En la niñez, todos, absolutamente todos, soñamos con una vida feliz. Es decir, anhelamos que la felicidad de esa época se extienda hasta el último de nuestros días en este mundo. Y soñamos con ser abogados, médicos, ingenieros, pilotos de avión o artistas. Luego, con el paso del tiempo, al volver la vista atrás y ver el camino recorrido, vemos que la vida nos llevó por rumbos distintos.

Proveniente de una familia de empresarios por parte de mi madre, la señora Julita (en aquel entonces, el término emprendedor no se usaba), pensé que iba a ser un hombre de negocios. En la adolescencia, sin embargo, encontré algo que cambió mi por cuenta de algo que me produjo una gran fascinación: el computador. Entonces, decidí que quería ser ingeniero electrónico.

Y me inscribí en esa carrera, lleno de ilusiones, soñando con desarrollar proyectos que cambiaran y mejoraran el mundo. Al cabo de tres semestres, me di cuenta de que no quería pasar el resto de mi vida armando y desarmando computadoras, o programando con códigos. Entonces, di un salto, un gran salto, hacia la Psicología, una de las ciencias sociales. Parecía un atrevido salto al vacío.

Pero no lo fue. Cambié los discos duros, los códigos y los teclados por el estudio del comportamiento humano, las emociones y el cerebro, ese poderoso, fascinante e impredecible órgano, y hallé el que pensé iba a ser mi lugar en el mundo. Y así fue durante unos años en los que tuve el privilegio de ayudar a muchas personas, pero no pasó de ser un sueño efímero.

¿Por qué? Porque, si bien amo la Psicología y cómo es posible ayudar a otros, la pasión y el nivel de los ingresos iban en contravía. Mi vida, en lo laboral, lo personal y lo económico, era inestable, algo muy parecido a una montaña rusa. Y con más de 30 años y muchos sueños por cumplir, el margen de error se redujo y llegué a una situación límite. Fue, entonces, cuando di un giro radical.

Hoy, quizás lo sabes, soy experto en marketing digital, en estrategias, en generación de contenidos y en ayudar a otros a cumplir sus sueños y a transformar su vida a través de la transformación de sus negocios, empresas o emprendimientos, dentro o fuera de internet. Y soy feliz, muy feliz: hallé el propósito de mi vida y lo disfruto al máximo. No era el camino pensado, sí el final esperado.

La vida, caprichosa y traviesa, nos lleva por caminos insondables. Que a veces se nos antojan errados porque nos cuesta trabajo captar que se trata, tan solo, de una parte del proceso, de una escala. No es el final del camino, no llegamos al destino. Solo nos preparamos para cuando la vida misma nos ponga donde debemos estar, en el lugar para cumplir la misión que nos encomendaron.

Karim Raymond, hija de padre haitiano y madre colombiana, vivió una niñez en la que tuvo que lidiar con el acoso de sus compañeros del colegio. Era “la distinta”, por su estatura, por el color de su piel y por el tamaño de sus pies (“Soy talla 11”, explica). Confesó que no la dejaban vestirse como niña, “porque era muy grande”, y lucía ropa de niño, por lo que “anhelaba ser invisible”.

Era una situación insoportable, al punto que debió ingeniárselas para crear barreras. Yo no quería que nadie hablara ni de mi pelo, ni de mi altura. Entonces, generé una cantidad de estructuras de mi personalidad que me permitieran ser invisible. Durante mucho tiempo, para mí la estrategia número uno en mi vida era ser invisible”. Lo increíble es que funcionó, por un tiempo funcionó.

“El único lugar donde siempre me sentí muy cómoda, donde podía ser yo, era el deporte, el voleibol”, relató. Karim llegó al más alto nivel competitivo, al punto que, en una época en para la mayoría ir a estudiar a los EE. UU. era casi una utopía, ella logró una beca.  “Estudié una carrera científica y mi plan de vida preferido era estar en un laboratorio con música clásica mirando en el microscopio”.

El problema surgió cuando intentó dar el salto al competitivo ámbito profesional. “Vivía en un país que no era el mío, no tenía contactos y no tenía referencias ya salir al mundo laboral”. Por primera vez, entendió el significado real del concepto de marca personal y cómo es importante y relevante para sobresalir en el mercado. Fue, entonces, cuando la vida, caprichosa y traviesa, le indició cuál era el camino.

Consiguió el que consideraba era “un buen trabajo” en su especialidad, pero después de varios años desempeñándolo se dio cuenta de que no la satisfacía. Una encrucijada que la llevó a cuestionarse, a pensar en serio si ese era el camino que quería seguir el resto de su vida. Había algo que no encajaba, había algo que faltaba, y era el momento adecuado para tomar correctivos.

