Hace un par de semanas tuve el honor de dictar una charla en Santo Domingo. El año pasado, conocí República Dominicana con ocasión del primer Comando Secreto, el grupo élite de emprendedores latinoamericanos que dirigimos con mi socio Gus Sevilla. Ahora, mi amigo Emil Montás me invitó para conversar con los integrantes de su Club de Emprendedores Inmobiliarios.

Regresar a lugares en donde uno ha sido bien tratado, donde se siente como en casa, siempre es una experiencia enriquecedora. Y esta, por supuesto, lo fue. Si bien fue una visita relámpago, de un día para otro, los aprendizajes fueron muy valiosos: el entusiasmo de la gente, su espíritu emprendedor, su vocación de servicio y, sobre todo, sus ganas de aprender son inspiradoras.

La charla se basó en los postulados de mi libro best seller 8 Reglas de los emprendedores exitosos. Un kit de herramientas básicas, pero muy poderosas, que pueden ayudarte a construir un negocio exitoso. No importa si es en internet o fuera de la red. Lo importante es que quieras transmitir el conocimiento y la experiencia adquiridos para ayudar a otros a transformar su vida.


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Como suele ocurrir cuando me enfrento a un público con el que jamás había tenido contacto, la inquietud lógica fue, ¿cómo logré convertirme en referente del mercado? Muchos creen que hay una fórmula mágica o un libreto perfecto, que se requiere algo de magia. Nada más alejado de la verdad. Por eso, compartí con ellos algo que, seguramente, a ti también puede ayudarte.

Soy sicólogo clínico, uno muy bueno, pero por diferentes circunstancias salí de mi país y terminé convertido en emprendedor digital. Me gustaban mucho los computadores y todo lo que tenía que ver con tecnología. Por allá en 1996, tuve mi primer con los precursores de internet: me conectaba con tarifa telefónica internacional a Estados Unidos. Eso me abrió la mente a un mundo ilimitado.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Desde hace dos décadas, las posibilidades que brinda internet están al alcance de cualquiera.

La primera inquietud que tuve fue cómo aprovechar esta posibilidad que acababa de conocer para transformarla en un negocio rentable. En otras palabras, cómo vender por internet, cómo vender mis propios productos o servicios por internet. Empecé a investigar y a tocar puertas. En los bancos, donde acudí para averiguar sobre pagos electrónicos, me decían que estaba loco.

La mayoría de las personas me decía que no tenía idea de qué era internet. Y me aseguraban que el pago con tarjeta de crédito por internet era un riesgo, algo imposible: que se daba para robos y fraudes. Fueron muchos los obstáculos que se interpusieron en mi deseo de aprender. Era peor que hablarle a una pared: me miraban con desconfianza, con la desconfianza de la ignorancia.

Además, mi situación laboral tocó fondo (se acabó el contrato y no lo renovaron) y el país vivía épocas difíciles por la guerra que libraban el Estado y los narcotraficantes encabezados por Pablo Escobar. Como estudiante recién egresado, pronto vi que no tenía futuro allí, a pesar de ser mi país. Entonces, aprovechando que soy bilingüe, empaqué maletas y me vine a Estados Unidos.


En internet puedes generar ingresos adicionales o crear una empresa que no tenga que
envidiarles a otras tradicionales dentro o fuera de la red. Y las empresas tradicionales puede
crecer, conseguir más y mejores clientes haciendo un mejor marketing en estos canales.


Quería construir un mejor porvenir, pero mi idea no era quedarme a vivir. Simplemente, buscaba el conocimiento al que no tenía acceso en Colombia. Era un momento difícil, pero privilegiado: difícil, porque muy poca gente sabía de internet; privilegiado, porque todo estaba por hacer: no había modelos a seguir, ni sistemas probados, ni casos de éxito. ¡Había que construir todo!

Todo era incierto y no se sabía qué era bueno o qué era malo. Entonces, cometí muchos errores, fue un largo proceso de prueba y error, caerse y levantarse, caerse y levantarse otra vez. Nunca perdí el ánimo y ocurrieron muchas otras cosas que me sirvieron para proyectarme a convertirme en lo que soy hoy. No lo disfruté en aquel momento, pero ese sin duda es la base de mi éxito.

