Los humanos somos seres muy particulares: a veces, por distraernos con un árbol, no vemos el bosque; por distraernos con el bosque, no vemos la gran montaña; por distraernos con la gran montaña, no vemos el horizonte completo. Y así se nos pasa la vida, así se nos va la vida.

Vivimos sujetos a lo que dicen los demás, a lo que nos dicen los demás, a lo que los demás dicen de nosotros. Parece un trabalenguas y quizás así sea la vida de muchos: enredada. Y nosotros mismos también nos enfocamos en aquello que es ajeno, que es externo, y no nos damos cuenta de la riqueza que llevamos dentro.

Hay dos inconvenientes con los que el emprendedor se enfrenta día a día. El primero de ellos es creer que el éxito está ligado a la producción abundante de dinero, cuando en realidad es compartir abundante felicidad. El segundo es darse el lujo de vivir una vida cómoda, con riqueza material, pero lejana de sus sueños, de la riqueza espiritual.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

A veces, por ver el bosque no observamos las montañas.

Cuando te desvías por el primer camino, tarde o temprano una sensación de vacío va a invadir tu corazón. “¿Por qué me siento así si lo tengo todo?”, te preguntarás. La respuesta la obtendrás en el momento en que te des cuenta de que el dinero no es el fin de tu vida, de tu negocio, sin un medio o una consecuencia.

Todos en algún momento creímos que la felicidad era el dinero. Sin embargo, algunos aprendimos que el mejor negocio del mundo no es vender, sino servir, y entendimos que mucho o poco el dinero no es más que una herramienta. Entonces, cambió nuestro enfoque: lo que nos brinda satisfacción es ofrecerles a otros una mano amiga, una ayuda.

Cuando tomas el segundo camino te resulta difícil, muy difícil, salir de la zona de confort. “¿Si tengo todo lo que quiero y necesito, para qué me esfuerzo más?”, preguntan algunos. Luego, con el paso del tiempo, cuando ven que aquello que lograron no tenía un verdadero sentido, no los colmó de felicidad y satisfacción, vienen el llanto y el crujir de dientes.

Vivimos en una sociedad que nos marca pautas que, contrario a lo que nos dicen, no nos conducen a la felicidad. Y como borregos, actuamos dócilmente y seguimos por el camino que nos trazan sin darnos cuenta de lo que sacrificamos. Eventualmente, en algún momento reaccionamos y nos damos la oportunidad de vivir una verdadera vida.

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Salirse de la zona de confort es algo difícil, muy difícil.

Si te tomas el tiempo de investigar acerca de la vida de las personas que marcan la historia, las que combinan éxito, felicidad y dinero, verás factores comunes. Uno de ellos, de los más importantes, es que hacen lo que les gusta, se dedican a lo que les apasiona. Entonces, más que trabajar, lo que hacen cada día es disfrutar de la vida.

¿Qué buscamos?

Lo hacen junto con otros, que se llaman compañeros, colegas o socios. Trazan un camino y fijan unos objetivos comunes, porque entienden que es eso, justamente eso, lo que les dará la retribución que esperan. Disfrutan la vida porque nunca están solos, porque aprenden constantemente, porque comparten fortalezas y debilidades con los demás.

Muchas personas escogen los atajos, y llegan a callejones sin salida. Otros buscan los caminos fáciles, y terminan en parajes vacíos. Otros, en cambio, preferimos hacerle caso al corazón y perseguimos nuestros sueños, y nos enfrentamos a un trayecto lleno de dificultades, de traiciones, de sinsabores, de fracasos, de inconvenientes.

La diferencia radica en que cuando llegamos a donde queremos encontramos todo lo que necesitamos. Y no es propiamente dinero. Es bienestar, es tranquilidad, es el placer de ayudar a otros, es crecer con nuestras familias y amigos, es gozar de la naturaleza y de las maravillas que nos regala el mundo. Para eso ayuda el dinero, pero no es el dinero lo que da felicidad.

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A veces, actuamos como dóciles borregos.

Conozco a muchas buenas personas que tienen buenas ideas que han llevado a la realidad en buenos negocios. Sin embargo, no son felices, su vida está vacía y están a punto de tirar la toalla. Cuando converso con ellos, cuando me cuentan sus cuitas, descubro que las prioridades están trastocadas. Pierden su tiempo haciendo algo que no aman.

Dicen por ahí que la mejor forma de encontrar el amor es no buscarlo, porque él llega solo. Lo mismo ocurre con el dinero: la mejor forma de encontrarlo es sirviendo, generando bienestar, compartiendo conocimiento. Cuando entiendas esto, cuando lo practiques, verás cómo los planetas se alinean a tu favor y todo fluye, hasta el dinero.


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