Hoy es muy común que haya personas que vivan de sus talentos y de sus pasiones. Ya no tanto como un trabajo, que lo es, por supuesto, como sí un propósito de vida. Y en ese camino han encontrado en internet el principal aliado o, también, el villano que echa por tierra sus sueños e ilusiones. Soy uno de ellos, uno de los primeros, dado que comencé hace casi 25 años.

En aquel momento, finales de los años 90, finales del siglo pasado (para que te pongas en contexto), el término emprendedor casi no se usaba. No, al menos, en Colombia, mi país de origen y donde vivía. De hecho, cada vez que alguien decía, que uno decía, “quiero ser un emprendedor” se prendían las alarmas en la familia y su círculo de amigos: no era bien visto.

“¿Por qué no se busca un trabajo de verdad? ¡Usted más bien es un vago!”, era lo que decían. Una visión sustentada principalmente por el absoluto desconocimiento de lo que era esa novedosa tecnología que acababa de llegar a nuestra vida (internet). Sin embargo, también por la cultura machista y patriarcal, según la cual el trabajo formal era el único trabajo.

Cuando comencé esa aventura, mi mejor amigo y confidente era mi computador. Estaba todo el día frente a él trabajando, aprendiendo, intentando abrir camino. Y, aunque se antoje raro, tan solo había una herramienta: el correo electrónico (email). Que era escaso porque eran muy pocos los que tenían computadores en casa y porque las cuentas de correo no eran populares.

Ya existía Hotmail, también, Yahoo! Sin embargo, casi nadie tenía cuentas de correo. Lejos estaban Gmail (surgió en 2005), que apareció con una restricción insólita: solo se podía abrir una cuenta si recibías una invitación, de ahí que tardó en popularizarse. Y ni hablar de las redes sociales: Facebook apareció en 2004, pero tardó en convertirse en una aplicación abierta.

Ni siquiera estaba mi buen amigo Mr. Google, que aunque surgió formalmente en 1998, tuvo que recorrer un largo camino antes de convertirse en lo que hoy conocemos: el principal buscador del planeta digital (entre otras cosas). Era la época que llamo la prehistoria de la tecnología, con dinosaurios en forma de computadores, herramientas y recursos.

Por aquel entonces, y es una situación que no ha cambiado, si querías vender algo o deseabas convertirte en un emprendedor digital (una rara especie) para vivir de tu conocimiento y de tus talentos, te enfrentabas a un dilema. O contabas con una billetera poderosa para competir con las grandes marcas o, de lo contrario, tenías que echar mano del marketing de permiso.

El marketing de permiso consiste, básicamente, en la acción destinada a recibir la explícita aprobación de tu prospecto para entrar en contacto con él, lo que en la práctica se traduce en comunicarte con él a través de correos electrónicos. Y antes de continuar quiero hacer énfasis en algo fundamental: explícita aprobación significa consentimiento consciente y voluntario.

Durante siglos (y no exagero), el consumidor ha sido bombardeado por agresivas y, sobre todo, abusivas campañas de publicidad destinadas a generar una venta. Un estilo que se emplea desde siempre y que fue efectivo, pero que se volvió intrusivo y desagradable con la revolución digital y, especialmente, con la irrupción de redes sociales y otros canales digitales.

Entonces, con el conocimiento a un clic de distancia, empoderado tras dejar el estado de hibernación en el que estuvo largo tiempo y encantado con los beneficios, las aventuras y las experiencias que le brinda la era digital, el consumidor cambió. Se transformó en un agente activo (ya no pasivo) y le encontró el gustito a tomar decisiones, a elegir a quién le compra.

La acción clave del marketing de permiso es pedirle a tu prospecto los datos de contacto (por lo general, nombre y correo electrónico) a cambio de algo que ofreces. Por ejemplo, un webinar en el que compartirás contenido de calidad, un lead magnet, que se conecte a una transmisión en vivo, que asegure su cupo en un evento presencial o cualquier otro señuelo.

Si utilizas tu conocimiento y experiencia, tus dones, talento y pasión para ofrecerle contenido de valor, no solo será muy factible que te compre, quizás más de una vez, sino que además te referirá con sus amigos y conocidos. Será, entonces, el momento ideal para el que mis viejos y queridos amigos el email marketing y el marketing de contenidos entren al campo de juego.

El éxito en el marketing del siglo XXI se basa en tu capacidad para establecer una relación de confianza y credibilidad con tu prospecto y, a través de diferentes estrategias y herramientas, enriquecer y fortalecer el vínculo a largo plazo. La confianza y la credibilidad surgen del respeto por tu cliente, de que cumplas las promesas que haces, de que lo ayudes a cumplir sus sueños.

Otro problema es que al pobre email marketing lo han dado de baja varias veces. Ya perdí la cuenta de a cuántos velorios de esta poderosa herramienta fue invitado. ¿Por qué sucede esto? Básicamente porque en el mercado hay quienes, para promocionar una herramienta o recurso que es competencia directa del email decretan la muerte de este para vender.

