Una de las principales recomendaciones que suelo hacerles a las personas que se acercan a mí con la intención de recibir ayuda para sacar adelante sus proyectos y negocios es que se miren en el espejo de quienes los inspiran, de aquellos con quienes comparten sus ideales, sus sueños, su visión de la vida. Y ahí es cuando surge la primera limitación.

Sí, porque por defecto los modelos que se miran son los de empresarios multimillonarios, los de personajes que surgieron en ambientes modestos y con esfuerzo, sacrificio y trabajo lograron transformar su vida, y viven con comodidades. Bill Gates, Steve Jobs, Henry Ford, Seth Godin, Elon Musk, Mark Zuckerberg y otros conforman el abanico.

Sin embargo, repito, esa es una limitación. ¿Por qué? Porque a veces, muchas veces, hay otras fuentes de inspiración que pasamos por alto. Personas que no lograron la riqueza o la notoriedad mediática de los mencionados, pero que dejaron una profunda huella en el mundo. Personas que pusieron su conocimiento y talentos al servicio de la sociedad.

Es algo que aprendí en mi casa, con mi abuelo, mis tíos y mi mamá Julita. Hace sesenta años, el abuelo creó una fábrica que se convirtió en la mejor escuela de vida para la familia. Por allí pasamos todos, así fuera solo durante la temporada de vacaciones. Y allí aprendimos el valor del trabajo honrado, del esfuerzo, del sacrificio, de la pasión.

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La Cámara de Senadores de México le rindió homenaje a la memoria de Elvia Carrillo.

Todos y cada uno de los hijos, primos, nietos y biznietos llevan en su sangre el ADN de esa empresa, el genial legado del abuelo. Pero, el impacto positivo de su emprendimiento no se limita a la familia, sino que se extiende a las de cientos de trabajadores que en estas seis décadas hicieron parte de la fábrica, instalada en las fueras de Bogotá.

El del abuelo, los tíos y mi mamá Julita, el de esos trabajadores, es un modelo que, sin duda, me inspiró para convertirme en emprendedor y que aún hoy es una estrella que ilumina el norte de mi camino. Y como el de mi abuelo son cientos los ejemplos que sirven de inspiración, de espejos en los que nos podemos mirar para la vida y los negocios.

Uno de ellos es el de Elvia Carrillo Puerto, una mexicana de cuya muerte se cumplieron este 15 de abril justamente 50 años. Salvo que hayas nacido en ese hermoso país, que te guste leer de historia y que seas mujer, probablemente nunca habías escuchado este nombre. Honestamente, yo tampoco, pero me alegro de haber conocido su historia.


El 6 de diciembre de 2017, cuando se cumplían 139 años de su nacimiento,
Google homenajeó a Elvia Carrillo Puerto con un Doodle creado por la
mexicana Hilda Palafox. Su legado cobra vigencia cada día que pasa.


Ella nació el 6 de diciembre de 1878 en la población de Motul, estado de Yucatán, en el suroriente del país, sobre el golfo de México. Fue la sexta de los 14 hijos del matrimonio de Justiniano Carrillo y Adela Puerto, un típico hogar de clase media. A pesar de que no había excesivas comodidades, tuvo el privilegio de ir a la escuela, lo que marcó su destino.

Allí, desde los 6 años y en las aulas del Colegio Roque J., la maestra Rita Cetina Gutiérrez, que además era poetisa, le inculcó valores y le abrió los ojos acerca de una realidad social que aún hoy marca a la sociedad azteca: la desigualdad de género. Leyendo a autoras como Mary Wollstonecraft, Flora Tristán y Victoria Woodhull, aprendió de los derechos humanos.

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Los reconocimientos llegaron tarde, pero el legado de Elvia Carrillo no se olvida.

A esa escuela acudían también los hijos de los obreros del pueblo, que se comunicaban en la lengua maya. Comprobar en carne propia la discriminación, las distancias y los límites que la sociedad imponía a quienes nacieron en cuna humilde, marcó a Elvia. Más, cuando con apenas 13 años contrajo matrimonio con un maestro, y logró ser independiente.

