Uno de los errores más frecuentes de quienes deciden convertirse en emprendedores, en especial de aquellos que durante años formaron parte del mundo corporativo, es creer que ya lo saben todo y que solo requieren aprender el manejo de las herramientas tecnológicas. La verdad es que esta creencia encierra dos problemas que, si no se corrigen pronto, van a dar al traste con la ilusión.

El primero es que nunca nadie lo aprende todo. En ninguna industria, en ningún negocio. Mucho menos en el mundo actual, en el siglo XXI, en el que la premisa fundamental es la del cambio constante, y el aprendizaje, el conocimiento, no puede ser la excepción. El segundo, que todas las herramientas poderosas no son suficientes; no es cuestión de dar clic en un botón y hacer magia.

El problema es que nos enseñan que aquello que determina nuestro éxito en la vida, por lo que podemos alcanzar los objetivos y cristalizar los sueños es externo. ¿Me entiendes? El conocimiento, las herramientas, los recursos, el apoyo, todo, absolutamente todo, está fuera de nosotros. Sin embargo, esa es solo una parte de la historia y falta la más importante.

¿Sabes a qué me refiero? A lo que hay dentro de ti. Eso, en realidad, es lo que te hace único y especial, lo que te permite ser una propuesta de valor atractiva para el mercado, lo que te da la posibilidad de brindarles a otros aquello que necesitan para solucionar su problema o calmar su dolor. Eso, en realidad, es lo que te llevará a cumplir tus sueños y a cumplir tu propósito.

El mercado, amigo mío, está hastiado de más de lo mismo. En todas las industrias. Esas personas que copian el modelo de otros convencidas de que podrán replicar su éxito no demoran en darse cuenta del error. Esas personas que descargan alguna de las miles de plantillas que se obsequian por doquier en la red y piensan que tienen la fórmula del éxito luego se decepcionarán.

Déjame plantearlo de otra forma: si se tratara de hacer copy+paste de un modelo exitoso, si se pudiera ser exitoso en la vida y en los negocios con solo una plantilla, entonces, ¿por qué solo hay un Bill Gates, un solo Elon Musk, un solo Roger Federer, un solo Tiger Woods, un solo Gabriel García Márquez? La respuesta es sencilla: porque hay algo más, algo que los hace únicos.

Y eso, por supuesto, es aquello que tienen dentro, en su corazón, en su cerebro. Lo que han aprendido y han enriquecido con sus valores y principios, con sus dones y talentos, con sus vivencias y experiencias, con sus aciertos y errores. Es como un batido, pero no hay una receta escrita, ni perfecta: cada uno elige los ingredientes que quiere y prepara su mejor versión.

A menudo, y ha sido una constante en más de veinte años en el mercado ayudando a otros emprendedores, me encuentro con personas que están armadas hasta los dientes por fuera (perdóname la expresión), pero vacías por dentro. Repiten con entusiasmo las frases de otros, los postulados de otros, los chistes de otros, aunque a título personal es poco lo que pueden ofrecer.

Por supuesto, la respuesta que obtienen es negativa: el mercado los ignora o, peor, de plano los rechaza porque no es lo que necesita. Lo más doloroso es que no saben qué ocurre y miran hacia el exterior, donde no está el problema. Que hay demasiada competencia, que hay una economía en crisis, que el precio del dólar se subió mucho, en fin. Es el punto final de sus aspiraciones.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

La vida no es solo trabajo y el trabajo no solo es herramientas. Lo que tú eres es muy importante.


De la misma manera que gestionamos nuestro negocio, los emprendedores debemos aprender a gestionarnos nosotros mismos como una empresa. No solo porque nos ayuda a potenciar lo positivo, sino porque además nos permite ofrecerle al mercado una propuesta única de valor.


Algo que aprendí a lo largo de mi trayectoria es que no puedes ofrecerle al mercado algo que no tienes, que no posees, que no eres. Y, déjame reiterarlo, el mercado no quiere productos, sino soluciones efectivas. Por eso, a la par con el conocimiento de tu área de influencia, con el manejo de las herramientas y de los recursos tienes que potenciar y fortalecer tus competencias profesionales.

Los resultados que obtienes están directamente relacionados con lo que piensas, por lo que haces y cómo lo haces. Por eso, tienes que crear un sistema efectivo, que puedas replicar todos los días y que te permita alcanzar tus objetivos a menor costo, con menor esfuerzo. Recuerda que el activo más valioso de tu negocio eres tú, así que no menosprecies lo que puedes hacer por ti mismo.

Acá te menciono cinco competencias profesionales que requieres para triunfar y que a mí me han sido realmente útiles y productivas:

1.- Gestión del tiempo. En especial en tiempos de home office o teletrabajo, como lo quieras llamar, es muy importante ser ordenado y aprovechar tu tiempo al máximo. Necesitas diseñar una rutina, establecer tiempos para cada actividad que desarrolles, encontrar un ambiente ajeno a las distracciones y, algo muy importante, no olvidarte de ti mismo: dedícate tiempo de valor.

2.- Crea una rutina. La improvisación es el principal enemigo de los emprendedores porque provoca que derroches el activo más valioso que posees: tu tiempo, lo único que no puedes recuperar. En esa programación, incluye tiempo para el descanso, para comer, para salir, para el entretenimiento, para ocio y deporte. La vida no es solo trabajo. Sin rutina, el éxito es un albur.

3.- Gestiona el estrés. La soledad, la ansiedad y el estrés son tres enemigos con los que nos vemos las caras todos los días los emprendedores. Por eso, necesitamos aprender a combatirlos. En tu rutina debe haber actividades que te permitan cambiar el chip, liberar la presión, como salir al parque, leer un libro, escuchar un pódcast o música, jugar con tu mascota o cocinar. ¿Qué haces?

4.- Interactúa con otros. La sensación de soledad es algo aterrador para el emprendedor y la mayoría de las veces es fruto de una mala rutina. ¿Por qué? Porque nos concentramos tanto en el trabajo, nos obsesionamos tanto por conseguir resultados rápidos, que se nos olvida que existe el mundo externo. Conversa con colegas, asiste a eventos presenciales o virtuales, toma algún curso.

5.- Aporta valor. No te concentres exclusivamente en aquello que te permita ganar dinero. Siembra semillas que después te permitan cosechar frutos diversos. Produce contenido que sea de provecho a otros, que los eduque y los entretenga, que te permita establecer un vínculo de confianza y credibilidad a largo plazo. Cuenta historias, inspira y no tendrás clientes, sino fieles.

No se trata del producto, no se trata del precio, no se trata de la competencia; de lo que se trata es de qué estás tú en capacidad de aportarle al mercado. Si tu propuesta de valor es real, si apunta a un problema específico de tus prospectos y clientes y si, además, emites el mensaje adecuado los resultados llegarán tarde o temprano. Esto, sin embargo, no es suficiente para ser exitoso.

Necesitas diferenciarte con aquello que te hace único, con lo que llevas en tu interior, con tus valores y principios, con tus dones y tus talentos. Los emprendedores debemos aprender a gestionarnos nosotros mismos como una empresa, debemos aprender a dosificar los recursos que poseemos, a potenciar las fortalezas y, algo crucial, a desarrollar las competencias profesionales.


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