No importa en qué lugar del mundo estés, los actuales no son días agradables. Por una razón u otra, o por la sumatoria de diferentes razones, el mundo está convulsionado y, lo peor, cunde el pánico. Son horas de alta sensibilidad, en las que nos damos cuenta de cuán frágiles somos, de cuán vulnerables somos, de cuán pequeños somos ante la fuerza de la naturaleza.

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Desde hace días, recibo decenas de correos relacionados con el miedo, estrategias para blindar tu negocio contra el coronavirus, ofertas descabelladas y una que otra solución mágica a todos tus problemas mientras te cuidas en casa. No voy a ser uno más en esa lista, te lo aseguro. Este, más bien, es un mensaje de reflexión y de esperanza, una invitación a que no te dejes llevar por la histeria.

Son tantas las tormentas que he atravesado en mi vida, que ya me acostumbré a ellas. Y cuando digo tormentas me refiero a dificultades, a las consecuencias de mis errores y malas decisiones, a negocios fallidos y a traiciones de personas en las que confiaba ciegamente. Pero, también, a los fenómenos naturales que están lejos de mi control, como los huracanes o esta epidemia.

Como sicólogo de profesión y como marquetero de oficio en los últimos 22 años, tengo la autoridad para decirte que estas crisis no solo pueden ser buenas, sino que además son necesarias. La vida, amigo mío, no es un camino de pétalos, sino que más bien abundan las espinas. Entonces, es imprescindible aprender a gestionarlas y, sobre todo, a aprovecharlas.

He aprendido con los años, y los tropiezos, que si desarrollas esa habilidad no solo vas a estar en capacidad de superar esos momentos de incertidumbre, sino que también vas a salir fortalecido. Lo conseguirás en la medida en que aprendas de tus errores, en que corrijas los hábitos y las decisiones que los provocaron, en que tengas la humildad y la sabiduría para aceptarlos.

Las crisis, además, tienen una virtud: muestran lo mejor y lo peor de cada ser humano. Y esta ocasión no es la excepción. Por supuesto, cada uno elige de qué lado está y no todos están del lado correcto. He escuchado críticas a quienes han ofrecido sus productos en estos días, dizque porque “se están aprovechando de la situación”, pero no puedo estar más en desacuerdo.

¿Por qué? Si tienes un negocio, necesitas que produzca. Si tienes algo que pueda servirles a tus clientes, ¿por qué no ofrecerlo? Si puedes ayudar a otros con tu conocimiento y experiencia, en especial en situaciones críticas como esta, ¿por qué negarte la oportunidad? Mientras no sea una estafa, mientras no especules con el precio, mientras no engañes, ese es tu trabajo: ¡hazlo!

Entre otras razones, porque una de las premisas fundamentales para no ser parte del caos de una situación crítica como la actual es mantener ocupada la mente en algo positivo, en algo que te guste, en algo que te apasione. Si es tu trabajo, mucho mejor. Ese, sin embargo, para mí es el menor de los problemas en este caso, porque hay otros aspectos que son mucho más relevantes.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

En situaciones de crisis, tu prioridad es cuidar de ti y de los tuyos.


Inclusive las peores situaciones que enfrentamos en la vida, como esta crisis provocada por la epidemia de coronavirus, encierra poderosas y valiosas lecciones que debemos aprender y aprovechar. Las personas exitosas son aquellas que salen fortalecidas de las tormentas…


A continuación, te comparto las reflexiones que he hecho en estos días, que espero te ayuden a comprender que, por más oscuro que esté el panorama, cada situación tiene algo positivo:

1.- Somos vulnerables. Nos guste o no, nos resulte fácil aceptarlo o no, esa es la realidad. Hay demasiados riesgos en el exterior y no los podemos controlar. Como personas y como negocios, estamos expuestos a peligros que nos ponen a prueba o que, en el peor de los casos, pueden provocar nuestro fin. Olvídate de creerte intocable, invencible, porque la soberbia se paga caro.

2.- Tu prioridad es cuidarte. Como consecuencia de lo anterior, tu primera tarea es velar por ti, por tu salud, por el bienestar de quienes te rodean. Que, si no eres parte de la solución, te asegures de no ser el problema. No se trata de un sacrificio o algo por el estilo, sino de ser consciente de cuán valioso eres, de lo que representas para tu familia, para la sociedad. ¡Cuidarte es tu prioridad!

3.- Controla tus emociones. El pánico es el peor consejero en tiempos de crisis. En la vida, en los negocios, en las relaciones, en lo que sea. Mantener la calma, pensar antes de actuar y no dejarte llevar por las emociones es imprescindible para evitar errores que pueden ser costosos. Tener miedo es algo propio de los humanos, pero permitir que te dominen es otorgarles poder sobre ti.

4.- No lo puedes controlar todo. Esta es una de las lecciones más sabias que puedes aprender. Hay hechos que no puedes controlar, pero sí puedes controlar el impacto que ellos producen en tu vida. Mantener la tranquilidad, actuar con mesura, pensar en el bienestar del otro y ayudar al que lo necesite son acciones que, sin duda, contribuirán a que la situación sea más tolerable.

5.- Sé responsable. Nadie está solo en el mundo, así que tiene una responsabilidad con el resto de la humanidad, en especial con quienes lo rodean. Eso implica autocuidado, no provocar pánico, no difundir mentiras, no exponerse de manera innecesaria. Hay momentos en los que, inclusive contra nuestra voluntad, requerimos ser disciplinados socialmente. Si no eres parte de la solución…

6.- Cuídate de la desinformación. No solo en relación con esta crisis de coronavirus, sino con muchos temas relacionados con nuestro quehacer como emprendedores, están infestados por las fake news. Redes sociales, páginas web y hasta medios de comunicación son muy ligeros a la hora de publicar ciertas informaciones que solo conducen al engaño y, en este caso, a generar pánico.

7.- Y tú, ¿cómo puedes ayudar? Esta es una pregunta que todos nos debemos hacer, en especial en tiempos de crisis. ¿Puedo ayudar? ¿Para qué sirven mi conocimiento, mi experiencia, mi pasión, mis dones y talentos? ¿A quién benefician? Recuerda que la única razón por la cual estamos en este mundo es para ayudar a los otros y, también, que servir es el mejor negocio del mundo.

Hay mucho de esta crisis provocada por la epidemia del coronavirus que no entiendo, pero de algo estoy seguro: solo quiero ser parte de la solución. Si eso significa quedarme en casa con mi familia, lo haré con gusto. No son días agradables, pero no quiero que me invada la histeria colectiva, no quiero que el pánico me lleve a cometer errores, no quiero desaprovechar esta oportunidad.

Sí, porque las peores situaciones de la vida, las más dolorosas, aquellas que nos dejan huellas y cicatrices, también encierran valiosos aprendizajes. Depende de cada no aprovecharlos o no. Por eso, mientras se supera la emergencia, me dedicaré a cuidar de mí y de mi familia y continuaré en la tarea de estar a tu disposición bien sea como sicólogo, como emprendedor o como amigo


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