“El tiempo vuela” o, al menos, eso es lo que creemos. Aunque todos los días tienen 24 horas, 1.440 minutos y 86.400 segundos, cada vez con más frecuencia creemos que este tiempo es insuficiente. Y eso que en este frenético mundo moderno vivimos a las carreras, con prisa y sin pausa, y casi ni nos damos tiempo de disfrutar la vida, de compartir con otros, de hacer lo que más nos gusta.

Es una situación incómoda que, si llega a salirse de las manos, puede provocarnos un colapso. Son tantas y tan variadas las responsabilidades que asumimos, tantas y tan variadas las tareas que es necesario llevar a cabo, tantos y tan variados los compromisos adquiridos, que esas 24 horas se antojan como un albur. Entonces, nuestra vida se convierte en algo similar a un atasco de tráfico.

El problema es que nos involucramos en esta loca carrera de manera inconsciente y cuando nos damos cuenta no solo tenemos que lidiar con las consecuencias, que siempre son negativas, sino que además es difícil dar marcha atrás. Y más grave aún es cuando ese frenético ritmo se manifiesta en todas las facetas de nuestra vida: la personal, la sentimental, la laboral o el ocio.

Una de las circunstancias positivas de lo que hemos vivido en los últimos meses, desde que el coronavirus nos alteró el ritmo de vida, la rutina diaria y nos cambió las prioridades, es que también redundó en bajar la velocidad. No uno, sino dos y hasta tres cambios. Confinados en casa, limitados para salir con libertad, tuvimos que acostumbrarnos a vivir de una manera sosegada.

Para mí, este ha sido no solo un gran aprendizaje, sino también un escenario ideal para trabajar mejor, para disfrutar más lo que hago y, lo más importante, para estar más tiempo con mis hijas. Y quiero aclarar que no es que haga más, sino que lo hago mejor. Estoy más organizado, evacúo más tareas y, en suma, soy más productivo. Además, mi salud lo agradece: me desgasto menos.

En los últimos tiempos, nos quieren vender la idea de que la solución a los problemas de quienes hacemos negocios, dentro o fuera de internet, es la automatización. “Pon tu negocio en piloto automático y, mientras él trabajo por ti, dedícate a disfrutar la vida”, es la premisa. Por supuesto, si eres emprendedor sabes que eso no es cierto, que es tan solo una treta de los vendehúmo.

Si la falta de tiempo o el exceso de tareas (como lo quieras ver) es uno de tus problemas, antes de caer en las redes de quienes nada te van a resolver es conveniente que identifiques el origen del mal. Y este, amigo mío, está en casa, es un viejo conocido: ¡eres tú! Lo primero es establecer qué haces, cómo lo haces, cuánto tiempo requieres para terminarlo y, claro está, los resultados.

Este pequeño examen seguramente te llevará a una conclusión que parece obvia, pero no lo es: te enfocas más en lo urgente que en lo importante, asumes tareas que bien podrías delegar y, lo más probable, careces de un plan específico de trabajo. Si sufres por alguna de esta tres razones, ya tu día es un caos, pero si eres de quienes padecen los tres males requieres cambiar de inmediato.

El concepto que los emprendedores debemos aprender y poner en práctica es que no se trata de hacer más, sino de hacerlo mejor. Por ejemplo, y es algo que seguramente me escuchaste decir si sigues con atención el contenido de valor que publico en mis canales digitales o asististe alguna vez a una charla presencial o virtual, solo hay dos tareas de mi negocio que no puedo transferir.

¿Sabes cuáles son? El marketing y las finanzas. Nadie mejor que yo conoce mi negocio, mis clientes y sus necesidades. Nadie mejor que yo sabe cuáles son las estrategias efectivas, cuáles son los mensajes adecuados para nutrirlos de valor, educarlos y entretenerlos. Nadie mejor que yo para diseñar los embudos de marketing y los sistemas que me permitan alcanzar los objetivos trazados.

