¿Cuál es tu idea de éxito y felicidad? ¿Ganar dinero? ¿Ser reconocido y popular? ¿Darte cuantos gustos desees? ¿Adquirir bienes? ¿Que la gente te identifique en la calle? ¿Ser famoso? ¿Viajar y disfrutar la vida sin necesidad de trabajar? Esas, sin duda, son opciones que todos consideramos alguna vez en la vida, porque eso es lo que nos enseñan.

No soy quién para juzgar a los demás, soy muy respetuoso de la forma de pensar y de las creencias de otros (así no esté de acuerdo con ellas) y además sé que todos tenemos ideales distintos. Sin embargo, hay casos y testimonios que nos invitan a reflexionar y, quizás, hasta a replantear nuestras creencias y pensamientos.

El de Val Kilmer, sin duda, es uno de ellos. ¿Este nombre te es familiar? Si eres aficionado al cine, seguramente que sí. Se trata de un actor estadounidense, nacido en Los Ángeles, que este 31 de diciembre cumple 58 años. Es conocido por papeles como Tom Kazanski en Top Gun (1986) y como Batman en Batman Forever (1995), entre otras películas.

Esas fueron dos cintas muy famosas en su época, cuando yo era un estudiante y aún vivía en Colombia. Kilmer, con una figura atlética, era el amor platónico de mis amigas y compañeras, pero no solo por su atractivo físico: también, por su innegable talento, que muy pronto le permitió irrumpir en los estudios de grabación y sobresalir.

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Una imagen que no deja dudas acerca de los problemas de Val Kilmer.

Hijo del agente inmobiliario Eugene Kilmer y de Gladys Ekstadt, de ascendencia sueca, se crio en el valle de San Fernando junto con sus hermanos Mark (mayor) y Wesley (menor). Este último murió con tan solo 15 años, tras sufrir un ataque de epilepsia en una piscina. Cuando tenía 9 años, sus padres se divorciaron y Eugene falleció en 1993.

Tras graduarse en Chatsworth High School, donde coincidió con Kevin Spacey, a los 16 años se convirtió en el aspirante más joven hasta entonces en ser aceptado en la prestigiosa Julliard School, gracias a una beca. Tres años más tarde, interpretó a Hamlet en el Colorado Shakespeare Festival y luego brilló en Broadway en la obra Slad Boys.

En ese trabajo compartió escenario con Kevin Bacon y Sean Penn, otros dos que no se demoraron mucho en relumbrar en Hollywood. Su primer éxito en la pantalla se dio en Top Secret!, en la que interpretó a la estrella del rock Nick Rivers. Le siguió Escuela de Genios y más tarde, en 1986, se lució con Tom Cruise en Top Gun.

En 1988, participó en Willow, un rodaje en el que conoció a la británica Joanne Whalley, con la que se casó poco después, la madre de sus dos hijos: Mercedes y Jack. La unión, sin embargo, solo duró ocho años y la separación se dio justamente en momentos en que Kilmer saboreaba las mieles del éxito, a mediados de los años 90.


Val Kilmer también ha incursionado en la pintura, y realizó varias exposiciones,
y en la música. En el otoño de 2007, lanzó un cd y las ganancias que recibió por
este trabajo las donó enteramente a distintas entidades de caridad.


Fue como protagonista de The Doors, en 1991, en la que interpretó al cantante Jim Morrison, que la crítica se rindió a sus pies. Luego llegaron Tombstone: la leyenda de Wyatt Earp (1993, con Kurt Russell), Batman Forever (1995, con Tommy Lee Jones y Nicole Kidman), Heat (1995, con Robert De Niro y Al Pacino) y El Santo (1995).

Tocaba el cielo con las manos, había hecho una fortuna, las mujeres lo idolatraban y era famoso. Sin embargo, tal y como lo dijo en una entrevista concedida a The Hollywod Reporter, “la fama es un desastre. Se te trata de una manera diferente, pero no tiene nada que ver con quién eres en realidad”. La verdadera procesión iba por dentro.

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La interpretación de Jim Morrison, en ‘The Doors’, lo lanzó a los primeros planos.

