Una de las realidades más difíciles de acepta para quienes se atreven a convertirse en emprendedores es aquella de que “hay que respetar el proceso”. Quizás porque vivimos la era de la inmediatez gracias a las bondades de las comunicaciones, los seres humanos queremos que todo se dé ya, a corto plazo. Y esta, amigo mío, es una tendencia muy peligrosa en los negocios.

No importa a qué te dediques o cuánto sepas, necesitas “respetar el proceso”. No es un capricho, sino la sabiduría de la vida y hay que aceptarla como tal. Por ejemplo, hay un largo tiempo entre la fecundación y el nacimiento de un ser humano: 9 meses. Que son un suspiro si lo piensas bien, pero que para esa pareja que va a agrandar la familia puede llegar a ser toda una eternidad.

Más allá de su ansiedad, de su deseo de tener ya entre sus brazos a ese bebé y comenzar a darle su amor saben que no pueden acelerar el proceso. Tienen que respetarlo, porque además es algo que se escapa de su control. Y no solo eso: deben cuidar los detalles para que ese ser humano que está en formación pueda nacer sin problemas, con buena salud y en un ambiente propicio.

En los negocios, que son simplemente un espejo de la vida, sucede igual. Hay un proceso para crear tu empresa, tu negocio, para cumplir con los trámites legales, montar la web, diseñar e implementar el producto o servicio que vas a ofrecer y establecer las estrategias de marketing. Estas y otras tantas tareas requeridas, por supuesto, no las puedes cumplir de un día para otro.

Cuando vuelvo la vista atrás y recuerdo la época en la que comencé a trabajar en internet, por allá en 1995, no puedo creer todo lo que hacía. Las condiciones eran limitadísimas porque la tecnología era precaria, porque las herramientas eran poco menos que un dinosaurio. Entonces, no había más remedio que armarse de paciencia, que respetar el proceso. No había alternativa.

Sin embargo, más allá de las dificultades que enfrenté (que no fueron pocas), de los errores que cometí (que fueron muchos), de los fracasos que acumulé hoy no puede sentir más que satisfacción y gratitud con la vida. ¿Por qué? Porque esas dificultades, esos errores y esos fracasos fueron, precisamente, lo que me curtieron la piel, lo que forjaron en mí un emprendedor valioso.

Y cuando digo valioso no me refiero a cuánto dinero tengo en el banco, a cuántos premios he recibido, a cuán reconocido soy. Más bien, a la bendición de aprovechar mis dones y mis talentos y trabajar en lo que me gusta, al privilegio de poder ayudar a otros a cumplir sus sueños y a construir una vida mejor, a la satisfacción de saber que cumplí mis sueños y mi propósito de vida.

Y eso es, precisamente, lo que trato de trasmitir a quienes, como tú, me dan la oportunidad de compartirles mi conocimiento y mi experiencia, mi pasión. Lo puedo hacer gracias a que aprendí a respetar el proceso, a valorar y aprovechar las etapas, a ir paso a paso. En ese camino, hubo diez estrategias que me ayudaron a lograr lo que quería y las comparto contigo por si te pueden servir:

1.- Lo bueno de la vida toma su tiempo. Hay una frase que suelo repetir en mis presentaciones y que me gusta mucho porque es poderosa: “Roma no se construyó en un día”. Recuerda: antes de nacer, estás 9 meses en el vientre de tu madre. El resultado de lo que emprendes no puede estar sujeto a la rapidez con que consigues los resultados, sino en el beneficio. ¡Sé paciente!


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

La vida y los negocios no son una línea recta, un paso directo del punto A al punto B.


Nada de lo bueno que la vida tiene reservado para ti es rápido o se da de la noche a la mañana. La clave del éxito, la abundancia y la prosperidad radica en aprender a valorar y, sobre todo, a respetar el proceso. Te comparto diez estrategias que a mí me dieron buenos resultados.


