¿Has oído hablar de la Ley de Murphy? “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. ¿Te suena? Seguro que sí. Es más: estoy seguro de que justo ahora estás sonriendo, al recordar esas varias veces en las que maldijiste a la mamá del señor Murphy, que en realidad era el ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy y que formuló su ley por allá en 1949 sin imaginar que, en nuestro tiempo, se convertiría en una fuente humorística.

El famoso adagio, lo sabemos, no solo es cierto, sino que además se manifiesta en todas las actividades de nuestra vida. ¡En todas, incluida la tecnología! Por mucho que se avance en este campo, por más inventos que se registren, por más que la vida moderna esté cada vez más conectada a la tecnología, siempre habrá un margen de error. ¿Por qué? Pues, porque el hombre, el que la maneja, es un ser imperfecto, propenso al error.

En la anterior entrega relacionada con los webinarios (¿Vas a hacer un webinario? Esto es lo que necesitas), hablaba de las herramientas recomendadas para tu webinario. Herramientas profesionales, no necesariamente las más costosas, pero sí las más confiables, porque la interacción del ser humano le abre la puerta a la mencionada y tristemente célebre Ley de Murphy. Y, claro, eso no es lo que tú quieres para tu negocio.

¿Por qué te digo esto? Porque un tema es contar con la infraestructura adecuada, que fue lo que mencioné en la nota anterior, y otro muy distinto es que a la hora de la verdad, cuando tienes en línea a todos tus invitados y clientes, aparezca lo que antaño en los medios de comunicación llamaban ‘el diablillo de la armada’, es decir, el responsable de los imprevistos, esos errores de los que nadie se percató hasta que el diario les llegó a los suscriptores.

¿Qué pasaría con tu webinario al aire si se va la luz? ¿Si se cae la señal del internet? ¿Si el computador se traba? ¿Si el perro sufre un ataque repentino de furia y no cesa de ladrar? ¿Si tu bebé, que pocos segundos antes dormía plácidamente, despierta y comienza a dar alaridos? ¿Si por la calle cruza un vehículo a gran velocidad haciendo sonar el pito (claxon)? Créeme: eso ocurre más veces de lo que uno piensa. ¡Es la Ley de Murphy!

¿Moraleja? Siempre, SIEMPRE, hay que tener un plan B. Y no sobra un C, o un D. Recuerda la premisa fundamental: el espectáculo no se detiene, el show debe seguir. Tienes un compromiso ineludible con tus clientes y no los puedes defraudar. Como lo sabes, el costo sería irremediable, elevadísimo. Y no hablamos específicamente de dinero, sino de imagen, de credibilidad, de confianza. Es decir, los pilares de tu negocio.

Debes contratar un plan de internet móvil apto para realizar su webinario en caso de que falle la señal fija. Cerca de tu computador no puede faltar una batería de emergencia (UPS). Ese computador, además, debe ser exclusivo para los webinarios, no puede estar cargado con mil y un programas, la memoria no puede estar llena de descargas de tus hijos. Esos son riesgos potenciales, pues en cualquier momento se puede bloquear.

El lugar desde el cual haces tu webinario, por supuesto, debe estar aislado: no puede ser la sala de tu casa, tampoco el comedor. Lo más conveniente es que, además, esté insonorizado. Y cuando vas a empezar, asegúrate de asegurar la puerta, para que nadie entre de improvisto. Requieres también un segundo computador y, ojalá, un asistente remoto, alguien que te dé la mano en caso de emergencia y puedas reaccionar.

Podrás pensar que sufro algo así como un ataque de persecución, pero ¡yo mismo sufrí alguna vez esos problemas! Y, créeme, es algo que no se lo deseo a mi peor enemigo. El resto vuelve a referirse a los aspectos técnicos: un software para grabar el webinario, un hosting que dé garantías, un autorrespondedor poderoso y, por supuesto, plataforma profesional, que se adapte a tus necesidades y expectativas. De eso, sin embargo, hablaremos en las próximas entregas. Hasta pronto.

 

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