Cuando vi la noticia, me conmocionó. No voy a irme al extremo de decir que lo sentí como la pérdida de un ser querido, porque afortunadamente no es así, pero sí tengo que decir que siento como si una parte de mí se hubiera ido, como si me la hubieran arrancado. Me refiero a la desaparición del portal web de Terra, ícono de internet durante dos décadas.

Es que Terra, el portal de contenidos de Telefónica de España, dio sus primeros pasos más o menos en los mismos días en los que yo andaba me iniciaba en los negocios en internet. Yo arranqué en 1998 y Terra lo hizo al año siguiente, por lo que puedo decir que somos contemporáneos. Hoy, sin embargo, dijo adiós, adiós definitivo.

A las 11:59 de la noche del pasado viernes 30 de junio, Terra expiró para siempre. Sus servicios web fueron desconectados definitivamente y con esa acción su historia pasó a engrosar el baúl de los recuerdos, junto con otros gigantes online que corrieron suerte parecida como Yahoo! o Lycos. Otro de los ‘dinosaurios’ se extinguió.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

El anuncio oficial de la compañía a sus usuarios: ya no había reversa y el histórico portal dijo adiós.

A finales de los 90, cuando internet irrumpía con fuerza en os hogares, cuando casi no existían planes de afiliación y los que había eran costosos, cuando las conexiones se realizaban vía telefónica (a través de la línea del servicio fijo), Terra entró pisando duro. La mayoría de los servicios conocidos eran en inglés, pero este era en español.

Esa característica, por supuesto, despertó la simpatía de los usuarios en España y toda Latinoamérica. La primera versión, que hoy se nos antoja arcaica, era propia de la época: un menú (índice) con diferentes ofertas de información. El diseño, que hoy es una premisa, estaba subordinado por el contenido, la gran apuesta para conquistar al público.

Más que artículos y notas periodísticas como tenemos hoy, lo que se ofrecían eran enlaces a diferentes páginas web, muchas de ellas de carácter oficial. Se trataba de que la gente conociera lo que hacían, por ejemplo, los ministerios, los museos y bibliotecas o las universidades. Lo demás era puro entretenimiento: música, deportes, turismo y ocio.

Prácticamente no había imágenes –mucho menos videos– y las informaciones eran cortas. Más allá de esos contenidos, el atractivo para el usuario eran los servicios adyacentes que se ofrecían, especialmente las cuentas de correo y el chat, una arcaica versión del actual Whatsapp. Eso, sin embargo, fue suficiente para encantar a millones de internautas.

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La imagen que el portal de Terra ofrecía a los usuarios el pasado 30 de junio, su ultimo día.

En Colombia, Terra se adueñó de una importante tajada del mercado gracias a una jugada estratégica exitosa: durante varios años proveyó el contenido del portal de El Tiempo, el principal diario del país. Eso, por supuesto, le permitió llegar a los hogares de los millones de lectores del periódico y le ahorró costos y tiempo en su intención por posicionarse.

La alianza, sin embargo, no duró mucho. Los directivos de El Tiempo entendieron que tenían un diamante en bruto en sus manos y, tan pronto como el contrato con Terra expiró, decidieron no prorrogarlo. Montaron una estructura propia para generar contenido, con periodistas de su planta, aunque el cabezote de Terra siguió apareciendo en la web.

No supo adaptarse

La apuesta de Terra en esa primera década del siglo XXI estaba enfocada claramente en el público joven, aquellas audiencias que en un corto período debían convertirse en los clientes del presente. Si bien esa estrategia funcionó en un comienzo, con el paso del tiempo se transformó en su primer obstáculo de consolidación, en su espada de Damocles.

Si lo recuerdas, los años 2000 fueron los de la gran explosión de oferta de internet, con increíbles cifras de crecimiento de ofertas. Se abrieron millones de páginas web, pero muchas de ellas, muchísimas, desaparecieron al poco tiempo. ¿Por qué? Porque el modelo de negocio que las soportaba no era firme, no era sostenible en el tiempo.

