No es algo que haga conscientemente, pero es inevitable. Si vas por la calle, o estás en un lugar con mucha gente o viajas en transporte público y, casi por obligación, te ves involucrado en conversaciones ajenas. Terminas escuchando cosas que no te interesan, que no preguntaste, pero que a la larga te cuestionan, te tocan las fibras.

Los seres humanos solemos cometer el error de centrar la existencia en nuestra vida. Creemos que somos lo más importante y, aunque no les causemos mal a los demás, sí nos lo provocamos a nosotros mismos. Nos vemos demasiado en el espejo, pero muy pocas veces levantamos la mirada para observar lo que hay alrededor. Y hay de todo.

Un factor que impide que alcancemos nuestros sueños es, precisamente, que nos imponemos obstáculos. Somos geniales para encontrarle más de un problema a la solución perfecta, porque la máquina de los pensamientos negativos la tenemos muy bien aceitada. Después, sin embargo, nos preguntamos por qué fracasamos.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Alcanzar la felicidad: para eso vinimos a este mundo.

Recientemente, mientras comía con mi familia en un restaurante, escuché la conversación de dos jóvenes mujeres que estaban en una mesa cercana. Discutían las razones de sus problemas. Lo que más me sorprendió fue que aquella que debía ser la ayuda lo único que hacía era reforzar lo malo que su amiga expresaba.

Es como si uno estuviera al borde del precipicio y la voz interna le gritara “¡Tírate!”. ¡Una verdadera provocación! “Es que eres muy terca”, “Es que has cometido demasiados errores”, “Es que tu trabajo es una m…”, eran algunas de las frases que soltaba. Y la pobre víctima, cada vez más compungida, solo atinaba a asentir con la cabeza.

Por supuesto, nunca supe en qué terminó. Ni aquella conversación, ni la vida infortunada de aquella pobre mujer, que seguramente se sintió más hundida que nunca. Fue una situación incómoda que, camino de regreso a casa, me invitó a reflexionar. Y recordé la frase que alguna vez escuché en una conferencia: “Somos lo que pensamos, actuamos como pensamos”.

Me di cuenta, entonces, de cuán afortunado soy. No por el dinero que hay en mi cuenta corriente, no porque sea reconocido por mi trabajo, no porque sea un referente de mi industria. Esos son logros que nunca imaginé, que jamás me propuse, que llegaron como consecuencia de mi quehacer diario. Lo soy por la vida feliz que he podido construir.

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Las dificultades son, nada más, oportunidades.

Estoy lejos de ser alguien perfecto, eso lo tengo claro. Pero, hay muchas cosas buenas en mi vida: salud, comida, un techo cómodo, mis hijas, la compañía de mi esposa, el ejemplo de mi familia paterna, lo que aprendo de mis colegas, lo que me enseñan los clientes. Estoy rodeado de historias inspiradoras, que me motivan y me ilusionan cada día.

Inspiración

Uno de los aprendizajes más valiosos de mi trayectoria es que los obstáculos no existen: uno mismo los fabrica. Dificultades enfrentamos todos, limitaciones tenemos todos, errores cometemos todos. No hay diferencia. Lo que cambia el rumbo es cómo los sorteamos, cómo los vemos, cómo los dejamos atrás.

Conozco personas con discapacidades físicas que son increíblemente brillantes en su trabajo, porque potenciaron el intelecto. Conozco personas que no tuvieron la posibilidad de estudiar, pero que son muy valiosas en su comunidad por su capacidad de servicio. Conozco personas sin riqueza monetaria, pero con una vida feliz en función de sus seres amados.

Cuando una deja de centrar su existencia en sí mismo, cuando se da la oportunidad de ver qué hay a su alrededor, se da cuenta del tesoro que acumula. Y se da cuenta, sobre todo, del daño provocado por sus pensamientos negativos, por su manía de elevar obstáculos donde no los hay. Y solo hay una opción viable: reaccionar, espabilar, sacudirse.

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Cuando algo vaya mal, mira la felicidad a tu alrededor.

Los obstáculos, amigo mío, no son una excusa. Si te tocó recorrer un camino difícil y complicado, aprieta los dientes, aférrate a tus virtudes y no retrocedas ni para tomar impulso. Que si te detienes, solo sea para tomar un respiro y volver a marchar con más ganas, con más fuerza, con más convicción, con mayor determinación, con toda tu pasión.

Cuando algo vaya mal, mírate en el espejo y verás la razón de tus problemas. Cuando algo vaya bien, aléjate del espejo y sal a comprobar cuán afortunado eres, en muchos sentidos. Recuerda que cuando alcanzas la cima, la mayor satisfacción es volver la vista atrás y ver la cantidad de obstáculos y dificultados que superaste. Ese es el verdadero éxito…


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