A estas alturas del año, con la Navidad y el Año Nuevo a la vuelta de la esquina, hay una serie de sentimientos encontrados que nos invaden. Tanto en el aspecto personal como en el laboral. Es como una especie de ritual que llevamos a cabo todos los años en diciembre, porque la vida nos exige elaborar un balance y vislumbrar un futuro cercano.

¿Recuerdas esos propósitos que te fijaste el año pasado? ¿Eran 3, 5 o 10? ¿Sabes cuántos cumpliste? En aquellos que se quedaron pendientes, ¿sabes cuál fue el motivo? En ocasiones, este proceso se torna masoquista, especialmente cuando el balance de lo logrado en los meses anteriores es negativo, cuando el saldo es en rojo.

Y no me refiero exclusivamente al dinero. Ese es un tema secundario para mí, porque lo concibo como la consecuencia de mis actos y de mis decisiones. Es, entonces, en estos dos aspectos, actos y decisiones, que me enfoco. Por la experiencia acumulada durante tantos años, sé que son los que permiten marcar las diferencias, cumplir los sueños.

No voy a descubrir el agua tibia si te digo que son muchos los propósitos que formulamos y en verdad muy pocos los que cumplimos. Eso, sin embargo, no tiene por qué mortificarte, pues a todos nos ocurre igual. Y no es que intente motivarte con eso de mal de muchos, consuelo de tontos, porque el origen del problema es diferente.

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Cuando formulamos los propósitos de Año Nuevo, nos creemos superhéroes. ¡Por eso, no los cumplimos!

¿Cuál es, entonces? Que le apuntamos a demasiados blancos, es decir, que cada diciembre nos ponemos el traje de superhéroes y hacemos una larga lista de propósitos que, francamente, es imposible de cumplir. Para ti, para mí, para cualquiera. Sobrepasamos las expectativas de lo que podemos hacer, las sobredimensionamos.

¿Te imaginarías cómo sería tu vida si te dedicas todo el tiempo a cumplir esos propósitos que fijaste el año pasado? ¿Todos, los diez? Difícilmente podrías trabajar, prácticamente no te quedaría tiempo para descansar y seguramente tendrías que decirles adiós a las actividades que acostumbras realizar para distraerte, como salir al cine o ir a comer.

Cuando formulamos un propósito es porque queremos mejorar algún aspecto de nuestra vida que no nos satisface. Por ejemplo, bajar de peso: quizás nos preocupa que la salud se vea deteriorada; o estudiar inglés, porque sabemos que ser bilingües nos ayudará a derribar barreras en el ámbito laboral y nos abrirá puertas a nuevas oportunidades.


¿No estás cansado de formular propósitos de Año Nuevo y no cumplirlos?
¿Qué tal si para 2018 solo te enfocas en uno, sigues los consejos que de doy
y pones todo tu empeño para sacarlo adelante? Es una invitación formal.


Sin embargo, debemos ser conscientes de que cada propósito es una empresa completa. Es decir, requiere un plan de acción, una estrategia, un plan de evaluación periódica y, por supuesto, unas metas (a corto, mediano y largo plazo). Eso, en plata blanca, significa que debes realizar cinco o diez tareas durante un largo período, durante todo el año.

Entonces, podemos convenir que un solo propósito, uno solo, ya es algo complicado de cumplir. Pero, formulamos 3, o 5, o 10. Por eso, ni tú ni yo conocemos a una sola persona que, honestamente y con pruebas, nos pueda decir que cumplió sus propósitos de Año Nuevo. Salvo, claro está, que hayan sido tareas menores, logros fáciles de alcanzar.

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Diseña un plan de acción concreto, uno que estés en capacidad de cumplir sin excusas.

Por eso, para este fin de año, para el comienzo de 2018, me atrevo a hacerte una invitación. Una que sé que puedes llevar a feliz término. Te propongo que fijes uno solo propósito y, además, te daré unas claves que te ayudarán a cumplirlo. Uno solo, pero uno que puede llegar a transformar tu vida. ¿Te interesa? ¿Te resulta atractivo?

Te propongo que des el primer paso, y unos cuantos más, del camino para que te conviertas en un emprendedor. Es eso lo que ansías desde hace tiempo, ¿no? Es ese el sueño que te trasnocha y que te da vueltas en la cabeza, ¿cierto? Entonces, ¿por qué postergarlo más? ¿Por qué no darle una oportunidad, la de verdad, en este 2018?

Te propongo que, sin necesidad de que renuncies aún a ese empleo convencional que tienes, comiences a transitar el camino para convertirte en emprendedor. Necesitarás disciplina, férrea voluntad, mentalidad y mucha convicción. Quizás avances lento, pero cualquier progreso que experimentes será una gran ganancia. Veamos, pues:

1) Determina cuál es tu pasión: olvídate del consabido “quiero montar un negocio que dé plata”, porque ese es el primer error. Enfócate en establecer una actividad que te haga feliz, una que serías capaz de realizar todo el tiempo, así no te pagaran. ¿Cocinar? ¿Enseñar a las personas sobre educación financiera? ¿Viajar por el mundo?

No importa lo que sea: lo que vale, verdaderamente, es que esté conectado con tu pasión, con eso que haga feliz. Después vendrá la forma de ganar dinero con eso. Lo que se requiere es que sea ese ideal que todos llevamos dentro y que nos impulsa a ofrecer el conocimiento y la experiencia que poseemos para transformar el mundo.

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No importa cuánto sepas del tema: siempre necesitarás saber más. ¡Prepárate!

2) Capacítate: que un tema te apasione, que te haga sentir pleno y realizado, no significa que lo sepas todo sobre la materia. El primer paso que debes dar es educarte, investigar, acudir a eventos en los que estén presentes los referentes de la industria. Si, por ejemplo, te gusta la comida italiana, busca la forma de ir a ese país durante una temporada.

Obviar este paso es el primer error, uno de los más comunes, que cometen algunas personas que desean emprender. Después, por supuesto, lo pagan caro de muchas formas, especialmente con la frustración de ver cómo su sueño se vino al suelo. Por eso, no te des el lujo de pensar que te las sabes todas, que con un poquito es suficiente.

3) Establece un plan de acción: de nada te vale el conocimiento si no lo pones en práctica. Esa es una de las premisas elementales del mundo de los negocios, y también de la vida. Si ya tienes un destino, que es el propósito, necesitas saber cómo vas a llegar allá, qué tareas necesitas realizar, qué tiempo te llevará cada una de ellas, cómo evaluarás.

Lo más importante es que fijes objetivos a corto, mediano y largo plazo, para que puedas saber cuánto has avanzado o si, por el contrario, estás estancado. Esta estrategia te dará la posibilidad, además, de llevar a cabo las correcciones que sean necesarias. El plan de acción, haz de saberlo, también puede ser reformulado o revisado en cualquier momento.

4) Escoge un mentor: voy a expresar una de las frases que más veces les repito a mis alumnos: nadie, jamás, alcanzó en solitario el éxito y la felicidad en los negocios o en la vida. Todos necesitamos de alguien que ya haya recorrido el camino que nosotros deseamos transitar, alguien que ya cometió muchos errores y nos ayudará a evitarlos.

Esta persona no te hará el camino más fácil, no te evitará las dificultades, solo pondrá sus conocimientos, experiencia y pasión a tu servicio, para que tú hagas la tarea. Escoge uno que esté alineado con tus valores y tus principios, para que no haya cortocircuitos más adelante. Y uno que sea alguien en quien puedas confiar con los ojos cerrados.


 

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