2.- Los errores son la mayor fuente de aprendizaje. Las equivocaciones, lo mismo que las dificultades, son inevitables. Sin embargo, no son inútiles: siempre encierran alguna poderosa lección que, si la incorporamos y la aprovechamos, será valiosa. No te preocupes por los errores que cometes, sino por seguir como si nada: tarde o temprano requerirás el aprendizaje.

3.- Cada día es una historia distinta. Lo que sucedió ayer está en el pasado y no lo puedes cambiar. En cambio, sí puedes aprender sus lecciones, puedes evitar repetir ese error. Un mal día no es más que eso: no es un fracaso. Un buen día no es el final: es simplemente un paso adelante. Solo si eres capaz de entender esto podrás aprovechar cada día como una oportunidad única.

4.- En tu zona de confort no crecerás. La vida no es fácil, pero tampoco tiene por qué serlo. Así, entonces, quedarte en tu zona de confort para “evitar problemas” es un grave error que vas a pagar tarde o temprano. Fuera de ella está lo bueno de la vida, están los retos, los triunfos, las satisfacciones, las personas valiosas, las mejores oportunidades y las mayores recompensas.

5.- Tú decides tu destino. No hay un libreto escrito de antemano, no hay designios de los astros, no hay un camino prestablecido. Todo lo que sucede en tu vida, absolutamente todo, lo positivo o lo negativo, lo bueno o lo malo, responde a la ley de causalidad: es el efecto directo de lo que haces, de cómo lo haces, de las decisiones que adoptas y, fundamentalmente, de tus acciones.

6.- Tú eres tu prioridad. Este, sin duda, es uno de los aprendizajes más complicados para un emprendedor, que por lo general antepone el trabajo y el dinero a lo que realmente mayor valor tiene en su vida: su familia y él mismo. Cuídate, prémiate, consiéntete, poténciate, trabaja para convertirte en tu mejor versión. Ser tu prioridad no es egoísmo: es una decisión inteligente.

7.- Sé como el ave Fénix. Quizás sabes que no me agrada ese popular concepto de “reinvéntate”. Prefiero otros como “levántate y sigue adelante”, “un día sin aprendizaje es un día perdido” o “el único fracaso real es que te rindas”. Sé como el ave Fénix: resurge de tus propias cenizas. El éxito es un privilegio reservado para quienes son perseverantes y no renuncian a sus sueños.

8.- Lo tienes todo para triunfar. Y no solo para eso, sino también para ser feliz, exitoso y abundante. La cuestión es ¿sabes lo que tienes? ¿Lo aprovechas? ¿Lo enriqueces a través del conocimiento y el desarrollo de habilidades? Nada de lo que la vida te dio carece de sentido: todo tiene un propósito y nuestra tarea es saber cuál es y ponerlo al servicio de los demás.

9.- Vive tu propia vida. Olvídate de lo que otros piensan y opinan de ti: eso no te define, de ninguna manera. Haz oídos sordos a las críticas necias y destructivas y valora las constructivas que te ayudan a ser tu mejor versión. Vida solo hay una, así que no la desperdicies: vívela como a ti te gusta, siempre con toda la intensidad, como si cada día fuera el primero y también, el último.

10.- Valora el proceso y agradécelo. El éxito, la abundancia, la prosperidad y la tranquilidad son la consecuencia de tu gratitud. En la medida en que valores y aproveches lo que la vida te da, en que trabajes para potenciarlo y, sobre todo, que lo compartas generosamente con otros regresa a ti multiplicado en bendiciones y beneficios. Lo que no se comparte, amigo mío, no se disfruta.

No hay libretos perfectos, ni fórmulas mágicas. En la vida y en el marketing se hace camino al andar o, como me gusta decirlo, el avión lo construyes mientras lo vas volando. Tienes que diseñar tu propio plan, debes crear tus propias estrategias. Lo que sí puedes hacer es modelar lo que hemos hecho quienes ya estamos donde tú quieres estar, que ya logramos lo que tú deseas.


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