El poder de la imaginación es ilimitado, lo sabemos. Ese, sin duda, es un gran privilegio del ser humano. Sin embargo, la vida, a veces, nos demuestra que la realidad también ofrece posibilidades y oportunidades infinitas, inclusive mejores que aquellas que la mente nos regaló. El caso de César Hernández, emprendedor dominicano, es muestra de ello.

“Cuando era pequeño, mis padres me preguntaban con frecuencia qué quería ser de grande. En mi inocencia, siempre les respondía que deseaba ser actor de televisión, cuenta. Su modelo era el actor y director estadounidense Denzel Washington Jr., que a comienzos de los 90 descolló en Malcolm X, un papel que le trajo respeto y aclamación.

“Lo que más me impactaba de esta estrella del cine era su manera tan natural de interpretar sus personajes y la forma en que lograba transmitir su mensaje a través de sus representaciones”. Fue reflejado en la magia actoral de Washington que César descubrió lo que quería ser cuando creciera, que para su fortuna conjugaba trabajo y pasión.

Por eso, tan pronto terminó los estudios secundarios se inscribió en la Universidad Tecnológica (UTESA), de Santiago, la ciudad donde nació, para formarse como comunicador social. “Me enfoqué en la producción y tuve la fortuna de producir varios espacios para la televisión local. En esta misma área descubrí mi pasión por el cine”.

Una de las experiencias lindas de la vida es hacer lo que a uno le gusta, cuando esa pasión es también su trabajo. Es, sin duda, un privilegio y también un compromiso, y así lo entendió César. “Participé en varios cortometrajes como actor y después pasé atrás de las cámaras, como productor en proyectos inspirados en los problemas cotidianos”.

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El arte de la comunicación es la herramienta de César Hernández como emprendedor.

Entonces, supo que la vida le había encomendado una misión, una maravillosa: “Me di cuenta de que necesitaba dar más de mí a la sociedad y transmitir mis conocimientos a esas generaciones que tenían hambre de aprendizaje”. Ingresó al Instituto de Cine de Santiago, como coordinador de los talleres de formación en las diferentes áreas del cine.

Ese interés por formar a los jóvenes en las labores de edición, actuación, fotografía e iluminación tuvo una recompensa inesperada: “Llegamos a producir unos 15 cortometrajes que fueron premiados en diferentes festivales de cine de todo el mundo”, explica. Había conseguido una trascendencia importante, gratificante, pero ese no era su techo.

“A través de los años, me di cuenta de que el mundo está en constante cambio, en crecimiento y desarrollo. También aprendí que la tecnología nos ha brindado una nueva perspectiva de la forma en que vemos, hacemos, manejamos y organizamos nuestro diario vivir. Fue, entonces, cuando posó su mirada en un nuevo y poderoso universo: internet.


César Hernández encarna una interesante mezcla de aptitudes y habilidades surgidas
de la comunicación, la creación de historias, la sensibilidad y la vocación de servicio.
Eso le brinda una poderosa conexión con las audiencias y poder para impactarlas.


“Ninguna dificultad puede abatir a aquellos que tienen fe en su misión”, una frase de Mahatma Gandhi que encontró en la red, lo inspiró a continuar su camino enfocado en desarrollar nuevos proyectos como emprendedor. Con la convicción y la confianza que lo caracterizan, César se le midió al reto, no sin antes enfrentar un abanico de miedos.

“Sabía que tenía que asumir riesgos en este nuevo camino, y no me refiero solo a los que son tangibles, sino a otros más fuertes como el miedo al fracaso, a las críticas y la necesidad de aceptación, males que nos atacan con frecuencia a los emprendedores”. Fue en este punto en el que la realidad superó a la imaginación y se produjo la magia.

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En Comando Secreto, César demostró que ser emprendedor es, sobre todo, un estilo de vida.

“El miedo a lo desconocido fue mi mejor aliado. Sin esperarlo, aquellos conocimientos que había acumulado como comunicador social y como productor de cine se fusionaron a la perfección con la tecnología”. Un nuevo mundo, uno ilimitado, se abrió ante sus ojos y comenzó una aventura de experiencias, conocimientos y momentos incomparables.

Uno de ellos fue formar parte de Comando Secreto, el grupo élite de emprendedores latinoamericanos guiado por Álvaro Mendoza y Gus Sevilla, en Punta Cana (República Dominicana). “Fue una experiencia gratificante porque adquirí conocimientos no solo de los expertos, sino de mis compañeros que compartieron sus logros y sus dificultades”.

Allí, como uno de los dos pioneros locales, César nos reveló facetas distintas a las del emprendedor, el comunicador o el productor. Una, la del aficionado al deporte: era el que se levantaba temprano a correr un poco, a rodar en la bicicleta o a nadar. “En mis tiempos libres, practico actividades al aire libre como yoga, bicicleta, tenis, inclusive la lectura”.

La premisa es que esos ratos sirvan para desfogar esa energía acumulada por alguien que es hiperactivo y que, también, le aporten el equilibrio mental y físico necesario para cumplir sus sueños. Allí, a través de sus participaciones, reveló su sensibilidad, cualidad que se refleja en su interés por aportar al desarrollo profesional y humano de otros.

Ese es lo que lo obsesiona actualmente: articular ese bagaje acumulado como en el pasado comunicador social y productor con las infinitas posibilidades que brinda la tecnología. “Hoy en día, me considero una persona innovadora más segura de sí misma y enfocada en avanzar en este negocio tan gratificante”, afirma.

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César Hernández quiere ser un producto de experiencias enriquecedoras.

Es consciente, sin embargo, de que falta mucho por recorrer. Avanza con la convicción de saber que los múltiples errores del pasado, las dolorosas pérdidas, fueron una invaluable fuente de aprendizaje, lecciones que forjaron su carácter como persona y profesional. Avanza, también, convencido de ser cada día mejor, de brindar lo mejor de sí mismo.

“Mi experiencia y conocimiento han crecido y estoy ciento por ciento seguro de que es mucho lo que puedo conseguir en este universo cibernético. La mayor satisfacción ha sido llevar a cabo mis proyectos y negocios con éxito; eso no tiene precio, dice. Por eso, hace su mayor esfuerzo para fortalecerse a través del aprendizaje y la experiencia.

“Pienso que la mayor motivación que un emprendedor puede tener es aquella de estar en constante aprendizaje, no solo de lo concerniente a nuestro negocio en particular, sino de cuanto ocurre en la economía de cada país, de lo que afecta a otras personas”. Porque, claro, este proceso de crecimiento carecería de sentido si se desconecta de la realidad.


En Comando Secreto, César nos demostró que ser emprendedor es más que tener
un negocio o estar conectado a un computador: también hay que saber disfrutar la vida.
Para él, la máxima de mente sana en cuerpo sano es un estilo, un hábito, una pasión.


La vida de César Hernández es un cortometraje que está a medio camino, una historia que todavía no escribió su final. Una historia muy valiosa, sin embargo, que le permite dar un consejo a los emprendedores novatos: “Que tengan paciencia y perseverancia con sus metas y objetivos. Que nunca agachen la cabeza y sigan enfocados en sus sueños”.

Él, mientras, procura canalizar sus energías y ponerlas al servicio de la misión que le encomendó la vida: ser el productor de experiencias agradables, enriquecedoras y positivas que inspiren a otros y que les permitan alcanzar sus sueños. Ese, sin duda, es el mejor argumento para que el cortometraje de su vida sea laureado y aclamado.


 

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