Esa es, sin duda, la pregunta del millón (¿o de los millones?) en estos momentos en el mundo. Lo peor es que nadie, absolutamente nadie, tiene la respuesta. O, de otra manera, no hay una sola respuesta, sino múltiples opciones de respuestas, del estilo de todas las anteriores. Y es un tema que a todos nos produce inquietud, una idea que nos da vueltas en la cabeza y nos preocupa.

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La primera respuesta posible sí la tengo: nada será igual a como era antes. ¡NADA! ¿Eso qué significa? Que hay un nuevo ecosistema en el que lo digital ha recobrado importancia, en el que los clientes redescubrieron el valor de lo simple, en el que las empresas se dieron cuenta de que no son inmortales. Y los propios clientes también recibieron un sacudón que los hizo espabilar.

No se trata, sin embargo, de que haya un giro de 180 grados o de que lo que era blanco ahora sea negro. Habrá situaciones en las que eso, sin duda, ocurrirá, pero en la gran mayoría de ellas la transformación será gradual. Y no podemos predecir en qué va a terminar porque depende de cómo se reacomoden las piezas del rompecabezas de la vida. Será un proceso, será algo lento.

Cuando pienso en esto, recuerdo los sucesos del 11 de septiembre de 2001. El golpe sicológico fue terrible y experimentamos sensaciones similares a las actuales: nos sentimos vulnerables, nos dimos cuenta de cuán frágil es la vida, de que permanentemente estamos expuestos a peligros diversos. También nos transmitieron miedo, también cundieron el pánico y la incertidumbre.

A diferencia de ahora, esa vez el ataque del enemigo duró unas horas, el ciudadano común no se vio amenazado como ahora y tampoco hubo confinamiento. También hubo crisis económica, también desaparecieron muchos negocios, también nos vimos obligados a cambiar hábitos y hasta el modo de ver el mundo y de vivir la vida. Pero, nos levantamos y seguimos la vida.

Lo mismo ocurrió en Louisiana o en Texas después de los huracanes que provocaron grandes destrozos y desolación. Fue muy doloroso, hubo grandes cambios, fueron muchas las personas que debieron comenzar de nuevo, pero se levantaron y siguieron con la vida. Y lo mismo ocurrirá ahora porque el ser humano es extraordinario y siempre consigue adaptarse al nuevo entorno.

Y de eso se trata, precisamente, de adaptarnos, una asignatura en la que los emprendedores tenemos posgrado, maestría, doctorado y Ph. D. La ventaja, que no es poca, es que estamos curtidos en estas lides, mientras que muchas empresas, muchos negocios, muchos sectores de la economía, estaban con la guardia abajo y recibieron un golpe que los mandó a la lona.

Un estudio de la firma Ipsos, realizado en España entre 2.250 personas entre 16 y 65 años, y recién salido del horno (todavía está calientito), revela los cuatro vértices que soportarán el comportamiento de los consumidores en el futuro inmediato. La higiene, la priorización del ahorro, la compra de productos frescos y mayor cantidad de acciones digitales en la vida diaria.

Producto del pánico generalizado, de la increíble cantidad de contagiados y fallecidos, la higiene y el cuidado básico de la salud se convirtieron en una prioridad. En especial, fuera de casa, en lugares de públicos concurridos. El consumidor exigirá medidas extremas y efectivas, castigará al que no las respete y favorecerá a las marcas que actúen en concordancia con esta tendencia.

Es algo que ya se ve en el mercado. En las redes sociales, los ciudadanos expresan su repudio hacia las marcas que tratan de aprovecharse de la situación o a las que actúan en sentido contrario a lo que se espera. Por ejemplo, a las que han tomado medidas como despedir a sus empleados, o las que se niegan a aplicar beneficios para quienes no pueden generar ingresos y están necesitados.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Los que ya somos parte del ecosistema digital partimos con ventaja una vez termine la emergencia por el coronavirus.