Lo irónico, lo patético, es que te informan, intentan venderte… ¡vía email! Y la verdad es que el email marketing no solo está vivito y coleando, como se dice en Colombia, sino que además goza de excelente salud. Y nunca ha estado enfermo, o en coma, o en cuidados intensivos. ¡Jamás! Es la única herramienta que siempre estuvo ahí y, apostaría, la que siempre estará.


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El email marketing es necesario para cualquier estrategia: prospección, nutrición, conversión y fidelización.


Sin dejar de lado o menospreciar otros importantes recursos que nos brinda la tecnología, el email marketing ha sido, es y seguirá siendo la herramienta más poderosa para comunicarte con el mercado. ¿Lo mejor? Es un canal personalizado para transmitir confianza y credibilidad.

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De hecho, te cuento una historia que quizás desconoces: internet es hijo del email, y no al contrario, ¿lo sabías? Fue en 1958 (yo no había nacido), cuando surgió la necesidad de crear una conexión entre las computadoras de tres universidades en California (Estados Unidos). El primer nodo (punto de enlace) lo estableció a Universidad de California-Los Ángeles (UCLA).

El experimento fue un éxito, al punto que esa naciente tecnología llamó la atención del mismísimo alto gobierno de EE. UU. ¿Por qué? En aquellos tiempos, este país y la desaparecida URSS vivían la llamada Guerra Fría, después de la II Guerra Mundial. El espionaje estaba en boga y urgía una tecnología que permitiera encriptar los mensajes que iban a ser enviados.

El proyecto se conoció como ARPANET, que significa Advanced Research Projects Agency Network, es decir, la Red de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada. Esa fue la primera red de ordenadores (hoy red de redes o world wide web). Después, lentamente, ese embrión de internet se convirtió en esta maravillosa tecnología que hoy disfrutamos.

El email, en todo caso, fue el disparador. Y hoy sigue siendo el motor del marketing, inclusive entre las grandes empresas, que entendieron que con billeteras gordas no basta, hoy no basta, para conquistar el corazón de los clientes. Por eso, más allá de que hay otras herramientas y estrategias poderosas, puedo decirte sin temor a equivocarme que el email es el número 1.

El email marketing es, debería ser, la estrategia transversal de cualquier negocio, dentro o fuera de internet. Sin importar si lo que se vende es un producto o un servicio, si eres una empresa o un profesional independiente. Y con una arandela muy especial: el email marketing no es exclusivamente para vender, como hace la mayoría: su superpoder trasciende la venta.

El email marketing es útil, y necesario, en cada una de las cuatro etapas de cualquier campaña de marketing que realices: prospección, nutrición, conversión y fidelización. Aunque inviertas dinero en publicidad, la clave del éxito de cualquier estrategia de marketing está en el email marketing. ¿Por qué? Porque a través de él estableces y consolidas la relación con tu cliente.

Con cada cliente, que no es un detalle menor. Porque esa es otra cualidad poderosa del email marketing: te permite personalizar el mensaje, que no significa que tus correos estén dirigidos al nombre del usuario (como piensa la mayoría), sino en brindarle el contenido que necesita en el momento en que más lo necesita, según el punto del proceso de compra en que se halla.

Estos son 5 beneficios de una buena estrategia de email marketing:

1.- Posicionamiento.
Si bien hoy las redes sociales y las páginas web son otro recurso válido, el email no pierde poder. Un buen mensaje te permite darte a conocer, llamar la atención del mercado y, una vez que te abren la puerta, establecer una relación con esas personas. A partir de ese momento, tu tarea consiste básicamente en aportarles valor de tantas formas como sea posible.

2.- Segmentación.
En el pasado, tú generabas un correo electrónico y lo enviabas a todo el mundo por igual. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que ese mensaje muchas veces se perdía o les llegaba a personas que no estaban interesadas. Con las listas de suscripción voluntaria, en cambio, tus emails se dirigen exclusivamente a prospectos o clientes que ya manifestaron su interés.

3.- Impacto.
La combinación del posicionamiento y de una buena segmentación del mercado deriva en un gran impacto. El mercado no solo te reconoce, sino que también te percibe como un experto en el tema y cree en lo que dices. Mientras respetes las reglas del juego y le aportes valor, el mercado confiará en ti, creerá en ti, y te elegirá como la solución ideal a su problema.

4.- Interacción.
Hasta hace un tiempo era cierto que la interacción virtual se daba a través de las redes sociales, pero con el tema de los algoritmos estas perdieron relevancia. Hoy, esa interacción esté relacionada con trabajo o con conocimiento, el email marketing sigue siendo el medio preferido y más efectivo. Las plataformas han evolucionado y son muy completas y potentes.

5.- Acción.
De nada vale una estrategia de email marketing si no está enfocada en provocar una acción determinada por parte de tu cliente. Que se suscriba a tu lista, que descargue un material, que vaya a una página de aterrizaje, que se inscriba en un webinar o que compre. El llamado a la acción es la razón de ser del email marketing y el camino más corto para dar valor al mercado.


