Antes de que sigas al párrafo siguiente y te adentres en la historia que preparé para invitarte a la reflexión, debo hacer una precisión: mi intención no es entrar en polémicas religiosas o médicas, sino relatar una historia real de una experiencia transformadora que puede servirte, como a la protagonista, para encontrarle un verdadero sentido a la vida.

Dicho lo anterior, sigamos, pues. El 2 de febrero de 2006, Anita Moorjani, una mujer de 42 años nacida en Singapur, ingresó de urgencia a la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Hong Kong. Cuatro años antes, en abril de 2002, le habían diagnosticado linforma de Hodgkin, un agresivo cáncer, y su cuerpo estaba a punto de tirar la toalla.

Cuando los médicos la atendieron, comprobaron que tenía una inflamación masiva de ganglios, fallas múltiples en diversos órganos, laceraciones en la piel y tumores en la base de la cabeza, los brazos y el pecho. No tardaron en concluir que ya nada se podía hacer y así se lo informaron a su esposo y a su madre: “Prepárense para lo peor”, les dijeron.

Le dieron 36 horas de vida, pero estaban completamente seguros de que, en ese estado, Anita difícilmente iba a sobrevivir esa noche. El 26 de marzo de 2006, es decir, solo 45 días más tarde, Anita festejaba la vida en el matrimonio de una amiga, mientras bailaba y bebía champaña. En julio de ese año, además, recibió un certificado de salud perfecto.

Esa insólita curación, que la ciencia todavía no pudo explicar, es atribuida por la propia Anita a una experiencia cercana a la muerte (ECM). Lo más increíble es que poco después de ingresar al hospital Anita entró en coma, que se define como un profundo estado de inconsciencia, pero ella cuenta que todo el tiempo percibió cuanto ocurría a su alrededor.

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Anita Moorjani vivió una experiencia cercana a la muerte (ECM), algo que la ciencia no puede explicar.

En el libro Dying To Be Me (Morir para ser yo), Anita relata que escuchó claramente la conversación de su esposo y su madre con los médicos. “El corazón de su esposa puede seguir latiendo, pero ella no está allí realmente. Es demasiado tarde para salvarla, pues sus órganos han dejado de funcionar y cayó en coma profundo, dijo una médica.

“Ella no va a pasar de esta noche. Y si le administramos alguna medicina, va a ser contraproducente porque en este estado su cuerpo no va a resistir”, agregó. Lo increíble es que ella, por el contrario, sentía que mejoraba a pasos agigantados. “Estaba en un umbral entre la conciencia y la inconsciencia y sentí que mi espíritu salía de mi cuerpo”.

Según Anita, estaba consciente y lúcida de cuanto ocurría a su alrededor y se dio cuenta de que los médicos la llevaron de urgencias a la UCI, donde la conectaron a máquinas y le insertaron agujas y tubos. Sin embargo, ella no entendía por qué su cuerpo seguía ahí, sobre una camilla, sin signos vitales, sin energía. “No sentía que fuera mío”, explicó.


Aceptarte tal como eres y sacar provecho de los dones que te regaló la vida son,
según Anita Moorjani, las claves para tener una vida plena, feliz y sin miedos. Para ella, la enfermedad se dio porque perdió el verdadero sentido de su vida.

 


“Me sentía libre, liberada. El dolor, las molestias, la tristeza y el sufrimiento de repente se habían ido y estaba totalmente libre de cargas. Nunca antes me había sentido igual”, aseguró. Fue, entonces, cuando experimentó su encuentro cercano a la muerte (ECM). “Tuve la sensación de entrar a otra dimensión, una maravillosa y sanadora”, agregó.

Obviamente, no es algo fácil de explicar de manera racional, porque los ECM no están en el rango de lo racional. Es cuestión de creer o no. “No puedo explicarlo simplemente porque las palabras adecuadas no existen. Personas que ya había muerto, como mi padre y mi mejor amiga, que falleció de cáncer ese mismo año, estaban ahí”, aseguró.

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Daniel, su esposo, ha sido el apoyo de Anita Moorjani en este proceso.

“Experimenté una claridad extrema del sentido de mi vida, supe por qué tenía cáncer. Entendí que la vida es un regalo y que los seres humanos tenemos posibilidades asombrosas durante nuestra vida física, agregó. Hasta que llegó el momento crucial, en el que debía definir en qué estado quería estar: el físico o aquel, el espiritual.

“Comprendí que, si elegía volver, mi cuerpo se curaría rápidamente, pues entendí que las enfermedades se originan en un nivel energético antes de manifestarse de forma física”. Según su relato, esa experiencia le permitió comprender que, si regresaba a este mundo, se curaría en cuestión de días y, contrario al diagnóstico médico, tendría una larga vida.

Fue, entonces, cuando ocurrió lo increíble, el milagro: despertó y recuperó la conciencia. Los médicos, que se preparaban para el desenlace inevitable, no lo podían creer. Cuatro días más tarde, los 21 tumores prácticamente habían desaparecido y durante el mes siguiente le practicaron decenas de exámenes intentando hallar una explicación.

Regreso a la vida

“En cinco semanas, ninguno de los exámenes pudo encontrar el menor rastro del cáncer. ¡Había desaparecido por completo!”. Los médicos, por supuesto, no saben qué ocurrió y no entienden cómo una persona que estaba al borde de la muerte, más de ese lado que de este, se curó, recuperó la salud y hoy vive como si no hubiera estado enferma.

“Para mí, la razón de estar viva es que me conecté con algo y mi estado de consciencia quedó alterado. Con eso, me sané”, dijo. De hecho, el doctor Peter Ko, de Hawái, un reconocido investigador de los encuentros cercanos a la muerte se enteró de su caso, se dedicó a estudiarlo y tampoco halló una explicación científica a lo que había ocurrido.

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Ahora, Anita recorre el mundo: dicta conferencias y busca inspirar a otros.

“Tus exámenes son aterradores: tú deberías estar muerta”, le dijo. Inclusive, su historia clínica fue distribuida en cinco prestigiosas instituciones especializadas en cáncer y ninguna pudo dar crédito a una recuperación tan rápida y tan completa después de que la enfermedad había llegado a un punto que la ciencia considera de no retorno.

Hoy, Anita está completamente curada y dedica su vida a compartir su experiencia a través de conferencias y seminarios. Ella había perdido por cáncer a su padre y a su mejor amiga de la infancia y después padeció la enfermedad. “Había leído sobre los ECM, pero por supuesto nunca esperé experimentar uno”, aseguró.

“Vi mi vida entera correr delante de mis ojos. Nunca fui una persona muy religiosa y todavía no creo en ninguna religión, pero la experiencia por la que pasé fortaleció mi creencia en la espiritualidad y mi fe en una vida después de esta vida”, afirmó. Una lección invaluable que hoy comparte por doquier, con la intención de transformar otras vidas.

“Mi mayor deseo es que veamos el daño que nos está causando ser como somos, ver en lo que nos hemos convertido. Estamos en una sociedad basada en el miedo, de ahí que haya tantos problemas en el mundo. Somos muy competitivos y creemos que debemos ser más, trabajar más duro, ganar más dinero, y no es así en absoluto”, aseguró.

¿Moraleja? No hay que estar preocupados por lo que los demás piensan de ti, ni hay que perseguir o buscar lo material. Lo único que debes hacer es ser tú mismo, seguir a tu corazón”. Anita Moorjani estuvo en el más allá y regresó para contarlo, para decirle al mundo que su vida hoy tiene sentido: se ama a sí misma y ayuda a los demás.


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