te lo digo de otra manera: si hoy hiciera el mismo marketing de entonces, de finales y comienzo de siglo, no ganaría un dólar. He tenido que evolucionar, reinventarme, desarrollar habilidades, adquirir conocimientos…

De hecho, gracias a esa evolución del marketing soy, también, una persona distinta. Pero, no solo eso: siento que también soy mejor persona. Más capacitada, más analítica, más consciente, más dispuesta al aprendizaje, más convencida de su propósito. Y, además, convencido también de que en los próximos años tendré que renovarme de múltiples formas, porque el marketing cambiará.

Ahora, te invito a dar un corto paseo por la evolución del marketing. ¿Comenzamos?


marketing-vender-transformar

Marketing ya no es solo vender, sino cómo aprovechas lo que sabes para ayudar a otros.


Cuando arranqué, por allá en 1998, vivíamos la era del marketing 1.0. ¿Lo recuerdas? Su principal característica es que se centraba en el producto (o servicio), que lo era TODO. Internet apenas se hacía un lugar en nuestra vida y las estrategias de marketing se enfocaban en satisfacer las necesidades físicas y funcionales de los consumidores. Se trataba de un estilo unidireccional.

¿Eso qué quiere decir? Que el consumidor, el cliente, era un agente pasivo. Estaba ahí solo para comprar (o rechazar la compra). Además, quizás lo recuerdas, era un mercado limitado, con pocas opciones para elegir y los factores que mandaban la parada eran las características y el precio del producto o servicio. ¿Los canales? Análogos, todos: prensa, televisión, radio, volantes, revistas…

Con la irrupción de internet, el escenario cambió. Y lo hizo de manera radical, tanto en el enfoque como en las prácticas. Y, por supuesto, en las herramientas, que nos brindaron la posibilidad de llegar a donde, en el pasado, era impensable. Requirió un desaprender y volver a aprender, un reto que para muchos fue demasiado: la meteórica irrupción de la tecnología se los llevó por delante.

El objetivo de este marketing 2.0, que todavía se resiste a desaparecer, es que las marcas satisfagan las necesidades básicas y los deseos del consumidor. Es indispensable que se dé un engagement (lealtad) con las marcas, que no solo se deben preocupar por vender. En este nuevo escenario, su misión es ir más allá, preocuparse por el valor emocional que pueden generar en el consumidor.

El gran cambio es que se reconoce al consumidor como un actor del proceso y se le otorga el privilegio de interactuar con las marcas. Esto es posible, principalmente, gracias a la aparición de canales digitales como las redes sociales, primero, y las aplicaciones de mensajería instantánea, después. Es un marketing bidireccional y características y precio de producto son subordinados.

Ahora, hay que escuchar al mercado, al consumidor, conocer tanto sus necesidades como sus deseos. Y, en especial, sus motivaciones. Hay una explosión del mercado, de la competencia, y el consumidor dispone de una gran variedad de opciones para elegir. Y, dado que se siente el rey del proceso, impone sus condiciones, a veces de manera caprichosa. Una evolución disruptiva.

El marketing 3.0 llegó de la mano de la tecnología. Ya no como internet concebido como conexión a la red, sino como un universo ilimitado de recursos, herramientas y, sobre todo, oportunidades. En esta etapa, ya no basta con conectar con el consumidor e interactuar con él, sino que también hay que dar respuestas efectivas a sus necesidades y deseos. ¿La novedad? La omnicanalidad.

Sí, ya no solo eran algunas redes sociales, las páginas web o el correo electrónico, a partir de contenidos basados en textos y videos (largos), principalmente. Se diversificaron las redes sociales, aparecieron nuevos escenarios y distintos formatos (videos cortos en forma de reels o historias, audio, carruseles, infografías), además de la explosión no controlada de los influenciadores.

Además, y esto es muy importante, internet dejó de ser un terreno exclusivo de las marcas, es decir, de los vendedores, y se convirtió en el patio de recreación de los usuarios. Sí, los que en el pasado, en el siglo pasado, eran actores pasivos se transformaron en protagonistas, en creadores de contenidos. Algunos, contenido de calidad, aportando valor; la mayoría, “más de lo mismo”.

Otra novedad importante de esta etapa es el propósito: ya no es tanto lo que haces, sino por qué y para quién lo haces. Un porqué que debe estar conectado, identificado, con los principios, valores y pasiones de tu cliente. Ya no basta darle lo que necesita o quiere, sino que esta solución debe incorporar un significado adicional a través del cual tu cliente sienta que contribuye a construir un mundo mejor.

Y llegamos al marketing 4.0, en el que, sin dejar de lado lo valioso e importante de la versión 3.0, nos trae una nueva revolución tecnológica. ¿A qué me refiero? A poderosas herramientas como la inteligencia artificial, en especial en la versión de generación de contenidos; el Big data, la energía renovable, la computación cuántica, el Blockchain, el Metaverso y la robótica inteligente, entre otras.

¡OJO!: no es que la tecnología sea lo más importante. El centro, lo crucial, sigue siendo la relación de intercambio de beneficios entre seres humanos. Lo que cambia, la evolución, es que con estos nuevos juguetesla vida y el trabajo son más fáciles y placenteros. Más que nunca, el marketing 4.0 se enfoca en el ser humano, en ayudarlo a transformar su vida para bien y a cumplir sus sueños.

No vivimos la era de la tecnología, como creen algunos, sino en la era en la que, gracias a la tecnología, sus recursos y poderosas herramientas, podemos ser agentes de transformación positiva. Tal y como lo hago yo desde hace 25 años, tú también puedes transmitir lo que sabes, lo que has aprendido y has vivido, lo que otras personas necesitan para tener una vida mejor.


Lecturas recomendadas:
Deja de ser autoempleado y conviértete en un emprendedor exitoso
¿Cómo descubrí que mi profesión era empaquetar y vender mi conocimiento?
¿Sabes qué sale de ti cuando la vida te exprime? (Parábola de la naranja)