Fue una pionera de las emprendedoras, pero sobre todo fue una revolucionaria. Hasta cierto punto, también una reaccionaria. E innovadora. A mediados del siglo pasado, Mary Kay Ash tuvo el atrevimiento de pelear por los derechos de la mujer, poco menos que una herejía en ese tiempo. Esa, sin embargo, fue solo una de sus facetas.

Luego edificó una empresa que, más allá de hacerla millonaria, fue el punto de partida del grito de libertad de cientos de mujeres en todo el mundo. Mary Kathleen Wagner, su nombre de pila, nació el 12 de mayo de 1918 en Hot Wells (Texas), y pasó gran parte de su niñez recluida en casa, cuidando a su padre enfermo de tuberculosis.

El sustento familiar corría por cuenta de su madre, que trabajaba 14 horas diarias en un restaurante para sacarlos adelante. No era lo común en esa época, pero alguien tenía que hacer el trabajo. Y fue esa madre luchadora la que marcó el carácter y el espíritu de Mary Kay, que se inspiró en una frase que escuchó cientos de veces.

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Mary Kay Ash edificó una empresa que se convirtió en el grito de libertad de cientos de mujeres.

¿Cuál?: “¡Tú puedes hacerlo!”. Su otra gran influencia fue Dorothy Zapp, su vecina, hija de una familia acomodada que la acogió como propia a sabiendas de las dificultades materiales que padecía. Fue a ella a la que Mary Kay, años más tarde, reconoció como el motor que la impulsó a ser más competitiva, la que prendió la llama de la inspiración.

Mary Kay fue una brillante alumna en la secundaria, pero no pudo ingresar a la universidad por falta de dinero. Entonces, tomó el camino que era común para las mujeres en aquella época: con tan solo 17 años, se casó con Ben Rogers. Al poco tiempo, nacieron sus hijos Ben, Marylin y Richard. Excesivas responsabilidades para una joven pareja.

No fueron tiempos fáciles, porque Estados Unidos no acababa de reponerse de los efectos de la Gran Depresión y el dinero escaseaba. Para colmo, tras 10 años de matrimonio, al regresar de la II Guerra Mundial, su esposo le pidió el divorcio y la dejó a cargo de los niños, todos menores de diez años. ¡Se le vino el mundo encima!

No tenía preparación, ni siquiera sabía conducir un auto, pero no tuvo más remedio que empezar a trabajar tiempo completo. Empezó vendiendo libros sobre sicología infantil, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba explorar otro campo en el que los productos se vendieran una y otra vez, para disponer de un flujo de ingresos continuo.

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Mary Kay usó su empresa para inspirar a otras mujeres a ayudarse para alcanzar el éxito.

Entonces, ingresó a Stanley Home Products, una empresa de venta directa que ofrecía artículos para el hogar y la limpieza, en la que no logró sobresalir hasta que, durante la convención anual de la empresa, conoció a la reina de las ventas que le compartió algunos consejos, especialmente el del reconocimiento de los logros. ¡Ese fue su despegue!

Y también fue el modelo de la filosofía que tiempo después implementó en su empresa. Más tarde, en los albores de los años 50, dejó esa empresa y se fue para World Gift Co., en la que protagonizó una singular carrera: en menos de diez años pasó de ser una vendedora más a un miembro de la junta de directores.

Luchadora incansable

¡A mediados del siglo XX, una mujer en una junta directiva! Algo increíble que hablaba bien de su talento y de su capacidad, pero que no le evitó enfrentarse a un ambiente claramente machista. “Ay, Mary Kay, estás pensando como una mujer”, era la frase que escuchaba como respuesta a sus propuestas y que le desataba ataques de ira.

Y fue la misma frase que la hartó de la discriminación y por la que, en 1962, tomó la decisión de renunciar luego de que a un hombre joven, al que ella misma había entrenado, le dieron el puesto al que Mary Kay aspiraba. ¡Esa fue la gota que rebosó la copa! Como es obvio, los sentimientos de frustración y de rabia la invadieron.

