Si sigues con atención el contenido de valor que publico en mis diferentes propiedades digitales, en especial de este blog, estoy seguro de que ya lo habrás escuchado y/o leído. Sin embargo, prefiero la reiteración porque, te lo digo como sicólogo y como emprendedor, esa es una de las estrategias de aprendizaje más efectivas que existen. Es como grabar un tatuaje en la piel.

¿A qué me refiero? A la definición de marketing que promulgo y practico. ¿La recuerdas? Son todas las acciones estratégicas que realizas para llamar la atención de un desconocido, convertirlo en un amigo y luego transformar a ese amigo en un cliente que te compre una y otra vez y que, además, sea un evangelizador de tus productos y servicios y te traiga más buenos clientes”.

Me encanta repetir esta premisa. ¿Sabes por qué? Porque así evito que se me olvide, así evito la tentación de irme por un atajo, así evito desviarme del camino que me ha permitido ser referente del mercado durante 25 años. “Si algo funciona bien, si da los resultados que esperas, no lo cambies; mejóralo, optimízalo”, es una genial frase que escucho desde hace muchos años.

Sí, se me antoja genial porque en estos tiempos modernos en los que todo es efímero, en los que los productos y servicios tienen fecha de caducidad (obsolescencia programada), en la que una persona de 40 años es considerada “vieja”, cambiar por cambiar es más que una tentación. De hecho, se ha convertido prácticamente en una regla que nadie se atreve a controvertir.

Y el marketing, te parezca o no, funciona bien bajo esa premisa. Y funciona así desde hace décadas, para ser más exactos. Lo que ha cambiado, y para bien (a mi juicio), es el contexto, el decorado, lo externo: la esencia es la misma. En otras palabras: el marketing que se hacía antes de internet es el mismo que se hace con internet, solo que con distintos canales y herramientas.

No es, como creen algunos, que el marketing haya sido reinventado o revaluado por la irrupción de la tecnología. Siempre hubo tecnología, esa tecnología siempre fue revolucionaria, solo que, en comparación con lo que vivimos ahora, nos parece obsoleto, precario, arcaico. En su momento, la radio fue un invento revolucionario, disruptivo, al igual que la televisión o el computador.

La gran diferencia es que antes había unos pocos canales que, además, era muy efectivos. A través de ellos, los medios convencionales, era posible llegar fácilmente a los clientes potenciales porque estaban reunidos allí. No había más ofertas, más opciones, entonces se concentraban en la radio, en la televisión, en los medios impresos, en los espacios públicos o atendían el voz a voz.

Hoy, lo sabes, además de todos esos medios y canales, que todavía existen, que todavía funcionan, disponemos de internet. Que no es un medio en sí, sino un conglomerado, por llamarlo de alguna manera: allí confluye una multitud de medios como redes sociales, empresas y emprendedores. Una jungla diversa que, así mismo, es un universo ilimitado de oportunidades para cualquiera.

Cualquiera que, valga recalcarlo, entienda cómo funciona ese ecosistema digital y haga lo que se necesita para alcanzar los resultados que se propone. Que no es magia, que no requiere contar con multimillonarios recursos, que no exige ser ingeniero de sistemas o alguna otra profesión en especial. Basta con tu conocimiento y experiencias y el propósito de compartirlas con otros.

Y que, sobre todo, más que vender te obsesiones con la idea de servir. Cuanto más sirvas a otros con lo que haces, con lo que sabes, más venderás; si no sirves, venderás y luego ese negocio se extinguirá. Esa es la realidad. Porque la clave del éxito en un negocio, dentro o fuera de internet, radica en conseguir atraer a las personas correctas y solucionar el problema que las aqueja.

Así de sencillo, así de complicado. Depende del camino que elijas. ¿Vender o servir? El mensaje que puedo transmitirte, fruto de mi experiencia de 25 años, es que cuando estuve obsesionado con el dinero me desgasté mental, física y laboralmente. Y los resultados no se acercaron a lo que esperaba. Cuando me enfoqué en servir, el dinero llegó solo y con arandela: ¡mi felicidad!

Por eso, siempre estoy en la búsqueda de personas a las que pueda ayudar. No solo a solucionar ese problema que les quita el sueño, sino también a cumplir sus sueños y su propósito de vida, que es la razón por la cual estamos en esta planeta. ¿Cómo lo hago? Despliego las estrategias de marketing que aprendí y cuya eficacia he comprobado a lo largo de este tiempo. Te las revelo:


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No te obsesiones con la idea de vender: enfócate en servir más y mejor y venderás más.


Atraer nuevos buenos clientes es una de las tareas básicas de un emprendedor, teniendo en cuenta que no puedes descuidar a los clientes actuales. Lo fundamental es priorizar la calidad de esos prospectos sobre la cantidad. Te revelo las 5 estrategias que me funcionan muy bien.


