Una de las creencias populares en el mundo de los negocios, que finalmente no es más que uno de esos mitos que a fuerza de repetirlo se aceptó como si fuera una verdad, es que la diferencia entre una empresa grande y una pequeña, o un emprendedor, es el presupuesto. ¡Como si el dinero lo fuera todo! No solo no es cierto, sino que además es el origen de los problemas cotidianos.

Es cierto que una de las ventajas más importantes de las grandes empresas es que tienen una billetera amplia y llena de recursos. Pueden realizar costosas campañas en diferentes medios y así garantizan que sus mensajes les lleguen a sus clientes. Muchas veces, el producto es lo de menos, porque al cliente se lo meten por los ojos con agresivas campañas multimedio y multiformato.

Son cifras tan abultadas, que hay estudios que nos cuentan que más de la mitad del precio de un producto de esas empresas corresponde a los costos de las campañas de marketing. ¡Más de la mitad del precio! “Ah, no, Álvaro, así cualquiera”, suelen decirme mis clientes cuando abordamos este tema. Sin embargo, esa apreciación surge del mito que te mencioné en el primer párrafo.

Antes, en el pasado, en el siglo pasado, era cierto que el dinero lo era todo en los negocios. Solo el que contaba con abundantes recursos podía comenzar y consolidarse para competir en un mercado de gigantes. ¡Eran las grandes ligas! Los pequeños empresarios estábamos condenados a las ligas menores, a repartirnos una porción mínima de la torta, sin chances de progresar.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Hacer buen marketing es la mejor inversión que puedes realizar en tu negocio.

Esa realidad comenzó a cambiar hace dos décadas, gracias a la irrupción de internet. Fue un proceso lento, porque al comienzo los computadores y los planes de conexión eran costosos y muy pocos tenían alcance a ellos. Además, no existía la infraestructura de conexión requerida y el servicio solo estaba disponible en algunas zonas privilegiadas de las grandes ciudades.

Por fortuna, la tecnología avanza a velocidades increíbles y en período relativamente corto, de dos décadas, el escenario cambió radicalmente. Hoy, en países como Colombia hay más líneas móviles activadas que habitantes, lo que nos indica el grado de penetración de estos avances. Y aunque la cobertura todavía no llega a la totalidad de las zonas urbanas, es cada vez más amplia.

Con esas poderosas herramientas y la posibilidad de conectar con nuestros clientes todo el tiempo desde cualquier lugar, los pequeños empresarios pudimos entrar en el juego. Sin necesidad de recurrir a los elevados presupuestos de los que disponen los grandes, conseguimos darnos a conocer, nos posicionamos y le informamos al mercado lo que podíamos hacer por él.


Uno de los errores más graves que comenten los emprendedores es creer que pueden
prescindir del marketing, que la solución a todos sus problemas está en la tecnología y
en el dinero. La verdad es que tecnología y dinero no sirven de nada sin buen marketing.


¿Cómo fue posible? Con la mejor, más poderosa y recursiva herramienta con que contamos: el buen marketing. “Ah, no, Álvaro, para hacer buen marketing se necesita mucho dinero”, es la justificación que escucho con frecuencia. Sí, pero no. Por supuesto, si tienes más dinero puedes hacer más; sin embargo, hacer más no significa hacer bien o hacer lo correcto y necesario.

¿Entiendes la diferencia? Cualquier emprendedor debe estar en capacidad de implementar campañas de marketing de bajo costo y alto impacto. ¡Es posible hacerlo! Lo que necesitas es crear un mensaje poderoso y transmitirlo por el canal adecuado a los clientes que están interesados en ese producto o servicio que ofreces. Mensaje+canal+cliente ideal+nicho.

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Aportarle valor a tu cliente y acabar su dolor es la mejor inversión que puedes hacer.

Por ejemplo, tú puedes iniciar una campaña en Facebook, que te cueste 500-1.000 dólares y te brinde un ROI multiplicado por 10. Lo puedes hacer siempre y cuando cumplas los requisitos que acabo de mencionar: mensaje poderoso, canal adecuado, clientes cualificados y nicho correcto. La clave está en el conocimiento de tu cliente ideal y en una buena segmentación del mercado.