Por esas razones (te podría dar algunas más, pero sé que estas son suficientes), no delego las labores de marketing de mi negocio. En cuanto al dinero, si bien no me las sé todas y alguna que otra vez cometí un error o incurrí en un exceso, siempre supe manejar mis finanzas de una manera sana. Y como acredito más de veinte años en el mercado, he aprendido muchos de los secretos.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Pulsar el botón de automático y dedicarte a disfrutar la vida es una idea irreal de ser emprendedor.


Aunque el tiempo vuela y nos sentimos que las 24 horas de cada día son insuficientes, ser más productivo no se trata de hacer más, sino de hacerlo mejor. Te comparto siete hábitos que me ayudan a conseguir mejores resultados sin correr el riesgo de que se ‘funda la máquina’.


El resto, en cambio, estoy dispuesto a delegarlo, a dejarlo en cabeza de una persona que me brinde confianza y resultados (esas dos condiciones no son negociables). Por ejemplo, durante muchos años fue el gestor de mi propio contenido, pero hoy esa tarea está en manos de un periodista con el que hemos conformado un buen equipo y que satisface mis expectativas.

Lo mismo ocurre con la gestión de mis redes sociales. El tiempo que les dedicaba a esas labores hoy lo ocupo en mi marketing, en el diseño y la implementación de mis campañas, en preparar mis charlas de mentoría y mis cursos, en atender a mis clientes. No solo lo disfruto, porque es lo que más me gusta de mi trabajo, sino que así, además, obtengo los resultados positivos que deseo.

¿Y el piloto automático?, te preguntarás. También está activado. Son varias las tareas que ruedan gracias a las poderosas herramientas con que cuento. Sin embargo, y esto es lo que no te dicen los vendehúmo, esa automatización implica un trabajo de planificación, de producción del contenido y de programación de las funciones. No es solo pulsar un botón: este es solo el último paso.

Lo mejor, ¿sabes qué es lo mejor? Que tú o cualquier persona puede lograrlo. Solo debes aprender a gestionar tu tiempo de la manera adecuada y, en especial, adquirir los hábitos que te permitan ser más organizado y más productivo. Te comparto siete de los que yo utilizo, pero entiende que se trata de un proceso, que los beneficios no se darán de la noche a la mañana. Veamos:

1.- Suelta. Pretender asumir todas las tareas es una necedad y denota que no confías en otras personas. Todos necesitamos de los demás. Delega aquello que no sea “lo imprescindible”

2.- Confía. De nada te vale ceder algunas tareas si no confías en esas personas y todo el tiempo estás encima de ellas. Si son profesionales, si son idóneas, seguro te ofrecerán buenos resultados

3.- Planifica. La improvisación es el peor enemigo de un emprendedor. Diseña y ejecuta un plan para el día, la semana, el mes y, de ser posible, para el año. Enfócate, además, en ir paso a paso

4.- Termina. Uno de los problemas a los que nos enfrentamos a diario es que no concluimos las tareas que emprendemos y ya comenzamos con otra. Te sorprenderán los beneficios que logras

5.- Di que no. Aprender a decir “no me puedo comprometer”, “en este momento no me es posible ayudarte” es una forma de respetar a tu cliente y de evitar desbordar tu capacidad. Di que no

6.- Toma pausas. Levantarte del escritorio al menos cada hora y media es saludable, tanto para la mente como para el cuerpo. Bebe líquidos, come bien, despeja la mente y producirás más y mejor

7.- Ten vida propia. La clave de la productividad radica en entender que la vida no es solo trabajo. Ve de paseo, sal con los amigos, duerme, practica algún deporte, cocina, ¡haz lo que más te gusta!

“El tiempo vuela”, es cierto, pero no por ello nuestra vida tiene que ser una carrera constante, que nos desgasta física y mentalmente, que nos agota y evita que podamos cumplir con los objetivos propuestos. Y, por favor, entiende que no hay que automatizar el ciento por ciento de tu negocio e irte de paseo. Ser más productivo es un hábito, el resultado de lo que haces y de cómo lo haces.


Contenido relacionado:
Los 10 hábitos que te ayudarán a ser exitoso
Los 5 hábitos que te convertirán en un ganador
10 hábitos que te ayudarán a lograr lo que deseas