Hace unos días, durante una sesión virtual con un grupo de clientes, uno de ellos, que apenas da los primeros pasos como emprendedor, me preguntó qué tan diferente era el marketing de cuando comencé al de ahora. ¡Wooowwww!, una pregunta apasionante, porque es de esas que te permite darte cuenta de cuánto has logrado, le das valor al tiempo que le dedicas a tu negocio.

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A la gran mayoría de las personas les desagrada hacer este viaje en el tiempo y recordar viejas épocas que, por lo general, significan recuerdos amargos, de situaciones difíciles. Para mí, en cambio, este viaje es una aventura apasionante porque me permite reencontrarme con mis raíces y valorar lo que tengo en el presente, que es justamente fruto de lo que hice en el pasado.

En otras ocasiones quizás hayas leído o me hayas escuchado decir que el internet de finales de los años 90 era un dinosaurio tecnológico. Computadores con una capacidad limitadísima, al punto que no soportaban video o imágenes grandes; además, no había banda ancha, así que la conexión era vía telefónica: no solo era lenta e inestable, sino que para usarla debías bloquear la línea.

En mi caso, por ejemplo, me conectaba especialmente en las noches, cuando ya la señora Julita, mi mamá, se había acostado. Los planes de conexión eran costosos, igual que las herramientas, y prácticamente no había nadie que te pudiera enseñar de cómo funcionaba la web y mucho menos de lo que era el marketing. A veces, me sentía como si viviera abandonado en una isla desierta.

Esa fue la razón por la que un día tomé la decisión más radical y más afortunada de mi vida: empaqué mi maleta, le rompí el corazón a Julita en la despedida y me vine para los Estados Unidos. El plan era estar allí un año, tratar de aprender de internet y de marketing y regresar a Colombia, pero han pasado casi 22 años y aquí estoy, en un escenario muy diferente al de entonces.

Más allá de esas anécdotas, que siempre es grato recordar más allá de las dificultades vividas, lo que me sorprende cuando regreso al pasado es constatar cuántas tareas debía realizar solo para alimentar mi web. No había WordPress, todo se trabajaba en lenguaje html (debí aprenderlo) y literalmente hacía las labores de webmaster, copywriter, diseñador e ingeniero de sistemas.

Después, el poco tiempo que me quedaba libre y las pocas energías que no había consumido las empleaba para tratar de hacer que mi negocio funcionara. Era agotador, te lo confieso, pero no había alternativa. Como te cuento, no había personas capacitadas y los pocos que te podían dar una mano cobraban en oro. Entonces, la única opción era ser un emprendedor camaleónico.

Eso es lo que actualmente se conoce como multitasking o multitarea. Y si bien antes era consideraba una cualidad, una virtud, hoy es un defecto, un error. Y cabe una aclaración para evitar los malentendidos: ser multitarea es realizar varias actividades de manera simultánea y que, además, cada una de ellas requiera un alto nivel de atención. Se requieren las dos condiciones.

Hoy, las actividades relacionadas con el marketing, especialmente con el digital, han abierto las puertas para una variedad de oficios. Community Manager, trafficker, desarrolladores web, animación e impresión 3D, programación, analista de big data, desarrollador de app y controller son, entre muchas otras, las nuevas labores específicas que demanda el entorno digital.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

El multitarea es un dinosaurio extinto: hoy se impone el trabajo en equipo.


La era digital supone múltiples retos para el emprendedor, pero también encierra riesgos como el de convertirnos en multitarea, una especie en vías de extinción. Este es un vicio muy peligroso que puede acabar no solo con tu negocio y con tu salud. Hoy se impone delegar y el trabajo en equipo.


Entonces, de la era de los toderos, los que debíamos hacerlo todo, pasamos a la era de los especialistas, de los que se concentran en no más de tres actividades u oficios. ¿Sabes a qué obedece esta tendencia? A garantizar mayor productividad, a evitar que el paso arrollador de la tecnología nos deje atrás, a brindarles a nuestros clientes una asesoría profesional idónea, integral.

Entonces, lo que se impone es el trabajo en equipo. Los superhéroes, amigo mío, son para las historietas y para el cine. Una de las habilidades más necesarias en el ámbito laboral del siglo XXI es saber delegar y, por si no lo sabías, también es una de las más escasas. De hecho, es una de las características que marcan la diferencia entre quienes alcanzan el éxito y quienes fracasan.

¿Por qué ser multitarea es un error? Veamos:

1.- Te agota. Eso de creerse productivo porque respondes emails mientras chateas y revisas el embudo de tu próxima campaña es un mito. Así, no solo le abres la puerta a la procrastinación, sino también a los errores. Y, aunque no lo sientas, vas minando tus fuerzas, vas perdiendo la claridad mental para tomar las decisiones adecuadas. Ser multitarea es un mal hábito.

2.- No cumples. Si bien durante un tiempo puedes ser capaz de evacuar todas las tareas sin inconveniente, va a llegar el momento en que estas sobrepasen tu capacidad operativa. ¿Y sabes qué va a pasar? Se acumularán las labores y tarde o temprano colapsarás. Forzarás, sin duda, pero eso solo se traducirá en un trabajo mediocre que no te ayudará a dejar satisfecho a tu cliente.

3.- Te expones. Algo que un emprendedor no puede olvidar es que él mismo es la marca. La confianza y la credibilidad del mercado dependen de sus acciones y decisiones y, en este caso, de la calidad de su trabajo. Y la calidad se refiere también a cumplir los tiempos, a garantizar un estándar alto. Cuando te vuelves multitarea te expones, les abres la puerta a riesgos innecesarios.

4.- Te desenfocas. Cuando tu cerebro está sometido a la presión de realizar dos, tres o más tareas simultáneas, todas con alto nivel de atención, no puede enfocarse. Se distrae fácilmente, no ve errores sencillos y es propenso a terminar cuanto antes, sacrificando la calidad. Por más organizado que creas ser, tu cerebro no está diseñado para trabajar así. Prioriza y planifica.

5.- Es trabajo, no la vida. Esto es algo que a la mayoría le cuesta entender y aceptar. Aunque sea tu negocio, no es más que trabajo y el trabajo no es la vida, no es toda la vida. Requieres hacer otras actividades que te permitan disfrutar, que te relajen, en las que puedas compartir con personas distintas y darles oportunidad a otras habilidades o talentos. También hay que vivir la vida.

Si bien no es una regla escrita, sabemos que el éxito y los resultados positivos en el ámbito laboral del siglo XXI están determinados por el trabajo en equipo. Los toderos son dinosaurios, una especie en extinción. Si quieres obtener resultados positivos y consistentes en el tiempo, a largo plazo, la premisa es delegar y trabajar en equipo. Dejarte ayudar es una decisión muy sabia.

Ser más productivo no es hacer más, sino hacerlo mejor y en menos tiempo, con menos esfuerzo. Ese es un aprendizaje que debes incorporar cuanto antes, si no quieres que la máquina, es decir, tu cuerpo, se funda por uso inadecuado y abuso. Ser productivo consiste en optimizar tu tiempo, en desarrollar la habilidad de cumplir a cabalidad con tus tareas y disfrutar la vida. ¡Sí es posible!