¿Has contado cuántas veces te dije que en los negocios nadie se hace solo, nadie triunfa solo? Yo mismo he perdido la cuenta, porque son muchas las veces que repetí este concepto. Para llegar al éxito, sin embargo, no solo es bueno estar acompañado, sino que se requiere que sea una buena compañía. En otras palabras, que en verdad tengas un equipo de trabajo, no solo un grupo de compañeros.

No es una cuestión de semántica, de interpretación del significado de los términos. Es algo decisivo, vital para la buena salud de tu negocio, un aspecto del que debes estar muy pendiente, porque requiere monitoreo constante. Es, además, una de las problemáticas que más dolores de cabeza les provocan a las empresas modernas, que se han convertido en la reunión una serie de islas independientes, de ruedas sueltas, de concursos de egos.

Te voy a compartir las tres claves que, a mi juicio, constituyen los pilares fundamentales de los equipos exitosos. Si haces una sencilla investigación en internet, con seguridad vas a encontrar conceptos distintos, más factores que inciden en el resultado, y es verdad. Pero, para facilitar la comprensión y porque para mí son los verdaderamente insustituibles, los he resumido en solo tres: común-unión, comunidad y comunicación.

1. Común-unión: ¿Esto qué significa? Hoy, cuando alguien te habla de su trabajo, es común escuchar que se refieren como “familia” a ese grupo de personas con las que comparte la mayor parte del día, de su vida. Sin embargo, cuando les pregunto cómo es la relación, cuáles son los objetivos, qué roles cumple cada uno en la organización, las respuestas son vagas, poco concretas; mejor aún, a veces, no hay una respuesta.

Después de analizar la situación, coincidimos en que no es un equipo, sino un grupo de compañeros. Cada uno busca su objetivo, y lo hace a su manera. En otras palabras, lo único que los une es el espacio donde trabajan, pero no hay una verdadera convivencia, no hay objetivos comunes, no hay una unión que les permita potenciar sus habilidades y capacidades y minimizar sus debilidades y defectos. Son un grupo, no un equipo.

Para que haya un equipo de verdad, se requiere que los objetivos comunes estén claramente definidos, que todos y cada uno de los miembros los entiendan y los acepten; se necesita que haya metas a corto, mediano y largo plazo, con estímulos para quienes las cumplan, y que haya una guía capaz de conducirlos por el camino correcto. Debe haber, así mismo, compromiso, convicción, fidelidad y lealtad entre los miembros, y de ellos hacia la organización.

2. Comunidad: el Diccionario de la Real Academia Española define este término como “Conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes, junta o congregación de personas que viven unidas bajo ciertas constituciones y reglas, como los conventos, colegios, etc., participar de una misma cualidad o circunstancia, parecerse en ella”. Es muy similar a la anterior, pero trasladada al ámbito laboral nos ofrece algunas diferencias no tan sutiles.

En una comunidad organizada, cada quien conoce a la perfección su rol, qué debe hacer, cómo lo debe hacer, cuándo lo debe hacer, por qué lo debe hacer, y conocer también el resultado de esa acción. Hay un cronograma, unas metas por cumplir y, algo muy importante, un líder que conduce a cada miembro en particular y a la comunidad en general hacia donde quieren llegar.

Los toderos, es decir, aquellos personajes que presumen saber de todo, pero que a la hora de la verdad no saben de nada, están erradicados. Hay especialistas en cada labor, gente apasionada que ama lo que hace, que está honestamente comprometida con la causa y que es capaz de tomar la iniciativa y dar de manera espontánea más de lo que se le pide, sin pedir algo a cambio. En una comunidad, vale aquello de ‘Todos para uno y uno para todos’.

3. Comunicación: los animales se mueven por sus territorios en manadas, que no son algo distinto a una comunidad. Sin embargo, las comunidades del ser humano tienen una característica que las hace especiales: el poder de la comunicación, la fuerza de las palabras. Cuando en una organización hay una verdadera comunicación, es decir, en doble sentido y con retroalimentación, el ambiente es sano, hay espacio para el crecimiento y los conflictos son poco habituales.

Gracias a la comunicación, un equipo de trabajo sabe si hay común-unión y si hay comunidad, y puede corregir lo que está funcionando mal. Por la comunicación efectiva, los clientes y el público en general pueden identificarse con la marca, pero también con sus miembros, y establecer una conexión afectiva. La comunicación suele actuar como una barrera que los protege a todos de los males comunes, porque los mantiene alerta, porque evita que se aíslen.

Una comunicación fluida, así mismo, permite la retroalimentación, la autocrítica (que es vital) y la promoción (que también es muy importante). Te invito a que te tomes unos minutos y analices si tu empresa o tu negocio en verdad son un equipo de trabajo que puede llevarte a alcanzar el éxito previsto o apenas conforman un grupo de compañeros. Aún estás a tiempo de aplicar los correctivos necesarios y recomponer el rumbo. Hasta pronto.


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