Un reciente estudio de Ipsos, realizado en España, nos ofrece una primera mirada de cómo sería la ‘vida normal’ una vez termine la emergencia y se acabe el confinamiento. Señala cuatro escenarios que significarán un drástico cambio en el comportamiento de los consumidores.


Volviendo a lo de 2001, el ataque terrorista a las Torres Gemelas significó un antes y un después en los hábitos de los estadounidenses. El miedo aún se siente, la xenofobia se disparó y la verdad es que sabemos que en cualquier momento puede ocurrir algo similar. Tras el coronavirus, el miedo nos acompañará mucho tiempo y condicionará aquello que hagamos y cómo lo hagamos.

De nuevo, después de que se levanten las restricciones, después de que volvamos a las actividades que eran normales antes del confinamiento, la incertidumbre se quedará con nosotros. Nadie puede asegurarnos que el virus ya se fue, que está controlado, y tendremos que aprender a vivir con esa incómoda sensación. Y, nos guste o no, nos acompañará en cada actividad que realicemos.

Por ejemplo, las ventas de productos de higiene personal se incrementarán, el consumidor les exigirá a establecimientos como restaurantes, bancos o centros comerciales, también a los medios de transporte, medidas efectivas. Los eventos públicos como ir a ver deportes en el estadio, ir al cine o ir a la discoteca con los amigos quizás no sean posibles por un largo tiempo. Es la realidad.

Producto de ese miedo al contagio, también, los ámbitos digitales se fortalecerán, como ya lo vimos durante el confinamiento. El teletrabajo dejará de ser una opción y se convertirá en una norma, otro terreno en el que los emprendedores arrancamos con ventaja. Las empresas tendrán que acomodarse a este nuevo escenario y los empleados ajustarán su vida para aprovecharlo.

Eso significa que toda aquella persona que cuente ya con habilidades y competencias digitales se desenvolverá con facilidad. La capacitación virtual, la transmisión de conocimiento a través de las plataformas digitales, adquirirá la importancia que hasta ahora no se quiere reconocer. Y los que posean conocimiento y experiencia, que sean realmente buenos en lo que hacen, se beneficiarán.

Ya no iremos tanto al supermercado o al centro comercial, pues haremos uso con más frecuencia de los medios digitales, de los pedidos a domicilio. Y no solo en cuanto a comida, sino que pronto los pedidos abarcarán otros productos básicos, incluida la ropa. Es una situación que me recuerda aquellos años 80 y 90 en Colombia, cuando vivíamos confinados por cuenta del terrorismo.

Nos daba miedo salir a las calles porque en cualquier lugar podía estallar una bomba. Así era. Si bien no había medidas decretadas por el gobierno, por el miedo nos quedábamos en casa. Alquilábamos algunas películas, pedíamos pizza y pasábamos la noche entre amigos, sin riesgo. Algo parecido sucederá ahora: la sala de la casa volverá a ser el sitio de reunión predilecto.

Otro hábito que se reforzará será la lucha contra el sedentarismo. El confinamiento nos ha enseñado a practicar deporte en casa y, en consecuencia, adquiriremos máquinas o artefactos que nos ayuden a mantenernos en forma con una rutina de ejercicio frecuente. Y también trataremos de alimentarnos mejor, porque cuanto más elevadas estén las defensas, menos riesgo de contagio hay.

Y, por supuesto, la economía también se verá afectada. Como la incertidumbre nos acompañará por un largo tiempo, aprenderemos a ser más selectivos en los gastos, a priorizar lo básico. El ahorro empezará a ser uno de nuestros hábitos más importantes, porque no sabemos en qué momento nos veremos sometidos a confinarnos de nuevo. Esa es una cruda posibilidad.

Esta batalla contra el coronavirus no ha terminado y es probable que el escenario siga cambiando y que la vida que hagamos después de la pandemia sea muy diferente a la que llevábamos antes de la emergencia. De lo que sí estoy seguro es de que quienes ya estamos adaptados al ecosistema digital, quienes nos movemos allí, tenemos mejores opciones que quienes apenas ingresarán en él.