El problema radica en que son muchos los emprendedores que hacen bien la tarea hasta que logran un buen nivel de ventas, quizás uno que supere sus más optimistas expectativas. Entonces, se creen que ya lo saben todo, que ya tienen el control absoluto de la situación y se olvidan de lo que en verdad es importante, lo único importante: el buen marketing. Y luego lo pagan bien caro.

Dejan de hacer buen marketing y atribuyen la baja de las ventas a que no cuentan con el dinero necesario para competir. ¡Mentira! Pierden la conexión con sus clientes y culpan a la competencia, porque tiene precios más bajos. ¡Mentira! Sus mensajes carecen de impacto y se diluyen en el universo digital y dicen que la responsabilidad es de los algoritmos de las redes sociales. ¡Mentira!


El buen marketing es la mejor inversión que puedes hacer en tu negocio. No es un gasto,
como muchos creen. Cada centavo que inviertas en buen marketing regresará a ti de las
formas más increíbles y reconfortantes, y tu cliente te lo agradecerá siempre.


El gran aporte de la revolución digital no son las poderosas herramientas que están al alcance de cualquiera, ni la inteligencia artificial, ni la automatización que nos facilita el trabajo y nos permite disfrutar de la vida. Todos son beneficios increíbles, pero el gran aporte de la revolución digital es que nos dio la posibilidad a los emprendedores de competir en el mercado con opciones de éxito.

Algunos estudios realizados en diferentes países de Europa dan cuenta de la realidad: en la etapa de implementación y puesta en marcha de su negocio, los pequeños empresarios se preocupan por el marketing. De hecho, es su mejor recurso, su arma secreta para conquistar al mercado y cumplir con el objetivo de aportar la solución ideal al dolor que aqueja a esas personas.

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Hay estrategias de bajo costo y alto impacto que puedes implementar en tu negocio.

Sin embargo, a medida que el negocio crece, que las ventas se incrementan, son muchos los emprendedores que se obnubilan y pierden el norte. El marketing es el salvavidas que les permite tirarse al agua y nadar contra la corriente, pero luego lo desprecian y se meten en un espiral sin fondo del que es muy complicado salir. Es cuando se dan cuenta de que el dinero no lo es todo.

Estas son algunas opciones que te ayudarán a hacer buen marketing:

1) Conoce a tu cliente: de nada te servirán millones de dólares en tu cuenta corriente si no sabes quién es tu cliente. Sin ese conocimiento, lo que hagas, las estrategias que pongas en práctica, serán un desperdicio. Saber qué quiere tu cliente, por qué lo quiere y cómo lo quiere es el camino más corto y más barato para ayudarlo. Recuerda: quien tiene la información, tiene el poder.

2) Aporta valor: la época en lo que el producto o el precio eran lo fundamental para el cliente quedó en el pasado. Hoy, lo único que le interesa a tu cliente es saber si tienes la respuesta al interrogante que lo inquieta: ¿qué hay aquí para mí? La mejor respuesta es el valor que le puedes aportar a través de contenidos de calidad, de experiencias inolvidables, de logros increíbles.

3) Apela a las emociones: hoy más que nunca, la decisión de compra no responde a un estímulo racional, sino a uno emocional. Es con su corazón, no con su cabeza, con lo que necesitamos establecer una conexión poderosa. ¿Cómo hacerlo? Bríndale experiencias que lo enamoren, que lo llenen de razones para comprarte una y otra vez, que le permitan transformar su vida.

Quizás hayas escuchado que el dinero no compra la felicidad, y seguramente ya lo comprobaste. Aplicado al mundo de los negocios, el dinero no lo es todo y no te garantiza el éxito. Este es el resultado de tus acciones y decisiones, de lo que seas capaz de hacer por el bienestar de tu cliente, de la solución que le des a su problema. En otras palabras, de que hagas buen marketing.


 

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