Decidí tomar un riesgo invertir en mi propia marca personal y descubrí que yo misma era mi mayor activo. En tan solo 6 meses, mi vida dio un giro de 180 grados y grandes compañías comenzaron a interesarse en mí”, confesó durante una charla que dio hace algunas semanas en el Círculo Interno, mi comunidad privada de emprendedores. Fue un rato muy enriquecedor.

Corría el año 2010 y vino a Colombia por una temporada. “Me di cuenta de que tanto aquí como en Latinoamérica nadie, o casi nadie, hablaba de marca personal. Vi que había una oportunidad de desarrollo profesional y me dediqué a hablar del tema. Lo irónico era que se había formado en una profesión en la que la interacción con otras personas es muy limitada, pero logró posicionarse de una manera muy diferente.


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Experta en el tema de marca personal, ahora Karim Raymond se enfoca ahora en algo más profundo: el liderazgo.


Mi conocimiento, experiencia y pasión me llevaron a escribir el libro ‘Usa tu derecho a presumir’, en el que comparto estrategias prácticas para construir una marca personal de alto impacto que te permita diferenciarte como líder”, agregó. Su intención es “motivar a la gente para que entienda que cada uno es encarna un mensaje y que es un mensaje poderoso que necesitan otras personas”.

Karim ha ayudado a miles de líderes empresariales y altos ejecutivos de Latinoamérica y Estados Unidos a ser pioneros de su industria. “Son personas que no solo venden productos o servicios, sino que también inspiran confianza, construyen relaciones sólidas y se destacan en un mercado saturado”, afirmó. “Se trata de descubrir ese mensaje que tengo dentro de mí y cómo lo puedo procesar y luego compartir para ayudar a otros”.

El punto de partida de Karim fue la marca personal, pero en el transcurso del viaje se dio cuenta de que ese no era el techo, de que había algo más. Fue, entonces, cuando tomó un camino distinto, el del liderazgo, al que define como “la nueva marca personal”. Liderazgo entendido como “el impacto de lo que hago, la huella que mis acciones producen en la vida de otras personas”.

¿Por qué se dio esa transformación? Empecé a observar que, si bien lo que hacía producía buenos resultados, desde el punto de vista personal había un grado de insatisfacción. ¿Por qué? Porque las personas con las que trabajaba perdían el impulso muy rápido. Sí, tenían resultados, era parte de proyectos superlindos, pero después de unos meses no hacían nada más”, explicó.

Descubrió que, aunque eran personas muy exitosas, cabezas de equipos que lograban resultados sobresalientes, había algo que no les permitía mostrar lo que habían logrado en su vida, en su profesión. “Me di cuenta de que por el síndrome del impostor no podían darse a conocer y vi que necesitaba enfocarme en algo diferente, más profundo que la marca personal: el liderazgo”, relató.

¿Cómo medir ese liderazgo, ese impacto? Karim nos propone el Espiral Marca Personal de Alto Impacto:

Nivel 0 – Esa persona es desconocida por el mercado, no ejerce influencia alguna hoy

Nivel 1 – Es una persona irrelevante, una más de la masa del mercado, sin un mensaje claro

Nivel 2 – Es una persona visible que ya obtiene algunos resultados, nada destacado

Nivel 3 – Es un líder que ha tenido la capacidad de crear una tribu y ya tiene algún impacto

Nivel 4 – Es una autoridad reconocida a partir de la publicación de un libro

Nivel 5 – Se transforma en una celebridad, con presencia en los medios y el poder de establecer alianzas estratégicas con otros actores valiosos del mercado

Nivel 6 – Su impacto es global y logra trascender, deja un legado para próximas generaciones

Karim entendió que la etapa de enseñar sobre marca personal había llegado a su fin, entre otras razones porque “en internet hay gran cantidad de información sobre el tema”. Cambió el enfoque y ahora se dedica a “invitar a las personas a enfocarse en cómo pueden transformar a quienes están en su entorno a partir de convencimiento de lo que haces, algo que va más allá de las palabras”.

Como ves, mi caso y el de Karim Raymond son excelentes ejemplos de cómo la vida nos lleva de la mano y nos indica cuál es el camino correcto a través del cual podemos cumplir con el propósito por el cual llegamos a este mundo. No es un camino lineal, recto o plano, sino una montaña rusa con subidas, bajadas, curvas riesgosas y, sobre todo, intempestivos cambios de rumbo.

Lo importante es que, tal y como lo hice yo, como lo hace Karim Raymond, encuentres el camino que te permita cumplir con la misión que te fue asignada. Y, en especial, que hagas uso de lo que la vida te da, tu conocimiento, tus experiencias, el aprendizaje de tus errores, tus dones y talentos, para sacar a relucir tu liderazgo, para dejar huella en la vida de otros y forjar un legado.

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