Hace unas semanas, durante una sesión de consultoría con un cliente, me hicieron una de esas preguntas que, como decíamos en la época de estudiantes, me corchó. Quien me la formuló es un joven, menor de 30 años, al que conocí durante un evento el año pasado y, desde entonces, se ha mostrado muy acucioso por aprender de los negocios en internet.

“Álvaro: ¿en qué momento te diste cuenta que eras una persona exitosa?”. Cuando escuché esas 12 palabras, por unos segundos, unos largos y lentos segundos, me quedé en silencio. Estaba estupefacto, impactado, esos boxeadores a los que el rival les acaba de propinar y un duro golpe con un gancho de izquierda en plena mandíbula.

Haz de cuenta que es una escena de tu serie favorita en la que, justo cuando va a ocurrir algo importante, hacen un corte para mostrar publicidad. Ese universo, entonces, queda en suspenso, mientras vuelve la acción. Así estuve yo durante esos segundos, que no sé cuántos fueron, antes de poder experimentar una reacción y regresar a la realidad.

Lo primero que se pasó por mi mente fue “¿Cómo sé que soy alguien exitoso?”, una pregunta que puede obtener múltiples respuestas. “¿Y si soy exitoso, cuán exitoso soy? ¿Cómo hago para medirlo?”. De repente, mi cabeza se convirtió en el ojo de un huracán que giraba a alta velocidad y amenazaba con llevarse lo que encontrara a su paso.

Unos segundos más tarde, sin embargo, todo volvió a la calma. Espabilé y me conecté otra vez con esa realidad, como esa persona que continuaba a la espera de una respuesta. Dado que sé cuál es el poder de las palabras y más si las expresa alguien como yo que tiene influencia sobre las personas, procuré ser prudente, pero también muy honesto:

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

El éxito es la actitud con la que asumimos la vida, con todo y sus contrastes.

“La verdad, te digo, no sé si soy exitoso. Y si algún día lo soy, no sé si me daré cuenta o si podré saber cuán feliz soy”. Esperaba que mi interlocutor reaccionara con un dejo de decepción, o que me atacara con una contrapregunta. Afortunadamente, lo que recibí fue un parte de tranquilidad: “Ah, qué bien. Yo pienso igual. Solo quería estar seguro”, dijo.

Desde ese momento, sin embargo, esa idea quedó dando vueltas en mi cabeza. Y como la paciencia no es propiamente una de mis virtudes, no me podía quedar así. Empecé a tratar de averiguar qué es eso del éxito, cómo se llega a él. Exploré en mi interior y busqué algunas lecturas que pudieran darme pistas, para alcanzar una definición.

Durante varias semanas, reflexioné acerca del tema. De hecho, le pregunté a mi esposa qué era el éxito para ella y me dio una respuesta completamente diferente a lo que yo tenía concebido. Luego, consulté a otras personas, conocidas de hace tiempo, pero no estrictamente ligadas a mis negocios por internet. ¿Resultado? Exactamente el mismo.


Eso que llamamos éxito no puede concebirse de otra forma que ser mejores
seres humanos a través de compartir nuestro conocimiento y experiencia con
otros, y ayudarlos a ser mejores también. El éxito es, también, la actitud.


Recurrí, entonces, al sicólogo que hay en mí, a ver si él era capaz de aportar algo de claridad a un asunto cada vez era más turbio. Ese otro yo, más racional y más apegado a lo que llamamos realidad, me llevó a una serie de reflexiones que, por supuesto, no son un postulado o una verdad. Son solo eso: mis reflexiones, y te las comparto.

1) El éxito no es un lugar: con frecuencia, los marketeros hablamos de “Vamos a llevarte allí donde están tus sueños, el éxito y la felicidad”. Por supuesto, se trata de una metáfora, de un giro literario conveniente para que tu mente ilustre ese bienestar que deseamos para ti. Pero, claro, el éxito no es un lugar, al éxito no se puede llegar.

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El éxito no es un lugar o un estado, sino un momento. Disfruta cada instante, sé feliz.

Esa es, sin duda, una de las principales dificultades que se atraviesan en el camino cuando hablamos de éxito. Así como la religión nos habla de un cielo o de un paraíso, y nos da detalles para que imaginemos ese lugar, la mente quiere saber también cómo es ese éxito. Y no es posible. No lo es, sencillamente, porque como afirmé ese lugar no existe.

2) Distinto para cada uno: la siguiente piedra en el camino es esta, por supuesto. Lo que para mí es éxito, quizás para ti no lo sea. Y de pronto tu idea de éxito no encaje con lo que yo pienso y deseo. Esto ocurre porque el éxito es una idea muy personal, particular, exclusiva de cada persona. Ninguna es mejor que la otra, solo es diferente.

En otras palabras, ¿eso qué significa? Que cada uno es exitoso a su manera, que no hay un libreto establecido para alcanzar el éxito y que nadie puede decirte qué debes hacer para ser exitoso. Esto, sin duda, puede producirles un choque terrible a algunas personas, pero para mí es la certeza más liberadora que pueda haber.

3) No es una construcción: ser exitoso no es lo mismo que decir “Voy a montar un negocio”. Entonces, tomas un curso, adquieres un conocimiento, pones en práctica unas estrategias, diseñas un producto y lo ofreces al público. Los clientes compran, tú recibes mucho dinero y colorín colorado, esta historia se ha acabado. Pero, el éxito no es así.

El éxito es un proceso que nunca se termina. Eso, para mí, es parte del encanto. De otra manera, nos enfrentaríamos a la incómoda situación de llegar al éxito o de construir el éxito, y listo. ¿Y después de eso, qué? ¿Se termina todo ahí? Como cada día de la vida es distinto y único, el éxito de ese día en particular es distinto y único también.

4) Es un descubrimiento: como nadie puede definirte el éxito, como no hay un manual escrito que te permita seguir una secuencia, como no es algo que se construya, necesitamos entender que el éxito consiste en explorar en nuestro interior en procura de identificar las características, dones y cualidades que nos hacen únicos y poderosos.

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Compartir con otro lo que somos y lo que tenemos es la fuente del éxito.

Solo siendo conscientes de esas herramientas que nos otorgaron, y potenciándolas, que no es algo distinto a ponerlas al servicio de los demás, estamos en capacidad de hallar nuestra mejor versión. ¿Y cuál es nuestra mejor versión? Aquella en la que podemos ser auténticos, en la que unimos sueños y pasiones, vocaciones y voluntades.

5) Es una experiencia: si bien anteriormente expresé que no es posible definir el éxito, estoy seguro de que cualquier ser humano se niega a aceptar esa respuesta. Necesitamos alguna explicación racional, porque nuestra naturaleza así lo exige. Por mi parte, descubrí que aquello que llamo éxito es esa sensación que experimento en ciertos momentos.

Cuando abrazo a mis hijas, cuando veo a mi esposa cuidar de ellas, cuando logro conducir a un emprendedor a cristalizar sus sueños, cuando cumplo una meta que me había propuesto, cuando recibo el afecto de mis clientes, cuando veo que tengo los recursos para darme la vida material que deseo. Esos instantes son éxito en su más pura esencia.

En estos últimos días del año, tiempo de balances, te invito a que midas tus logros bajo esta otra óptica: ¿lograste identificar tu propósito de vida, tu misión este mundo? ¿Alineaste eso con tus dones y virtudes para ser tu mejor versión? Si no fue así, no te preocupes, que la vida continúa y cada instante es una nueva oportunidad. ¡Aprovéchala!


 

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