Con la llegada del nuevo milenio, Kilmer fue noticia más por supuestos romances con figuras como Cher, Ellen Barkin, Drew Barrymore, Mira Sorvino y Cindy Crawford que por sus apariciones en la pantalla grande. Pasó tras bambalinas y se convirtió en productor, rodó algunos documentales y también publicó varios libros de poesía.

Cuando su nombre prácticamente había desaparecido de los primeros planos, regresó de la manera menos esperada: en noviembre de 2016, el reconocido Michael Douglas, un viejo y entrañable amigo, reveló en Twitter que Val luchaba contra un cáncer de garganta. La noticia fue negada por Kilmer, que dijo que su colega “estaba mal informado”.

Aunque reconoció que acudió a Douglas –que padeció cáncer de lengua– para que le recomendara un especialista que examinara un bulto que se le había formado en la garganta, explicó que los exámenes arrojaron resultados “no relacionados” con el cáncer. Además, su vida continuó sin sobresalto, de ahí que los rumores se desinflaron.

“Tras un tratamiento en la Universidad de California en Los Ángeles, sigo con una inflamación en la lengua y me mantengo en constante rehabilitación. Sin embargo, el año pasado rodé tres cintas. Con una de ellas, de hecho, me encuentro en plena promoción”, fue el comunicado que publicó en su página de Facebook, celebrado por sus fans.

Futuro incierto

Pero, los rumores regresaron, y con más fuerza, después de que se conocieron unas fotos en las que Kilmer estaba en las afueras de un hospital de Los Ángeles con innegables signos de haber sido sometido a una traqueotomía. Finalmente, a finales de abril reconoció la enfermedad y contó las dificultades a las que se enfrentaba.

“Hace un tiempo, Michael Douglas afirmó que tenías un cáncer terminal ¿Cuál era la historia detrás de eso? Probablemente estaba tratando de ayudarme, porque la prensa preguntó dónde estaba en esos días, y yo estaba en tratamiento de mi cáncer”, afirmó. La enfermedad le había sido diagnosticada en 2015, y desde entonces luchaba contra ella.

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La amistad de Val Kilmer y Michael Douglas comenzó en los estudios de grabación.

Poco tiempo después de que Kilmer ingresó al hospital para comenzar el tratamiento, su hija Mercedes lo acompañó, tras haber sido atropellada por un vehículo. Fueron momentos muy difíciles que le hicieron replantear su vida, sus creencias. La quimioterapia hizo su parte, pero fue por la religión que, según el actor, pudo sobreponerse a las dificultades.

Desde entonces, su concepción de la vida es diferente: “Antes era demasiado serio. Me molestaban cosas como no ganar un Óscar o que no se reconociera mi trabajo”, dijo. “Me gustaría tener más Óscar que nadie. Meryl Streep debe sentirse muy bien sabiendo que todos la aman. Se trata de ser amado”, aseguró sobre la ganadora de 3 Oscar y 9 Globos de Oro.

Hoy, sin embargo, el real estado de salud de Kilmer es una incógnita. Él sigue negando la enfermedad, pero hay versiones según las cuales hace poco fue visto en el UCLA Medical Center de Los Ángeles, al que llegó con un nombre falso: Oscar Davis. “Solo fui a verificar que no tengo ningún tumor, ni una infección de ningún tipo”, dijo entonces.

A pesar de eso, la preocupación de sus fans y allegados es grande, porque, después de los hechos que sacudieron su vida, Kilmer se inclinó por la Cienciología, un culto que está contra el uso de los medicamentos y tratamientos tradicionales y que promueve la cura natural basada en la fe, a través de actividades como la meditación y el rezo.

Independientemente del final que depare esta historia, el caso de Kilmer nos enseña que nada de lo material (dinero, premios) o mundano (fama) es sinónimo de éxito o felicidad. A él, la enfermedad lo hizo recapacitar y, lo mejor, lo unió con sus hijos, un reencuentro que le mostró la verdadera cara de la felicidad y le reveló cuál es el sentido de su vida.


 

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