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Mary Kay, en los cuarteles centrales de su empresa, en los suburbios de Dallas (Texas).

Y estuvo a punto de tirar la toalla. De hecho, decidió darse un respiro, y se dedicó a escribir un libro en el que plasmó sus experiencias, especialmente las negativas, para orientar a otras mujeres que ansiaban alcanzar el éxito. Cuando terminó de escribir, vio que tenía un completo plan de negocios que sirvió para comenzar su propia empresa.

Con Richard Rogers, uno de sus hijos, de solo 20 años, invirtió 5000 dólares (sus ahorros de toda la vida) y creó Mary Kay Cosmetics, en un pequeño local en Dallas (Texas). Abrió el 13 de septiembre de 1963, con cinco productos y un gran sueño: inspirar a otras mujeres a transformar sus vidas, a prepararse para enfrentar al machismo.

También, y de manera especial, para ayudarse unas a otras a alcanzar el éxito. ¡Ese libreto, a mediados de los años 60, era revolucionario! Pero, además, fue muy muy exitoso. Mary Kay Ash, con este tipo de acciones, demostró que, sobre todo, era una emancipadora: provocó una revolución social en favor de las mujeres.

La compañía creció rápidamente basada en tres pilares filosóficos creados por Mary Kay: “Trata a todos igual, Premia solo a los que verdaderamente tienen los méritos y Elige productos basados en ventas, desempeño y comercialización, no en la rentabilidad. La razón de su éxito fue el estilo innovador de ventas, único en la época.

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Los Cadillacs rosados, con los que premió a sus vendedoras, se convirtieron en imagen de la marca.

La estrategia consistía en que las consultoras debían mostrarles a las clientas cómo usar los productos para mejorar su apariencia, una técnica que ninguna otra empresa empleaba por esa época. Además, implementó un plan de estímulos: premiaba a las mejores con costosas joyas, viajes a hoteles cinco estrellas y con Cadillacs rosados, que con el tiempo se convirtieron en un símbolo de la empresa.

En cinco años, Mary Kay era millonaria y su empresa no cesó de crecer, primero en Estados Unidos; luego, en el resto del mundo. Una sencilla, innovadora y revolucionaria filosofía de trabajo, aunada a un sólido carácter y a un empeño inclaudicable, le permitió edificar un imperio que hoy cuenta con más de 3,5 millones de consultoras en casi 40 países.

Filosofía inspiradora

El buen trato, el respeto y el reconocimiento de los logros de los demás fueron (y siguen siendo) los pilares de Mary Kay Cosmetics, un ícono de la industria y un increíble modelo de emprendimiento femenino. Fueron dos estrategias que le permitieron a Mary Kay empoderar a las mujeres y ayudarlas a transformar su realidad.

Más allá de que sus productos son los preferidos por las mujeres cuando del cuidado de la piel, el maquillaje y las fragancias se trata, hoy cientos de miles de ellas son exitosas propietarias de sus propios negocios, inspiradas en la figura de Mary Kay. “Primero Dios, luego la familia y por último el trabajo” es la filosofía que motiva a las mujeres.

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Mary Kay Ash murió en noviembre de 2001, pero su legado y los frutos de su trabajo están vivos.

El objetivo es enseñarles a organizar su tiempo para trabajar y alcanzar independencia y éxito económico, sin dejar de ser madres y esposas. Unos conceptos que, aún hoy, son revolucionarios. “Aunque parezca increíble, se puede lograr”, era una frase Mary Kay, fallecida a causa de un infarto el 22 de noviembre de 2001, repetía a sus colaboradoras.

En el mundo empresarial ultramachista de mediados del siglo pasado, parecía imposible que una mujer provocara una revolución. Sin embargo, con su espíritu emprendedor, Mary Kay Ash lo logró. Su obra y su legado se mantienen vigentes, y su empresa es un modelo que muchos imitan, pero que nadie pudo copiar aún.

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Videos:
Biografía de Mary Kay Ash (Mary Kay Cosmetics)
La historia de una emprendedora (Video 1Video 2Video 3)


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