¿Crees que un juego de la niñez puede convertirse, años después, en un emprendimiento exitoso? Suena un poco loco, lo sé, pero la historia de la mexicana Katia Brambila Chávez nos demuestra que sí es posible. De niña, preparaba pastelitos en un horno de juguete y más tarde, ya adolescente, les vendía pasteles y postres a las amigas que visitaban a su madre en su casa.

Sin embargo, no fue a la cocina a lo que Katia se dedicó. Estudió Arquitectura en el Tecnológico de Colima, la ciudad en la que nació, la tercera más antigua de México. Luego realizó una maestría virtual en Desarrollo Urbano, en el Tecnológico de Monterrey, y durante varios años trabajó en empresas del sector de la construcción. Hasta ahí, todo normal, dentro del libreto de la lógica.

En su hoja de vida, sin embargo, más tarde aparecen un diplomado en Pastelería francesa, en la Escuela de Gastronomía Le Cordon Bleu de la Universidad Anáhuac (Huixquilucan, estado de México) y los emprendimientos. Fundó Sweet Paleo Mx, que imparte clases de repostería saludable a través de internet, y el Instituto Culinario Integral, una propuesta deliciosa.

De los bloques, los planos y el cemento, Katia pasó a la cocina, los postres y la educación saludable. Un cambio drástico, que no fue programado, sino fruto de esos caminos insondables por los que nos lleva la vida, caprichosamente. Fue, además, su respuesta resiliente a las dificultades a las que la enfrentó la vida, fue la luz que alumbró un camino muy oscuro.

Cuando en su vida todo encajaba, cuando tenía lo que solemos llamar ‘la vida perfecta’, Katia sufrió el dolor de perder a su primera hija dos semanas antes de que naciera. Fue, entonces, cuando conoció la otra cara de la moneda, la de la tristeza, la amargura, la desazón de no saber por qué le había ocurrido esto. Y nadie le daba respuestas, ningún médico le daba explicaciones.

Tiempo después comprendió que las respuestas que buscaba estaban dentro de su corazón. “Con todo ese dolor que viví, aprendí la mejor de las lecciones: la humildad. Comprobé que en un segundo sí te puede cambiar la vida”, dice. Esa circunstancia le hizo ver la vida desde otra perspectiva, pudo darse cuenta de lo frágil que es la salud, tanto la física como la emocional.

“Empecé a prestarle atención a lo que comía y dejé de preocuparme por mucho de lo material”, relata. Se dedicó a estudiar, a leer sobre el tema, y aprendió que hay una conexión entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que comemos. “Gracias a esto, descubrí lo importante que es vivir en equilibrio”. Sin embargo, faltaba el último empujoncito, el punto bisagra que lo cambió todo.

Tras acudir al médico y constatar que sufría por el colesterol alto, su esposo comenzó una dieta conocida como paleo: sin azúcar, sin gluten y sin lácteos. Pronto se enfrentó a un problema que no era fácil de resolver: encontrar los alimentos ideales para cuidar la salud de su esposo. “Nada de lo que buscaba lo conseguía en las tiendas y lo que había sin aditamentos químicos sabía horrible”.

Entonces, no le quedó más remedio que echar mano de lo que había aprendido en la niñez, a la sombra de la abuela. “Ella me enseñó que comer tiene que ver con el amor, que cada pedacito viene lleno de cosas buenas”, afirma. “Mientras descubría esta nueva pasión, me di cuenta de que no hacía falta sacrificar el sabor para comer sanamente”, la pieza que le faltaba al rompecabezas.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Katia Brambila heredó de su abuela la pasión por la gastronomía y hoy la transmite a otros.


“Servir a otros a través de mis clases es una de las mejores experiencias en mi vida”, dice Katia Brambila, mexicana a la que la vida le dio la oportunidad de aprovechar la pasión que su abuela le inculcó en la niñez: la gastronomía. Sweet Paleo Mx y el Instituto Culinario Integral, sus emprendimientos.


“Con la abuela y con la vida aprendí sobre los sabores. Los que sentimos en el paladar y los que sentimos con el corazón. Lo amargo de pasar por pérdidas que cambiaron la perspectiva de mi vida, lo ácido de sentir que iba sin rumbo, lo salado de las lágrimas que nos ayudan a olvidar, lo dulce de saber que la vida todavía nos dará mucho más para poder comenzar de nuevo”, dice.

Fue necesario cambiar hábitos y rutinas de alimentación y, por supuesto, no fue fácil. “Es un reto tanto para quien prepara la comida como para quien la consume”, afirma. Por eso, decidió tomar cursos y hasta viajó de Cancún, donde reside, a Ciudad de México para obtener una certificación. Ese fue el origen de Sweet Paleo Mx, un emprendimiento que creció en la sala de su casa.

“Daba muchas clases, pero me frustraba porque en el comedor de mi casa solo cabían 10 personas. Terminaba el día cansada y sin tiempo para nada más”. Por fortuna, conoció a Andrea Rojas, emprendedora digital y coach, con la que descubrió el mundo digital con sus poderosos recursos y herramientas. “Sin saber nada de tecnología, logré hacer mis cursos y llegar a miles de personas”.

Desde ese momento, enseñar a otros a alimentarse mejor se convirtió en la misión de su vida. Comer de forma sana es delicioso. Cocinar feliz y sin complicaciones, comer feliz y sin culpa. Vivir feliz y saludable. Empecé a enseñar lo que sé y más y más gente entró en este mundo sin azúcar, sin productos lácteos y sin gluten. Pero, sobre todo, un mundo delicioso y lleno de sabor”, afirma.

De la sala de su casa pasó a una sala de internet con la marca Sweet Paleo Mx, que le permitió perfeccionar el arte de cocinar postres sanos. Además, con la práctica, se convirtió en experta en el uso de herramientas tecnológicas y también aprendió de marketing digital y de estrategias de ventas. “Cuando vi que había gente interesada en el tema, comencé vendiendo 3 videos con una receta”.

Y, claro, la idea de una escuela virtual se instaló en su cabeza. Fue, entonces, el turno de crear el Instituto Culinario Integral, cuya finalidad es ofrecer un servicio educativo de calidad y crear consciencia de la importancia de una alimentación saludable. “La meta es que los estudiantes se conviertan en agentes de cambio en la adopción de estilos de vida saludable”, relata Katia.

Ahora, ya nada la detiene. “Sigo aprendiendo, probando, creando. Siempre experimento con ingredientes, con recetas, con estrategias para llegar a más personas. Y me sigo capacitando en las áreas que me ayudan a fortalecer mi negocio, como son el marketing, la fotografía, el video, la gastronomía y las ventas. Su obsesión es ayudar a otros a disfrutar los postres sin sacrificar su salud.

“La gente se inscribe a mis cursos por diversos motivos, ya sea porque quieren dar lo mejor a sus familias, ya sea a causa de una alergia o una dieta saludable, ya sea para cambiar una rutina o empezar un nuevo negocio o solo por curiosidad. Independientemente del motivo, sé que estoy cumpliendo mi misión: transmitir amor y bienestar a través de una dulce tentación, concluye.

Comenzó en la niñez cocinando pastelitos en un horno de juguete, a la sombra de la abuela. Luego, la vida la llevó por caminos insospechados y la obligó a reflexionar sobre la importancia de alimentarse sanamente. Entonces, pudo dar rienda suelta a la pasión que estaba escondida y hoy es una emprendedora exitosa, una mujer inspiradora y un modelo de éxito digno de imitar.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza