Cada día son más las personas que se atreven a dar el paso del mundo offline al online, es decir, aquellas que dejan su trabajo convencional, en la oficina, y se convierten en emprendedores, dentro o fuera de internet. Un paso crucial en su vida y seguramente también en la de su familia, un paso que no siempre arroja los resultados esperados: el sueño se transforma en pesadilla.

Soy un convencido de que el mundo laboral tradicional es una cárcel en la que tus sueños mueren lentamente, tristemente, y no concibo mi vida en algo distinto a lo que hago desde hace más de veinte años: ser emprendedor. Un oficio que en ese tiempo ni siquiera existía, no se contemplaba, pero que en los últimos años se convirtió en una carrera no formal y, mejor aún, en una opción de vida.

Inclusive, en algunos países ya se habla de cultura emprendedora, más allá de que el término no puede ser definido con facilidad. Así mismo, los gobiernos, como una salida a su incapacidad para generar empleos formales dignos y bien remunerados, se decidieron a apoyar a emprendedores, a los jóvenes que no quieren seguir el mismo camino de sus antepasados y quieren labrar un futuro distinto.

Es un avance, sin duda, pero la realidad nos demuestra que la mayoría de los negocios, más del 80 por ciento, cierra sus puertas al cabo de dos años y los más afortunados llegan a cinco años antes de tirar la toalla. Una mortandad empresarial (o emprendedora) alarmante, que se origina en varios factores: malas decisiones, afán de resultados, estrategias equivocadas y falta de mentalidad.

En palabras comunes, la mayoría de las personas que fracasa en un emprendimiento lo hace simple y llanamente porque desconocía en realidad qué es ser emprendedor. Se dejan llenar la cabeza con ideas erróneas, con ilusiones falsas, con promesas que nadie les cumple y, a la larga, pagan un costoso precio. Lo más doloroso es que se frustran y reniegan de su aventura.

Cuando te conviertes en emprendedor, una de las asignaturas más difíciles de aprobar es la gestión del tiempo. Son tantas y tan diversas las tareas que debes cumplir, no importa si tu negocio está dentro o fuera de internet, que el tiempo no alcanza. “Necesito días de 36 horas, ¡mínimo!”, dices una y otra vez, pero la verdad es que ni con 48 lograrías lo que deseas.

¿Por qué? Porque el meollo del asunto no radica en cuántas horas tiene el día, sino en cómo tú las gestionas, las administras. Si no fuera así, entonces, empresarios como Elon Musk, Seth Godin o Mark Zuckerberg no tendrían éxito, porque sus días también son de 24 horas, como los míos o como los tuyos. La diferencia está en que ellos tienen hábitos y rutinas más convenientes.

Con frecuencia, siento pesar por algunas personas que se acercan a mí con la intención de que los asesore y los ayude a sacar adelante sus negocios. Lamentablemente, muchas de ellas carecen de las características necesarias para triunfar, en especial porque les falta compromiso y porque no han desarrollado mentalidad de emprendedor y siguen pensando como empleados convencionales.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

La mentalidad emprendedora comienza cuando eres consciente de que eres un aprendiz eterno.


La ‘mortandad emprendedora’, que frustra los sueños de muchos de quienes se atrevieron a dejar el ámbito laboral convencional y se convirtieron en empresarios, dentro o fuera de internet, se origina en dos problemas muy comunes: falta de compromiso y carencia de mentalidad de empresario. Si sufres alguno de estos males, ¡preocúpate! Así es como puedes evitarlos.


La falta de compromiso se manifiesta de diversas formas: no están enfocados en lo importante, se distraen con facilidad, están más pendientes de las redes sociales que de las cifras de su negocio y, lo peor, son propensos a procrastinar. Entonces, difícilmente terminan sus tareas, no alcanzan las metas que se proponen y todo el tiempo están exponiendo excusas para tratar de justificarse.

Obviamente, en esas condiciones es imposible que puedan mostrarse como una propuesta de valor que le interese al mercado, independientemente de a qué se dedican o de qué ofrezcan. Hoy, el consumidor, en virtud de que la oferta supera con creces la demanda, solo quieren trabajar con el mejor y el mejor es aquel que les garantiza que puede solucionar su problema, su dolor.

Mientras no desarrolles hábitos productivos, mientras tu rutina no sea organizada y responsa a un sistema, mientras no adquieras las habilidades necesarias, tu negocio está condenado al fracaso. Además, si insistes en tratar de avanzar en solitario, en vez de contar con un mentor que te allane el camino, que te acorte la curva de aprendizaje, pondrás en riesgo tu activo más valioso: el tiempo.

Una de las claves del éxito que muchas personas pasan por alto es aquella de equilibrar su vida laboral con la personal. Ellas, en cambio, se dedican a competir: cuando el negocio va bien, la relación con sus seres queridos por lo general es un caso, y viceversa. Y, claro, así no se puede. Lo primero es ordenar la vida personal y después, sustentado en ella, buscar el éxito profesional.

En otras palabras: si quieres triunfar en los negocios, dentro o fuera de internet, primero debes hacerlo en la vida, en ese proyecto que construyes día a día. Si solo te dedicas al negocio, si no tienes vida propia, si no eres feliz en tus relaciones, si no disfrutas lo que la vida pone a tu disposición, tarde o temprano todo se derrumbará. Y todo, claro está, incluye tu negocio.

En el tema de la mentalidad, mientras, lo más difícil es aprender a lidiar con el fracaso. Porque, déjame decírtelo con absoluta autoridad, fracasarás. Más de una vez. No es un pronóstico o que te desee mala suerte, sino la realidad de la vida, de los negocios. Lo importante es aprender a sacar del fracaso el aprendizaje valioso que encierra y que puede servirte en próximas aventuras.

Fracaso no es equivocarse, fracaso no es que tu emprendimiento no funcione, fracaso no es que la competencia acapare los clientes. Esas son consecuencias de tus equivocaciones, oportunidades que la vida pone en tu camino para brindarte el conocimiento que requieres, para que reflexiones, para que adoptes hábitos positivos, para que saques lo mejor de ti. El fracaso es no intentarlo.

La manifestación de la carencia de mentalidad de emprendedor más impactante es pensar que ya lo sabes todo. Es un mal común, más frecuente de lo que crees, y riñe con la principal característica de los exitosos: la mente abierta al aprendizaje continuo. Por la dinámica de constante cambio del mercado, por exigencia de los clientes y por la competencia, si no aprendes más, ¡fracasarás!

Tarde o temprano fracasarás. Y no lo digo yo como consultor de negocios, sino la realidad. Esa es la razón por la cual buena parte de mi tiempo laboral lo dedico a aprender de diversas formas: asisto a cursos (presenciales y virtuales), leo libros, me reúno con mis mentores, escucho audios. El entrenamiento de la mente es prioridad para cualquier persona que desee éxito en la vida o los negocios.

Cada día son más las personas que se atreven a dar el paso del mundo offline al online, pero el sueño se transforma en pesadilla. No es cuestión de dinero o de herramientas, y la culpa no es de la competencia: en 9 de cada 10 casos es porque carecen del compromiso necesario y no poseen la mentalidad de empresario que se requiere para no engrosar las estadísticas de la mortandad empresarial.


 

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