A veces, uno se levanta con el pie izquierdo, como le dicen en Colombia a esa situación de vivir un mal día en el que nada sale bien. Es normal: la vida es una montaña rusa con subidas y bajadas, curvas peligrosas y mucho vértigo. Es normal y así debemos aceptarlo. Pero, ¿qué hacer cuando uno se levanta con el pie izquierdo día tras día, tras día?

Hola, soy Álvaro Mendoza, director de MercadeoGlobal.com, y tengo muchas ganas de compartir contigo este contenido de calidad. Agradezco y me motiva saber que estás ahí otra vez, del otro lado de la pantalla, dispuesto a darme la oportunidad de ayudarte. En los próximos minutos, espero cumplir mi compromiso de guiarte a cumplir tus sueños.

Cuando uno es emprendedor, uno de los momentos más difíciles de sobrellevar es cuando los momentos difíciles se repiten sin cesar. “¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Quién podrá ayudarme?”, son algunas de las preguntas que nos dan vueltas en la cabeza y nos atormentan. Como una pesadilla a media noche, se repiten una y otra vez.

Alguna vez, más de una vez, estuve en esa situación y déjame decirte que es algo que no se le desea ni a un enemigo. La sensación de impotencia es lo peor, para mí. Sentimos que el universo confabula en nuestra contra y que hagamos lo que hagamos todo va a salir mal. Son los momentos en que nos pasa por la cabeza la idea de tirar la toalla.

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A veces, las cosas no salen como esperamos: ¡es momento de regresar a lo básico!

De hecho, muchos la tiran. Se cansan de insistir, se cansan de resistir. No los juzgo, porque solo ellos saben cuán pesado era el lastre que cargaban. Otros aplican la reversa y regresan a ese trabajo convencional del que trataban de huir, pero que al menos les aporta una tranquilidad económica. El resto, muy pocos, perseveran y triunfan.

Una de las razones por las cuales es tan difícil salir de esta situación es que cometemos el error de mirarnos en la competencia. Sí, buscamos una excusa, una explicación, una justificación que sustente la decisión que deseamos tomar. Y nos equivocamos, porque miramos hacia afuera cuando deberíamos enfocarnos en lo de adentro.

¿Sabes a qué me refiero? Uno de los más grandes errores del ser humano, no solo de los emprendedores, es proyectar sus problemas. En sicología, proyectar es el mecanismo de defensa que empleamos para justificar sentimientos, pensamientos o impulsos propios que no queremos aceptar. En otras palabras, les echamos la culpa a los demás.

Nos preocupamos por buscar culpables: la competencia, el gobierno de turno, los vaivenes de la economía, el precio del petróleo, los medios de comunicación, en fin. O tu socio, o tu pareja, o tus padres, o tu secretaria… Lo que deberíamos hacer, más bien, es mirarnos al espejo y decirle a esa persona que vemos enfrente: “La culpa es tuya, tú eres la solución”.

Sí, aunque nos cueste trabajo, aunque nos provoque dolor, debemos aceptar que somos los únicos responsables de los resultados que obtenemos. Recuerda que el éxito y el fracaso son, nada más, producto de tus acciones y de tus decisiones. Si tus acciones y tus decisiones son equivocadas, no esperes acertar: la Ley de Murphy no tiene la culpa.

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Los cimientos son lo más importante de tu negocio: ¡nunca lo olvides!

Lo más doloroso es que la solución está ahí, cerquita, y no la vemos. Recuerdo que, cuando estaba en la etapa inicial del aprendizaje para convertirme en un emprendedor, mis mentores insistían, una y otra vez, en este concepto: “Si algo falla, vuelve a lo básico. Si nada funciona, vuelve a lo básico. Si todo sale bien, no te olvides de lo básico”.

Cuando nos enfocamos en el problema, cuando atribuimos el problema a factores externos, corremos el riesgo de quedarnos ahí eternamente. Sí, como si estuviéramos en un espiral sin fin, dando vueltas, vueltas y más vueltas. Esa, amigo mío, es una necedad: así no vas a superar el obstáculo. Necesitas regresar a lo básico y volver a comenzar.

“¿Álvaro, pero, eso no es perder tiempo?”, podrás preguntarme. No, la respuesta es un NO contundente. Por lo contrario, es dejar de perder tiempo. Es hallar alternativas, ver el camino por el que debemos transitar y empezar a avanzar. Es dejar de malgastar nuestros recursos, energías y herramientas en algo que no nos llevará a ningún lado.

La razón por la cual regresar a lo básico es la solución es que la mayoría de las veces el problema está en los cimientos. Un edificio no se cae por culpa del penthouse, sino porque los cimientos fallaron. Aunque reciba el golpe en el mentón, un boxeador cae solo cuando las piernas son incapaces de mantener el equilibrio. Y las piernas, para él, son los cimientos.

¿Entiendes? Necesitas hacer un alto, aceptar que puedes estar errado, tomarte un tiempo para revisar y, claro, corregir lo que está mal. Si tienes la posibilidad de hacerlo, consulta con tus mentores, háblales del problema y juntos busquen una solución. También puedes acudir a algún socio al que le tengas confianza y te dé una mirada distinta.

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Desesperarte y tirar la toalla no son opciones: haz lo correcto y continúa.

Y no descartes la opción de preguntarles a algunos de tus clientes más antiguos, a esos con los que tienes una sólida relación de confianza y credibilidad. ¡Ellos son tu faro en la oscura noche! Lo más seguro es que te des cuenta de que el origen del problema era más sencillo de lo que pensabas y, por eso, costó tanto trabajo identificarlo. ¡Suele ocurrir!

Recuerda que lo obvio es lo que más fácil se escapa de nuestra mirada. Lo que debes hacer es formularte las mismas preguntas que te ayudaron a construir tu negocio, las que sirvieron de cimientos: ¿Por qué hago esto?, ¿para qué hago esto?, ¿a quién voy a beneficiar?, ¿qué problema voy a solucionar?, ¿de qué manera lo voy a solucionar?

A todos nos ha sucedido que en algún punto del camino nos desviamos del objetivo que habíamos trazado. Nos fuimos por un rumbo equivocado y nos perdimos en el laberinto. No es el acabose. No es para tirar la toalla. No es para renunciar a tus sueños. Es solo un toque de alerta que te indica que algo funciona mal y que debes detenerte y corregir.

Mi abuelo, que tenía la sabiduría que solo te dan los años, solía decir cuando había problemas: “Mijo, no le busque cinco patas al gato, porque solo tiene cuatro”. En el marketing es igual: si nada funciona, no busques el problema donde no está. Vuelve a lo básico, revisa tus estrategias, haz un análisis honesto e implementa las soluciones.

Soy Álvaro Mendoza, director de MercadeoGlobal.com, y me siento muy agradecido de que me permitas ofrecerte este contenido de calidad. Si te gustó, no olvides darle un like y, por favor, compártelo con tus amigos para que ellos se beneficien. Y no te desconectes, porque todos los días publico informaciones especialmente preparadas para ti.

Chao chao…


 

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