“Cuando a una mujer se le mete una idea en la cabeza, es más fácil arrancarle la cabeza que hacerla cambiar de idea”. Con esa frase, de inocultable tufillo machista, en las redes sociales y en la vida se buscar ridiculizar algo que hace muchos años fue una tendencia, pero que hoy es una feliz realidad: el empuje de las mujeres.

Sí, las valientes mujeres que cada día asumen nuevos roles en la sociedad y que, sobre todo, alcanzan más éxito en el ámbito de los negocios. Especialmente en nuestros países latinos, con una cultura claramente marcada por el patriarcado, a la mujer desde siempre se la educó para que estuviera al cuidado de la casa.

Muchas generaciones crecieron convencidas de que el rol de la mujer se restringía a la atención del esposo y la educación de los hijos; y, cuando los hijos llegaran a ser autónomos, a la atención del esposo y de los hijos y los nietos. Un esquema tan perverso que hasta el sistema educativo estaba diseñado para los hombres (y por los hombres, claro).

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

La irrupción de la mujer en los negocios es una excelente noticia.

Entrar a las aulas universitarias, en la segunda mitad del siglo pasado, fue un logro inconmensurable de las mujeres. Algunas ya lo habían hecho como maestras, pero eran muy pocas. Se abría el horizonte del conocimiento que, de manera increíble, se les había negado durante décadas. Y lo aprovecharon, vaya que lo aprovecharon.

Recuerdo que en los años 90, cuando cursé mis estudios de sicología en la Universidad Javeriana de Bogotá, los hombres éramos una minoría mínima (si se vale la expresión): por cada uno había cinco o seis mujeres. Y el fenómeno se repetía en Comunicación Social, en Odontología, en Enfermería.

Sin embargo, en el ámbito laboral se acababa la dicha: ¡Puros hombres! Los puestos para las mujeres eran los de la secretaria, las señoras de servicios generales y una que otra, solo una que otra, era aprendiz o novata. ¿Directivas o en jefaturas? Prácticamente ninguna. Y las condiciones eran claramente inferiores, sobre todo, las salariales.

Llevo casi dos décadas en el mundo de los negocios por internet, y prácticamente solo me crucé con hombres durante este tiempo: compañeros, colegas, competencia, solo hombres. Felizmente, es algo que cambió en los últimos años. De hecho, en varios de los eventos a los que asistí recientemente, la grata novedad fue la presencia de muchas emprendedoras.

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La mujer es multitarea: le alcanza el tiempo para cumplir con todas las tareas.

Y que quede claro: novedad no porque fueran mujeres, sino por su valor. El mundo laboral, y también el de los negocios, fue creado por los hombres y para los hombres. Si bien a las mujeres desde hace algún tiempo se les abrió un espacio, siempre fue restringido, con un claro aroma discriminatorio producto de los cánones de una sociedad machista.

Y les costó mucho a las mujeres ganarse espacios, llegar a las altas esferas y tener el derecho a sentarse en los puestos directivos, dirigir equipos, tomar decisiones. ¿Mujeres emprendedoras? Si bien siempre las hubo, en emprendimientos no convencionales, el concepto de mujeres dueñas de sus propias empresas sí es nuevo, y revolucionario.

El trabajo más difícil

Fue el resultado de una larga búsqueda, de un intenso trabajo tendiente a conseguir libertad e independencia, sin que eso significara dejar atrás los roles clásicos asignados a la mujer: criar a los hijos, atender al esposo, cuidar de la casa. Lo pueden hacer todo, ¡y lo hacen bien! No sé cómo lo hacen, pero lo hacen todo, ¡y lo hacen bien!

Ahora, déjame hacerte una pregunta: ¿Conoces algún emprendimiento más exigente que criar a los hijos, atender al esposo y cuidar de la casa? ¡Ese es el trabajo más difícil del mundo!, porque no hay escuelas que te formen para eso, porque la mejor maestra no puede darte las claves del éxito.

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La mujer es tan organizada, que en su agenda puede incluir un poco de tiempo para ella.

Además, porque cuando crees que aprendiste te cambian las reglas, porque es un trabajo de toda la vida, y sin remuneración económica alguna. Personalmente, he tenido la inmensa fortuna de vivir rodeado de fantásticas mujeres y, además, empresarias exitosas. Conozco de primera mano el valor de la mujer en ambos ámbitos: el hogar y el trabajo.

Y lo admiro; soy producto de ello. Por eso, durante tantos años en el mundo de los negocios por internet, extrañé la presencia de las mujeres, porque estaba convencido de que participación no solo iba a refrescar el ambiente, sino que, sobre todo, lo iba a mejorar. Y así fue: los hechos me dan la razón.

Las mujeres, que esperaron largo rato antes de que se les brindaran oportunidades, supieron aprovecharlas. ¡Y de qué manera! Si concebimos que la presencia de las mujeres en la empresa, especialmente en los círculos directivos, fue una gran revolución, un revolcón, lo ocurrido en el mundo del emprendimiento es casi imposible de calificar.

El contacto con las mujeres me brindó una lección que no podría pagar con todo el dinero del mundo: ¡Que no hay límites! De la misma manera en que se enfrentan al reto doméstico, asumen las responsabilidades empresariales. Las mujeres nos enseñaron que existen otros códigos, otras maneras de ser y de hacer.

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La mujer no se conforma con ser capacitada: quiere ser la mejor en cualquier rol que desempeñe.

La mujer logró una combinación que los hombres todavía no desciframos, y que estamos muy lejos de dominar: sensatez + sentimientos. Los hombres, que desde siempre tuvimos el privilegio de fijar unas reglas que nos convenían, nos acostumbramos a jugar con un limitado número de cartas. Y cada vez nos sirven menos.

La irrupción de las mujeres, mientras, supuso un cambio drástico: la única regla es que ¡no hay reglas! Un nuevo juego. Si los hombres que hemos alcanzado un nivel de éxito en los negocios, que hemos conseguido aquello que alguna vez nos propusimos, actuáramos con reglas de mujer, estaríamos en una galaxia diferente.

Sin embargo, y aunque nos esforzamos por convencernos de lo contrario, actuamos con demasiada sensatez, de manera muy racional, y por eso mismo estamos limitados. ¡Y tenemos miedo de que esto cambie! Con la irrupción de la mujer en el mundo de los negocios, del emprendimiento, entendimos que no existen los límites.

Aprendimos, sobre todo, que más allá de las teorías racionales que son muy útiles, la clave del éxito está en dos virtudes muy femeninas: los sentimientos y la pasión. ¿Conoces a alguien con mayor más carga de sentimientos y más pasión que una madre?  Y una mujer, una madre, conoce perfectamente los secretos, todos, ser la mejor madre.

Estoy seguro es que fue lo mejor que pudo ocurrir. Con su particular forma de ver y de hacer las cosas, de asumirlas y de sentirlas, las mujeres reinventaron los negocios por internet. Algunas ya alcanzaron el éxito y, sin duda, muchísimas más lo harán. Una idea que se les metió en la cabeza y que no fue posible sacarla de allí…


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