Comienza la segunda semana del año, el guayabo moral provocado por las fiestas decembrinas quedó en el pasado y, supongo, estás listo para comenzar la brega que te permita cumplir tus sueños en este 2017. No hemos llegado a la primera mitad de enero, pero yo siento que estoy en abril o mayo, porque estos primeros días los aproveché al máximo en lo que más me apasiona: mi familia y mi trabajo.

Desde finales del año pasado he hablado de los webinarios, una herramienta muy poderosa que espero te sirva para que tu negocio dé ese salto de calidad que ansías. En las notas anteriores (Los webinarios: la joya de la coronaWebinarios: una buena imagen vale más que mil palabrasLos webinarios, perfectos para romper el hielo y Beneficios ocultos de los webinarios: los superpoderes), te conté con detalle los usos y beneficios de los seminarios web.

Como asumo que durante la temporada de fin de año dedicaste un ratico para reflexionar acerca de lo que necesitas hacer para que 2017 sea el mejor año de tu vida, continúo la serie con un tema trascendental: ¿Qué herramientas se necesitan para que un webinario sea una experiencia exitosa y te ayude a cumplir con los objetivos propuestos? Presta atención a la información que te voy a dar, porque es como oro puro.

Quizás alguna vez fuiste testigo de los problemas que se le presentaron a un compañero de trabajo o a un amigo al hacer una presentación muy importante, en cuya preparación dedicó tiempo y esfuerzo, y a la hora de la verdad no funcionó. ¡Qué oso!, dirían los jóvenes de finales del siglo pasado. Estoy seguro que no hay una situación más incómoda, de esas que, literalmente, provocan que a uno le dé pena ajena.

Más allá de esa fea sensación, debes pensar en el daño que pueden sufrir tu negocio y tu imagen: en este caso, sí vale el qué dirán. Imagínate si el voz a voz se activa y tus clientes, no solo aquellos que fueron testigos de los problemas, se enteran. Tu credibilidad se irá al piso y será muy difícil levantarla otra vez, al tiempo que las expectativas de ventas se derrumbarán. ¡Un costo demasiado elevado por algo que puedes evitar!

Un webinario, debes asumirlo así, es un actividad superprofesional, que requiere que ningún detalle sea dejado al azar. Si eres fan de Shakira, habrás oído de lo exigente que es la barranquillera en la antesala de un concierto: ¡Ella misma revisa hasta el mínimo detalle! No se puede dar el lujo de que algo salga mal, porque los medios y el público la devorarían. Por eso mismo, es una megaestrella del espectáculo, y el precio de la boleta más costosa está plenamente justificado.

Lo primero que requieres es un buen computador, un Mac o un PC, el que prefieras, pero de muy buena configuración. Recuerda que vas a transmitir imágenes, así que no puede ser una máquina limitada, de esas que uno destina para que los hijos jueguen. Igualmente, debes tener una conexión a internet de alta velocidad, con un ingrediente especial: una elevada velocidad de subida (lo puede coordinar con tu proveedor).

Debes tener dos monitores, o puedes habilitar tu iPad o tableta como pantalla auxiliar. ¿Por qué? Porque tener todo el control en una sola pantalla es prácticamente imposible, así seas muy versátil. Además, te sirve como telepromter, para que vayas corriendo tu presentación y la actividad fluya de manera natural. Recuerda: es mejor prevenir. Es indispensable, así mismo, un segundo computador para grabar tu webinario.

Si bien hoy la tecnología ofrece la posibilidad de compartir la pantalla, de que tus clientes te vean, en un webinario lo más importante es la voz: es como un programa de radio. ¡El sonido es lo más importante! Requieres, entonces, un micrófono profesional en el que las palabras, los ruidos, la música y hasta los silencios se perciban perfectamente. Lo mismo ocurre con los audífonos: deben ser de esos que te abstraigan del mundo exterior, no con los que uno habla por el teléfono.

Por último, suele ser muy útil una tableta de escritura, que te permite mantener activa a tu audiencia, evitar que se distraiga. Quizás algunos de los puntos que acabo de enumerar te parecieron obvios, y tienes razón. Sin embargo, precisamente por obvios es que suelen ser los obstáculos más comunes a la hora de hacer un webinario, las principales razones por las que la actividad fracasa. En la próxima entrega profundizaré el tema y verás que no es algo menor. Hasta pronto…

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