Otros dos hombres que dejaron profunda huella en Elvia fueron su hermano Felipe, su compañero inseparable y promotor de su formación académica, y el sacerdote español Serafín García. Este inculcó en los niños el gusto por la lectura y la conversación y los motivó a aprovechar su inteligencia y sensibilidad para defender a los desprotegidos.

Con Felipe, en 1907, publicaron el periódico El Heraldo de Motul, y dos años más tarde Elvia comenzó su lucha social y política. De ese trabajo surgió la Liga Feminista Campesina, en cuyo seno se discutían temas como la tenencia de la tierra, la duración de la jornada de trabajo y la educación a las mujeres para tener solo hijos deseados, entre otros.


A los 23 años, tras 10 de matrimonio, Elvia enviudó y comenzó a trabajar
como docente de mecanografía. En esa labor conoció de cerca la dureza
de un mundo hecho por los hombres y a la medida de los hombres.


Una tremenda revolución, sin duda. Así como obtuvo la adhesión de cientos de mujeres de la región, también se ganó terribles enemistades que hicieron de su vida un camino lleno de dificultades. Además, porque pugnó por la liberación de la mujer del yugo masculino y de la Iglesia, temas que siguen siendo álgidos no solo en México, sino en Latinoamérica.

En 1922, Felipe fue elegido gobernador de Yucatán y Elvia lo apoyó en lo relacionado con la mujer, la familia, la niñez y la educación, el vehículo de la transformación social. Su labor recibió reconocimiento de sus coterráneos en 1923, cuando fue electa diputada, junto con Beatris Peniche Barrera y Raquel Dzib Cicero. ¡Un hito histórico!, sin duda.

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Esta es la distinción que se otorga en México a las mujeres destacadas, el 8 de marzo.

Apoyar a las mujeres menores de edad y a las madres solteras y conseguir que a la mujer se le otorgara el derecho al voto fueron algunas de sus banderas. Los planes de los hermanos Carrillo, sin embargo, sufrieron un duro tropiezo cuando Felipe fue asesinado en 1924. Poco tiempo después, por amenazas contra su vida, Elvia renunció a su cargo.

Se refugió temporalmente en Ciudad de México, con el aval del presidente Álvaro Obregón y de su sucesor Plutarco Elías Calles. Desde allí continuó su lucha, a pesar de que se encontró con la resistencia de amplios sectores oficiales y, también, de las mujeres. En 1927, fundó la Liga Orientadora Feminista Socialista, desde la que impulsó sus ideas.

La presidencia del general Lázaro Cárdenas del Río, entre 1934 y 1940, caracterizada por avances sociales y políticos importantes, le sirvió a Elvia para fortalecer su trabajo. Sin embargo, la concreción de sus sueños se demoró. En 1952, con Miguel Alemán Valdés como presidente, se aprobó el derecho al voto para las mujeres en elecciones municipales.

Ese año, la Cámara de Diputados la distinguió como veterana de la Revolución Mexicana y le concedió la Medalla de Honor. Más tarde, en 1953, durante el mandato de Adolfo Ruiz Cortines, se modificó el Artículo 34 de la Constitución para otorgar igualdad de derechos políticos a las mujeres mexicanas. ¡Por fin tenían derecho al sufragio, a decidir su futuro!

Hasta el día de su muerte, el 15 de abril de 1968, a los 90 años, Elvia Carrillo Puerto usó su conocimiento, su pasión, sus fuerzas, su inteligencia y su trabajo para defender los derechos de las mujeres mexicanas. Aunque algunos de los resultados de su lucha fueron tardíos, el impacto de sus triunfos cambió para bien, y para siempre, a su país.

En 2013, la Cámara de Senadores de México institucionalizó un reconocimiento en su memoria. Es una distinción que se entrega cada año, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, a quienes como ella sobresalgan en la “defensa, protección, ejercicio e investigación de los derechos de la mujer y de la igualdad de género”. ¡Ya es inmortal!…



 

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