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1.- La lista (el email marketing).
La lista, o base de datos, está conformada por aquellas personas que, tras tener contacto contigo, levanta la mano y dice “eso me interesa. Quiero saber más”. Quiere saber de ti, de lo que haces, de cómo lo haces, de cómo llegaste adonde estás, de cómo solucionaste el problema que él sufre. La acción fundamental es captar sus datos (nombre y correo) y comenzar el proceso de marketing.

¿Cuál? Aquel de convertir a ese desconocido en un amigo y luego transformarlo en un cliente que te compre una y otra vez y te refiera a sus amigos y conocidos. El email, que está más vivo que nunca, es el canal primario y fundamental de comunicación. Es muy efectivo si lo usas bien. El primer paso que debes dar, entonces, es construir tu (s) lista (s) con potenciales clientes.

2.- El contenido (marketing de contenidos).
Cuando comencé mi aventura como emprendedor digital, hace 25 años, no existían redes sociales, YouTube, TikTok o Google. Solo había un canal para comunicarte con el mercado, uno que aún era incipiente: el email. Y la única forma de llamar la atención de esas personas era crear contenido de valor. Por eso, creé MercadeoGlobal.com, este blog, que es uno de los más antiguos del mercado.

A través de este poderoso canal, cumplo con el objetivo fundamental del marketing: educar, nutrir y entretener a mi audiencia, a esas personas que levantaron la mano y se suscribieron a mi lista. Todas las semanas, seguro lo sabes, hay contenido de valor nuevo no solo de marketing, sino en temas relacionados como mentalidad, casos de éxito, historias que inspiran y mucho más.

3.- Eventos.
Presenciales o virtuales, o híbridos como en los últimos tiempos, son una excelente alternativa. No solo para darte a conocer, posicionarte y transmitir tus conocimientos, sino también para realizar otra de las acciones fundamentales del marketing: el networking, o relacionarte con otros. Si bien soy un defensor a ultranza de la tecnología, sé que nada reemplaza la magia del cara a cara.

A lo largo de mi trayectoria, los eventos han sido una fuente inagotable de experiencias increíbles. No solo he conocido en vivo y en directo a clientes antiguos, sino que he forjado relaciones que se han extendido durante años. Y he podido construir otras con colegas y hasta con personas con las que durante mucho tiempo competí en el mercado. Organiza eventos y participa en los de otros.

4.- El tráfico.
Es el combustible que mueve tu negocio, de la misma manera que la sangre que circula por tus venas y arterias. De nada te sirven una excelente propuesta de valor, tu capacidad de transformar la vida de otros a través de tu conocimiento y experiencias y un producto o servicio que brinde la solución al problema de tus clientes potenciales, si estas personas jamás se enteran.

Necesitas aprender a generar tráfico cualificado, es decir, prospectos que estén interesados en lo que ofreces y sean potenciales compradores, hacia tu oferta. No te limites a las redes sociales, que cada vez son más caprichosas. Identifica y aprovecha diversas fuentes de tráfico que nutran tus listas y que te permitan llevar a cabo el proceso de conversión con altos índices de rentabilidad.

5.- Publicidad.
Sí, sé que es un tema álgido. ¿Por qué? Porque tristemente hay muchas personas convencidas de que se van a hacer millonarias en internet sin invertir un peso. ¡Todo lo quieren gratis! Y así no funciona, nunca funcionó así. Para poder disfrutar de la sombra de un árbol, primero tienes que sembrar la semilla y luego, pacientemente, cultivarlo, cuidarlo, hasta que crezca y te cobije.

En marketing, ocurre lo mismo: tienes que sembrar y cultivar para recoger, para cosechar. Y parte de ese proceso es hacer publicidad. El tráfico orgánico (gratuito) no es suficiente, y menos en estos tiempos en los que abunda la buena competencia y en los que la fidelidad del cliente es un una especie en vías de extinción. Si quieres crecer, vender más, tienes que hacer publicidad.

Siempre he pregonado que, antes de buscar nuevos clientes, te concentres en fidelizar a los que ya tienes, en fortalecer el vínculo con quienes ya te compraron. Sin embargo, un negocio, cualquier negocio, necesita nuevos clientes para ser sostenible. Nuevos buenos clientes, no más prospectos que a la larga no convierten y durante el proceso te hacen perder tiempo, dinero y recursos.

No te obsesiones con la idea de convertir clientes, es decir, vender, porque la venta será la consecuencia directa de tus acciones y el resultado del éxito de tus estrategias de marketing. No tienes que reinventar la rueda: el marketing siempre funcionó de esta manera. Servir mejor, servir a más personas, esa es la clave. ¿Cómo lograrlo? Pon en práctica las 5 estrategias que te revelé.