A mediados de los años 90, el mundo cambió para siempre. Ya no es, ni volverá a ser, el mismo de antes, el que habíamos conocido. La llegada de la revolución digital nos puso en un fascinante y desconocido escenario, un universo lleno de oportunidades. Sin embargo, 25 años más tarde, hay todavía quienes no entienden lo que sucedió, todavía hay quienes no consiguen adaptarse.

Lo primero que hay que decir es que no fue un cambio fácil de asimilar. Se produjo de un día para otro, sin tiempo de reacción. Aunque durante mucho tiempo hablamos de un futuro digital, de una era dominada por las máquinas, cuando este tiempo llegó resultó que no estábamos preparados. Y hubo que recomenzar, de cero y un poco más atrás, y en esas andamos todavía.

Y las innovaciones llovieron sobre nosotros, literalmente. Apenas nos adaptábamos a una cuando ya nos caía encima la otra, y vuelva a comenzar: desaprenda y vuelva a aprender. Todo a un ritmo frenético, sin respiro. Por eso, quizás, hay tantas personas que no consiguen entender lo que en realidad significa la revolución digital, que no es la hegemonía de las máquinas sobre los humanos.

No todavía, por lo menos. Ese concepto sigue siendo un privilegio de la ciencia ficción. Porque la realidad de la revolución digital, de la transformación tecnológica, es diferente. A veces, para definir algo resulta más fácil decir qué NO es, y este es uno de esos casos. Prepárate, porque es probable que se derrumben algunos mitos, que algunas de tus creencias se conmocionen.

Ser digital NO es utilizar aparatos o dispositivos digitales. No porque lleves contigo uno o más teléfonos móviles, un Smart Watch, audífonos inalámbricos, tableta, computador portátil y altavoces Bluetooth eres digital. Esa es una creencia falsa. Ser digital NO es ser un experto en códigos o SEO y dar cátedra: es un conocimiento que se necesita, pero es solo una mínima parte.

Ser digital NO es vender por internet. De hecho, por ejemplo, aunque tienen fuerte presencia virtual, tiendas como Walmart o Apple pertenecen al mundo físico. De la misma manera, ser digital NO es abandonar el mundo físico y trasladarse al universo virtual. Ser digital NO es contar con un perfil (personal y/o empresarial) en Facebook, Instagram, Twitter y demás redes sociales.

Esto que acabas de leer quizás no te convenza, y puedo entenderlo. No es un tema en el que sea fácil llegar a acuerdos, a puntos de encuentro. Es como cuando tú le preguntas a un amigo cuál es el mejor cantante, o cuál es el futbolista más importante de la historia, o cómo debe ser la pareja ideal: nunca se van a poner de acuerdo, porque cada uno tiene creencias y experiencias distintas.

Veamos, entonces, la otra cara de la moneda. Tratemos de definir qué SÍ es ser digital, a ver si el panorama se aclara un poco. Ser digital SÍ es disponer de un escenario ilimitado para crear nuevos modelos de negocio enfocados en brindar una experiencia integral al cliente. Ser digital SÍ es hacer uso de la innovación de los procesos y de los sistemas para alcanzar altos estándares de calidad.

Ser digital SÍ es tener la mentalidad abierta siempre al cambio, a la transformación, porque el cambio es lo único seguro en la revolución digital. Requieres adaptarte a los constantes cambios del mercado, a las exigencias de los clientes o de la competencia. Ser digital SÍ es utilizar las herramientas tecnológicas para facilitar el acceso al conocimiento y a otros beneficios primarios.

¿Nos vamos poniendo de acuerdo? Espero que sí. En este punto, seguramente, ya habrás empezado a cuestionarte, quizás también a entender por qué tu negocio no brinda los resultados que ansiabas. Es probable, también, que se te haya prendido la lamparita de la genialidad y veas que tienes ilimitadas posibilidades y oportunidades que no habías aprovechado, o desconocías.

Tengo que confesarte que a mí también me costó entender en qué consistía esto de ser digital, y eso que yo soy uno de los pioneros de la industria, pues hice mis primeros pinitos por allá en 1997 y un año más tarde tuve mi primer negocio en internet. Es decir, aprendí al ritmo de la evolución de la revolución digital, con el peor de los modelos de aprendizaje: aquel de la prueba y error.

Por más de dos décadas, he tenido que reinventarme más de una vez. Usé herramientas y recursos que hoy ya no existen, que mucha gente ni siquiera sabe que existieron, y todos los días encuentro algo nuevo. A veces me canso, siento que estoy en una loca carrera que nunca se va a detener, pero también sopeso los grandes logros, los beneficios recibidos, y me doy ánimos para seguir.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Ser digital es más, mucho más que contar con dispositivos digitales.


La transformación digital, ser digital es un cambio de chip. Lo primero que debes hacer es cambiar tu mentalidad, abrirla de par en par. Es aprender a concebir y desarrollar nuevos modelos de negocio apalancado en las nuevas tecnologías y en las herramientas digitales. Es ingresar a un maravilloso e ilimitado mundo de oportunidades.


Aunque no soy un teórico y mi opinión no es palabra de Dios (afortunadamente), te comparto cinco conceptos que, a mi juicio, encierran la realidad de lo que significar ser digital:

1) Las redes: hoy, gracias a la tecnología, gracias a internet, tienes clientes, socios o aliados estratégicos en cualquier lugar del mundo, sin limitaciones. Y tienes el apoyo de otras personas a solo un clic de distancia. Las redes, para mí, son el gran resultado de la revolución digital, el mayor beneficio para quienes no disponemos de los recursos para competir en las grandes ligas.

2) La interacción: si hay algo que puedo firmar son sangre es que jamás habría llegado a ser quien soy, como persona o como emprendedor, sin la ayuda de mis clientes, sin tu ayuda. Esta es la más grande ganancia de la tecnología: la retroalimentación instantánea, compartir conocimientos o experiencias, aprender de los que ya alcanzaron el éxito, apalancarte en la fuerza de un equipo.

3) El empoderamiento: por décadas (¿o fueron siglos?), el consumidor fue un actor de segunda, un objeto pasivo de los negocios. La revolución digital le brindó el conocimiento que requería para salir del ostracismo, le dio las herramientas para hacerse un lugar en el mercado y, lo más importante, le enseñó que su conocimiento, su talento y su experiencia son útiles para otros.

4) El servicio: acá está representada la mayor ganancia del consumidor. Pasó de ser prácticamente ignorado al centro de atención, la razón de ser de los negocios. ¡Wooowwww! Antes, hacer negocios era simplemente vender productos, mientras que ahora consiste en establecer relaciones con otras personas bajo una premisa que algunos miran con recelo: siempre dar más.

5) La conectividad: para muchos, esta sería la primera característica, pero estoy seguro de que ha descendido varios escalones en el ranquin. Sin embargo, saber que puedes estar conectado todo el tiempo, desde cualquier lugar, a través de diversos dispositivos, y establecer relaciones con personas a las que quizás nunca vez en vivo y en directo es algo increíble, algo muy poderoso.

Recapitulemos: ser digital no consiste en estar armado hasta los dientes con dispositivos digitales o tomar fotos con el celular, o responder llamadas con el reloj. Ser digital es una actitud, es una mentalidad: significa que eres consciente de las posibilidades y oportunidades que te brinda este universo ilimitado y las aprovechas para servir a otros gracias a tu conocimiento y tus talentos.