Llevamos varios meses hablando de incertidumbre y refiriéndonos a ella como si fuera algo negativo. El de la Real Academia Española define este término como “Ausencia de certidumbre o certeza”, que “Conocimiento seguro y claro de algo”. Sin embargo, si lees con detenimiento es posible que coincidas conmigo en que la vida, en cualquier circunstancia, es incertidumbre.

Sí, porque nunca sabemos qué va a pasar, no sabemos si mañana vamos a estar aquí o si las personas que amamos van a estar con nosotros. No sabemos. De igual forma, desconocemos si la salud nos va a fallar, si nuestro negocio va a salir a delante, si vamos a conservar el trabajo, si los sueños se van a cumplir. No sabemos. La incertidumbre, entonces, es una constante de la vida.

Aunque no hay una explicación racional y definitiva, he aprendido que es positivo que la vida esté cargada de incertidumbre. Que, como ya lo vimos, no es ni buena, ni mala. Cada uno le otorga un significado de acuerdo con las experiencias que vive, con sus propias expectativas. Y también aprendí que lo mejor es que, a pesar de que tengas un plan, te dejes sorprender por la vida.

Que quede claro que esto no significa dejarte llevar por la corriente, ni esperar que la vida te lo dé todo, que cumpla con tus expectativas. Se trata, más bien, de no aferrarse, de entender que lo único es el cambio y, en especial, que en algún momento tenemos que validar el plan y, muy seguramente, cambiarlo. ¿Por qué? Porque nos damos cuenta de que no vamos a ningún lado.

Es una situación la que estamos sometidos todos, a la que todos nos hemos enfrentado al menos una vez en la vida en diferentes ámbitos: en lo laboral, en los negocios, en las relaciones personales y sentimentales o, inclusive, en lo personal, en el rumbo que llevamos en la vida. Eso es, precisamente, lo que les ocurrió a muchas personas durante estos últimos meses de 2020.

La pandemia, por diversas razones, las obligó a cambiar el plan, les enseñó que iban por el camino equivocado, les replanteó las prioridades. Algunos lo asumieron con actitud positiva y no solo han aprendido de estas circunstancias, sino que además están fortalecidos. Otros, en cambio, lo ven como algo negativo, en el sentido convencional que le otorgamos al término incertidumbre.

En mi caso particular, esa incertidumbre venía de al menos tres años atrás. Fue un período lleno de dificultades, de rompimientos, de relaciones que se terminaron, de otras que comenzaron, de unas que se fortalecieron, de proyectos que se cristalizaron, de algunos más que no dieron los resultados esperados. Un período de cambios profundos, de replantearme mis prioridades.

Y, para rematar, apareció este COVID-19 que nos cambió la rutina y que a muchos les puso la vida patas arriba. Para mí, por fortuna, el proceso de transformación ya estaba bastante adelantado y solo fue necesario realizar algunos ajustes. El principal, entender que en este momento de mi vida mi prioridad y mi razón de ser son mis hijas, que están en una edad en la que requieren apoyo y atención.

Con la mano en el corazón, demás, tengo que reconocerte que había otros aspectos de mi vida que debía cambiar y estoy en ese proceso. Esa es la incertidumbre, la verdadera incertidumbre. Me di cuenta de que había piezas que no encajaban en el rompecabezas de mi vida y que si no tomaba acción ya las consecuencias no serían positivas. Atendí las señales y pude controlar la situación.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

La vida es un regalo y si la asumes con actitud positiva te retribuirá con recompensas y bendiciones.


No es por el COVID-19 o porque 2020 sea un año maldito: la incertidumbre siempre ha estado con nosotros, solo que la asumimos con actitud negativa y, entonces, no podemos aprovecharla. Te invito a reflexionar para saber si vas por el camino equivocado y que puedas reaccionar ya.


Estas son algunas de esas señales que te indican que vas por el camino equivocado. Es probable que algunas se manifiesten es tu vida y, entonces, sea tiempo de reaccionar:

1.- Te sientes fracasado. A pesar de que posas como si fueras una persona feliz, en el fondo sabes que no estás conforme con lo que haces, que no lo disfrutas, que eso no te llena. Tus logros son vacíos, no te producen satisfacción. Cada día que pasa te sientes más inconforme, ves que estás muy lejos de esa vida plena de abundancia, felicidad y prosperidad con la que habías soñado.