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La personalización, en función de las necesidades del receptor, es una poderosa característica del email marketing.


Por si todo lo anterior fuera poco, tres datos irrefutables, tres razones superpoderosas por las cuales el email es mi aliado incondicional, un socio estratégico muy eficaz:

1.- El impacto de tus campañas de email marketing es 100 % medible gracias a las herramientas que nos brinda la tecnología y, por ende, fácilmente adaptables y corregibles

2.- Tus listas de suscriptores voluntarios son el activo más valioso de tu negocio, uno que te pertenece al ciento por ciento y sobre el que, además, tienes control absoluto

3.- Algo más: a medida que un suscriptor interactúa más con los correos que le envías, tienes más información de calidad acerca de sus intereses, gustos y necesidades

Ahora, te relaciono unas estadísticas publicadas por el portal Oberlo, que te permitirán conocer la dimensión de los superpoderes del email marketing (si aún no estás convencido):

1.- Según el portal Statista, hay 4.300 millones de usuario de email marketing en el mundo (y en el planeta hay poco más de 8.000 millones de habitantes). Muchos de ellos, sin embargo, tienen más de una cuenta, pero la cifra, en todo caso, es relevante e irrefutable

2.- La misma fuente nos dice que cada día (en 2022) se envían al menos 3.330 millones de correos electrónicos. Sí, es cierto, muchos de ellos son correos basura o spam, pero también hay que decir que el correo es la herramienta laboral número uno en todo el planeta

3.- Por cada dólar invertido en una campaña de email marketing, el retorno de la inversión (ROI), la cifra mágica del marketing, es de 42 dólares. La fuente es la Association of National Advertisers (ANA, antigua DMA). No sé a ti, pero a mí ese ROI me parece magnífico

4.- Según el Content Marketing Institute, 9 de cada 10 emprendedores utilizan estrategias de email marketing para distribuir su contenido orgánico. En todas las industrias, vale decirlo, más allá de que de forma complementaria se implementan campañas publicitarias

5.- El 81 por ciento de las pequeñas y medianas empresas usa el email marketing como herramienta primaria en la tarea de adquisición de clientes y un 80 por ciento para la retención de esos clientes, de acuerdo con un informe de la consultora Emarsys

6.- Según MailChimp, la tasa promedio de apertura de los emails es del 21 % (entre el 20 y el 30 por ciento se considera buena). Sin embargo, el email de bienvenida, que muy pocos emprendedores aprovechan o utilizan, registra un porcentaje de apertura del 82 %

7.- La personalización de los emails, que consiste en entregar contenido ajustado a la necesidad y deseos de tu cliente a partir del análisis de su comportamiento en tus propiedades digitales, genera un 50 % más de porcentaje de apertura, según Yes Lifecycle Marketing

8.- Según la consultora Omnisend, una estrategia de email marketing es muy útil cuando una persona abandona el carrito de compra. Si se envían tres correos de refuerzo, en el 69 % de los casos se darán más órdenes que si se envía tan solo un correo. El email, ¡al rescate!

9.- La tasa de apertura promedio de un correo se incrementa en un 300 % (sí, 300) cuando el email es interactivo, es decir, cuando incluye un video o animación. Esta cifra surge de un estudio de la consultora Martech Advisor y bien vale la pena considerarla en tus correos

10.- Finalmente, una estadística que habla por sí misma: según el portal Statista, el 49 por ciento de los usuarios afirma que le gusta recibir, al menos una vez a la semana, contenido promocional de sus marcas preferidas. ¡Es la magia del marketing de permiso!

El email marketing es la herramienta # 1 de la que disponemos los emprendedores, sin que esto signifique que las demás, como las redes sociales, no sean útiles o válidas. De hecho, estoy convencido de que son complementarias. Sin embargo, el comienzo y el fin, como siempre lo ha sido, es el email marketing. Más, cuando no tienes una billetera gorda.

Bien sea para darte a conocer, para promocionarte, para posicionarte, para establecer contacto con tus clientes potenciales, para comunicarte con ellos (educarlos, nutrirlos, entretenerlos o venderles), la herramienta más efectiva es el email marketing. Si no prestas atención a la construcción de tus propias listas, estás perdiendo tiempo, dinero y recursos.

Una última consideración: es probable que hayas escuchado (de hecho, lo digo con frecuencia) que “el dinero está en la lista”. La verdad, el dinero que puedes hacer con tu negocio está en la relación que construyes con la lista (en realidad, prefiero hablar de listas, en plural), en la fuerza del vínculo de confianza y credibilidad, en el valor que les aportas a tus suscriptores.

Por si no lo percibiste, te lo confieso: soy un ferviente seguidor, un apasionado hincha del email marketing. Mi negocio jamás habría alzado el vuelo sin esta poderosa herramienta y espero que, tras leer este artículo, el tuyo lo haga también. Si tienes alguna inquietud, si algo no quedó claro, no dudes en dejar un comentario abajo y con gusto la responderé.