Quizás por la marcada influencia materna, en nuestros países latinoamericanos el concepto de control es uno de los más complicados de entender y aplicar en el mundo del emprendimiento. Mamá nos enseñó que el control es el dominio absoluto de las situaciones y circunstancias, y eso es, precisamente, lo que reflejamos en nuestros negocios cuando, vaya ironía, lo que necesitamos es dejar de controlar hasta el último detalle.

Parece un trabalenguas, pero no lo es. En los negocios, controlar significa saber con exactitud qué pasa en cada proceso, cuáles son los resultados, cuáles son las cifras que arrojan tus acciones. Es, también, crear sistemas autónomos que te brinden garantías, que te permitan replicar lo positivo e identificar lo negativo para erradicarlo. Y, sobre todo, es el factor que te brinda independencia porque te posibilita delegar tareas secundarias en tu equipo y asociados.

El control es un aspecto funda- mental para el éxito de tu negocio, siempre y cuando, valga la redundancia, esté controlado. Es decir, que no haya exceso de control, algo que se traduce en limitaciones, que provoca obstáculos, que impide desarrollar la creatividad y le pone freno a la innovación.

Control lo debemos entender como establecimiento de reglas claras, como seguimiento y como constante evaluación de los procesos para garantizar el adecuado funcionamiento del engranaje.

Otro detalle que por lo general distorsiona el concepto de control es que esté en manos de una sola persona, acaparado, cerrado a las opiniones de los demás e imposibilitado para recibir retroalimentación. Un buen control es libre, es compartido a través de la delegación de tareas y, sobre todo, está sujeto a permanente examen: es como cabalgas un caballo: tienes que ser flexible con las riendas: a veces las acortas para tener más control, a veces aflojas y le das libertad sin perder el control.

Finalmente, debes entender que una buena política de control no surge de la teoría y tampoco se construye de la noche a la mañana. Es, por supuesto, un proceso que requiere ajustes, que es cambiante, dinámico y moldeable. La mejor expresión de control es que todas y cada una de las tareas, de las labores y de los procesos de tu negocio funcionen independientemente, aunque debidamente engranados, mientras tú, que tienes el control total, observas y disfrutas sin intervenir directamente.

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