2.- Odias los lunes. Cada mañana, te cuesta salir de la cama porque sabes que tienes una vida que no te satisface. Y peor si es lunes, porque lo ves un castigo. Para mí, es el mejor día de la semana, porque es un nuevo comienzo, una puerta que se abre. Perdiste la motivación y estás invadido por la ansiedad, la angustia, la desesperación de saber que tu vida no tiene el rumbo que anhelas.

3.- Añoras el fin de semana. Pasas los días contando las horas para que llegue el viernes y se dé la oportunidad de eso que llamas descansar. Pero, no descansas. Simplemente, cambias la actividad con la idea de distraer la mente, de no pensar en aquello que te atormenta, que no te deja dormir. Y te dedicas a eso, nada más, a tratar de distraerte, a eludir tu realidad, pero no la cambias.

4.- No tienes límites. Compras artículos que no necesitas, o que nunca usas. No practicas deporte, ni cuidas tu alimentación. Más bien, tienes frecuentes excesos de estrés, de alcohol, de cigarrillo, de compañías tóxicas que te refuerzan esas creencias que te llevaron a esta situación. Te enfocas en lo material, pero nunca te sacias, nada de lo que compras te da la felicidad que tanto buscas.

5.- Nada te complace. Ya no disfrutas ni siquiera aquellas actividades que en el pasado, hace unos años, te brindaban alegría y felicidad. No sales con los amigos, casi no hablas con tus padres, ya no practicas los deportes que te apasionaban, no lees como cuando eras joven, en fin. Todo lo que haces termina mal, porque tu actitud es negativa, porque solo ves lo malo, porque reaccionas mal.

6.- No controlas tus emociones. Como solía decir la señora Julita, mi madre, eres un fosforito. Al menor incidente, explotas exageradamente. Estás sensible, irascible. Tus relaciones son tóxicas, pero eres incapaz de dejarlas atrás, no puedes cerrar ciclos. Te dejas dominar por las emociones y por el ego y, por eso, con frecuencia desatas agrias discusiones y peleas sin sentido, sin motivo.

7.- Te autosaboteas. Aunque posees talento, aunque tienes valioso conocimiento y acreditas una experiencia importante, hace rato te estancaste. Tus miedos, tus elevadas expectativas, tu actitud negativa y tu mentalidad negativa te impiden avanzar. Y culpas a otros, de ahí que vives amargado, frustrado, peleado con todo y con todos. ¿Lo peor? Tu salud comienza a pagar las consecuencias.

8.- Te molesta el bien de otros. A pesar de que lo niegas sistemáticamente, te corroe la envidia de que otros sí cumplen sus sueños, sí obtienen resultados positivos, sí son felices. Tu autoestima está por el suelo y sientes que vales poco. Fruto de esto, asumiste la actitud de víctima, le reclamas a la vida, sin darte cuenta de que te dio, de que te da todo lo que necesitas para ser feliz.

9.- Vives en estado de letargo. Permitiste que la llama de la pasión, que en el pasado iluminó tu vida, se fuera apagando y, por eso, ahora todo te vale igual, nada te conforma, nada te hace feliz. Te cansaste de luchar por tus sueños y ahora te dejas llevar por la corriente, sin rumbo, a merced de otros, de las circunstancias. Ya ni siquiera tienes claros qué objetivos son los que persigues.

10.- Estás a punto de tirar la toalla. Tu vida entró hace rato en un oscuro túnel y no ves la luz. No quieres seguir luchando, porque asumes que no conseguirás lo que deseas. Te refugiaste en la zona de confort, convencido de que allí estarás a salvo, pero no te das cuenta de que es el peor de los escenarios porque allí desperdicias tus dones y talentos, allí se extingue tu pasión.

No te dejes llevar por la creencia de que la incertidumbre es algo negativo: así es la vida y, a pesar de las dificultades, vale la pena vivirla. Solo tienes que mirar a tu alrededor para comprobar las grandes bendiciones que recibes, cuán afortunado eres. Te invito a que reflexiones porque, aunque cueste entenderlo, lo mejor está por venir. ¿Estás preparado para recibirlo?


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