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Comencé hace dos décadas y aún hoy no dejo de aprender: es lo que más me gusta.

Para que te des una idea, en esa época era imposible pensar en publicar un video por internet, no se podían incluir audios, no existían Facebook, Youtube o Google. Las publicaciones eran solo texto y algunas tenían fotos muy pequeñas porque tampoco había cámaras digitales. En medio de esas limitaciones, mi intención era aprender la parte técnica para tener presencia en internet.

De manera arcaica, monté algo que se llamaba ColombiaIndex, que era como un directorio al estilo Google, pero manual (no automatizado), de los recursos que encontraba de Colombia. Se generó tanto tráfico, que una empresa canadiense de servicios por internet se fijó en mí. “Venga y aprendemos todos juntos”, me dijeron. Con ellos tuve la posibilidad de aprender la parte técnica.

De ese directorio, la página con más tráfico era una relacionada con Gabriel García Márquez, el Premio Nobel de Literatura colombiano. Otra empresa a la que le llamó la atención mis resultados fue Amazon.com, que por supuesto era muy distinta a lo que conocemos hoy. Se autodenominaba ‘La librería más grande del mundo’ y, claro, solo vendía libros.


Cometí muchos errores, fue un largo proceso de prueba y error, caerse y levantarse, caerse y
levantarse otra vez. Nunca perdí el ánimo y ocurrieron muchas cosas que me sirvieron para
proyectarme a convertirme en lo que soy hoy. Yo lo hice, ¡tú puedes hacerlo también!


Por aquella época, finales de los 90, Amazon popularizó un concepto que no es nuevo, que no es su creación y que tampoco es exclusivo del marketing: los programas de afiliados. Es un esquema a través del cual puedes vender productos de otras personas y ganar una comisión. Me inscribí en su programa de afiliados y empecé a vender libros de Gabo en inglés, en alemán, en japonés, en chino…

Aunque nunca tuve en mis manos un libro de esos, ¡comencé a ganar dinero! Ese fue el disparador que me motivó a aprender más. Quería saberlo todo para ganar más dinero. Luego, año de 1998, nació una empresa que hoy es líder mundial con productos digitales y me resolvió el problema que me frenó en Colombia: el pago con tarjeta de crédito a través de internet. ¡Eureka!

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Las dificultades abundaron, nunca se fueron, pero dejaron grandes aprendizajes.

Entonces, creé mi primer curso, labor que me tomó un año. Fue algo increíble, desgastante, pero un gran aprendizaje. Así fue como comencé, a punta de prueba y error. Mucho error, sobre todo. No había modelos de éxito así que tocó inventar todo. Desde entonces y hasta hoy, ha sido como una montaña rusa: subidas, caídas, pero me fascina porque es lo que realmente me apasiona.

Fíjate cómo mi ser emprendedor ha girado en torno de lo que me apasiona: los computadores y la posibilidad de transmitirles a otras personas mis conocimientos y experiencias. Mi misión es mostrarle al emprendedor latino que cualquiera puede tener un negocio (en internet o fuera de ahí), sin importar del presupuesto de que disponga. De hecho, se puede comenzar con muy poco.

Esto es lo que me apasiona. Llevo veinte años haciéndolo y he sido el mentor de muchas personas que hoy son reconocidas en el mercado: o fueron alumnos míos o yo fui su inspiración o con el paso del tiempo terminamos haciendo negocios en conjunto. Cuando comencé, solo tenía ganas: de aprender, de servir, de compartir, de construir un futuro diferente al que mi país me ofrecía.

Moraleja: si yo pude hacerlo en aquel momento, con tantas limitaciones, tú puedes hacerlo hoy, cuando hay grandes facilidades. Solo necesitas convencerte de que puedes hacerlo y dar el primer paso: tomar acción. Después llega todo lo demás, incluido el conocimiento. Me ilusiona pensar que tú puedes ser mi próximo caso de éxito: ¡ven, caminemos juntos, construyamos el éxito!


 

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