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Así era la versión inicial de Terra.com a finales de la década de los años 90.

Con el surgimiento de Hotmail y de Gmail, principalmente, Terra pasó de ser el líder del mercado (al menos en Iberoamérica) a un competidor más, de segundo nivel. Su gran fortaleza, que era el servicio de correo electrónico, quedó relegado por los gigantes que le dieron al público un mejor servicio. Fue, sin duda, un duro golpe para el portal español.

A la par, Terra fue incapaz de generar contenido que satisficiera las expectativas de las nuevas audiencias. Cuando los principales medios de comunicación de Latinoamérica entraron por la puerta grande a la web, con sus amplias, experimentadas y connotadas plantillas de periodistas profesionales, Terra quedó como un competidor amateur.

En Colombia, pero también en el resto de países donde tenía presencia, Terra apostó por plantillas conformadas por jóvenes sin experiencia en los medios y, lo más importante, sin la credibilidad necesaria para competir con las marcas establecidas que sí estaban en capacidad de brindarle confianza al usuario. Poco a poco, entonces, se quedó sin lectores.

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Las cuentas de correo le dieron a Terra la posibilidad de posicionarse en el mercado latino.

Si bien a comienzos de los 2000 hablar de Terra era muy común, cuando el calendario llegó a la actual década su nombre prácticamente había desaparecido del vocabulario de los internautas. La matriz, entonces, intentó lo desesperado: puso en marcha un plan para relanzar el portal con una apuesta que no dio resultados: los contenidos en directo.

Como decían las abuelas, el remedio resultó peor que la enfermedad. En pocos meses, Telefónica se dio cuenta de que al mercado no le había agradado su nueva propuesta, que había demandado una elevada inversión. Entonces, comenzó a vislumbrarse el final de este portal, que en todo caso se resistió a desaparecer sin antes dar la pelea.

El golpe de gracia, Terra lo sufrió con la irrupción de las redes sociales. Con esa interacción inmediata, sin haber podido evolucionar en su modelo de negocio, quedó literalmente obsoleto. Y ya no hubo remedio: la única salida era aplicarle los santos óleos y recordar con gratitud a uno de los pioneros del internet en español.

El último día del pasado mes de junio marcó el fin de una era. Salieron del aire los portales de Terra en España, Argentina, Chile, Colombia, México, Estados Unidos, Perú, Venezuela y Ecuador. El único que continuará activo (quién sabe por cuánto tiempo) es el de Brasil. Otros servicios digitales se mantendrán mientras los convenios con operadores locales están vigentes.

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Terra cerró en España, Argentina, Chile, Colombia, México, EE. UU., Perú, Venezuela y Ecuador.

De esta historia, que algunos no dudarán en definir como ‘otra crónica de una muerte anunciada’, me quedan grandes lecciones que comparto contigo, amigo emprendedor, para que evites transitar por el mismo camino. Recuerda: estamos hablando de uno de los precursores de internet, de un gigante de la prehistoria de la red. Vamos, pues:

1) Nadie es eterno: la historia de Terra me recuerda el estribillo de una famosa canción: “Nadie es eterno en el mundo”. Ni en el mundo, ni en la red. Lo que hiciste ayer no sirve, si lo que haces hoy no es lo correcto. Cada día, todos los días, debes ganarte la confianza y la credibilidad de tus clientes y usuarios. Esa norma está vigente, no se extingue.

2) El que no cambia, pierde: a mi juicio, el grave error de Terra es que no evolucionó. Su modelo de negocio fue prácticamente el mismo a lo largo de 18 años. No supo adaptarse a las nuevas audiencias y tampoco supo competir con contenido de calidad con los portales de los medios de comunicación. Nació y se quedó en la era de los dinosaurios.

3) El cliente, la prioridad: si bien en un comienzo, por la novedad, Terra logró una fuerte conexión con los usuarios, después perdió peso y pasó a segundo plano. No poder satisfacer las demandas de los clientes, sus expectativas de información y entretenimiento, fue un obstáculo imposible de superar. La competencia se lo devoró, literalmente.


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