Lo más aterrador del fracaso es su efecto paralizante. ¡Sí, el pánico que provoca que elijamos estar quietos en vez de actuar, de intentarlo otra vez! ¡Sí, el engaño que fabrica la mente y que nos impide seguir luchando por nuestros sueños, por lo que en verdad deseamos! ¡Sí, el obstáculo que nos desvía de la misión por la que vinimos a este mundo!

El fracaso es el hábitat en el que el miedo nace, crece y se multiplica, de las formas más variadas que puedas imaginar. Se traduce en esas voces internas que te atormentan, que claman porque no te muevas, que te dicen que estás mejor así, que no lo vuelvas a intentar. Aunque suene un poco duro o dramático, ¡es como estar muerto en vida!

Así fue, precisamente, como me sentí en algún momento, cuando el fracaso tocó a mi puerta, se la abrí y permití que entrara en mi vida. Era como si un fuego interior consumiera mis entrañas sin que pudiera evitarlo. Hasta que llegó ese momento en el que dije ¡No más!, el punto bisagra, y tomé la decisión de darle un vuelco radical a mi vida.

No fue cuestión de un abrir y cerrar de ojos, algo de un día para otro, sino un largo y a veces doloroso proceso de aprendizaje, de autoconocimiento, de crítica honesta y, por supuesto, de trabajo, de mucho trabajo. Un camino que, has de saberlo, todavía no termina: todos y cada uno de los días de mi vida debo hacer un esfuerzo por avanzar.

Esa, amigo mío, es la otra cara de la moneda. Gracias a mis padres, a mi familia, a mi esposa y a mis hijas, a mi equipo de trabajo, a mis socios y a ti, cada día me levanto con la firme convicción de mantenerle cerrada al fracaso la puerta de mi vida. Gracias a estos maestros de vida, doy lo mejor para cultivar la capacidad de sortear las dificultades.

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¿Éxito o fracaso? El resultado depende de ti, exclusivamente de ti.

Eso no significa, de manera alguna, que esté blindado contra los errores y el fracaso. Soy un ser humano común y corriente y estoy expuesto a ellos, lo sé. Significa que tomé la firme decisión de no volver a fracasar (mientras esté a mi alcance) y que, entonces, me enfoco en las diez acciones que, he comprobado, me sirven para eludirlo.

Antes de que las abordes, es menester hacer unas precisiones: no es un libreto perfecto, no es una guía, no es una poción mágica, no es una fórmula secreta. Se trata, simple y sencillamente, de cuanto he aprendido en el camino, del legado recibido de mis padres y mis mentores, un cúmulo de experiencias que, ojalá, te sean de mucho provecho:

1) Edúcate: el conocimiento no te garantiza que no habrá fracasos, pero sí te dará herramientas y empoderamiento que aquellos no se conviertan en el final del camino. El conocimiento te hace más fuerte, amplía el horizonte de tu mente y te capacita para enfrentar esos miedos que aparecen cuando el fracaso toca a nuestra puerta.


Lo primero que se debe hacer cuando el fracaso aparece es quitarle el poder
que puede ejercer en nuestras vidas. ¿Cómo hacerlo? Actúa, muévete, ve y
persigue tus sueños. El fracaso es un obstáculo, no el final de tu camino.


2) Planifica: la mayoría de los fracasos proviene de la improvisación. El fracaso, en otras palabras, no es más que la sucesión de pequeños errores que se transforman en un gran error. Planifica, diseña sistemas efectivos, traza objetivos a corto, largo y mediano plazo y saca el mejor provecho de los recursos que posees. Planificación es sinónimo de éxito.

3) Trabaja en equipo: pensar que todo lo podemos hacer solos es simplemente el primer paso para ir directo al fracaso. El mundo moderno impone la unión de las fuerzas, la diversidad de visiones y la combinación de recursos. Despójate del rol de superhéroe y trabaja en equipo, ojalá con personas mejores que tú que te exijan al máximo.

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Renovarte, enriquecerte intelectualmente, capacitarte, soluciones contra el fracaso.

4) Revisa y mide: muchas veces, comenzamos un camino y solo nos detenemos cuando llegamos al objetivo previsto o cuando nos detiene un obstáculo. Esa es una estrategia equivocada, pues la premisa de un sistema eficiente es revisar y medir en puntos intermedios para darnos cuenta de lo que, eventualmente, no funciona como debiera.

5) Corrige y mejora: consecuencia directa de lo anterior. Si algo está mal, corrígelo y haz que funciones según tus previsiones. No temas al cambio: es posible que tengas que ir por un rumbo distinto, aunque el destino sea el mismo. No olvides que se hace camino al andar, que ningún libreto es perfecto y que la vida es dinámica pura, constante.

6) Asesórate: busca un mentor que ya haya pasado por ese camino que ansías recorrer y, sobre todo, que haya superado esas dificultades, que haya sufrido esos fracasos. Esta es la forma adecuada para acortar la curva de aprendizaje y para blindarte de esos errores comunes que te llevan al fracaso. No aprovechar esta opción es una verdadera torpeza.


El primer fracaso es un accidente; el segundo, un error; el tercero, un hábito.
No permitas que tu vida se convierta en algo que no deseas. Aprende a triunfar,
enfócate en ser feliz. El éxito es algo que depende de ti, solamente de ti.


7) Crea redes: hoy, el éxito y la felicidad en la vida dependen de quiénes te rodean. Así de simple, así de contundente. Rodéate de personas que tengan los mismos valores, las mismas aspiraciones, los mismos sueños que tú. Desarrolla la habilidad para relacionarte con otros y establecer vínculos estrechos que se traduzcan en compartir beneficios.

8) Asiste a eventos: invierte en ti. No basta con tomar algunos cursos, con leer muchos libros, con seguir en redes sociales a los gurús digitales. Asistir a eventos presenciales te brinda beneficios que no conseguirás de otra manera, porque el contacto directo con los demás no tiene sustituto. Eso sí, elige los que, en verdad, te aporten conocimiento.

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Ser exitoso es una decisión: tus actos son lo que determinan qué camino transitas.

9) Ten paciencia: la paciencia es el arte de saber esperar, de entender que la vida no es fácil y que el camino está lleno de dificultades. Sin embargo, no es una espera estática: para que la paciencia tenga efectos positivos, debes estudiar, actuar, buscar alternativas. Ser pacientes es evitar caer en la ansiedad e improvisación que te llevan al fracaso.

10) Sigue probando: no te detengas, no te rindas por nada del mundo. Si por este camino no funcionó, ejecuta las 9 acciones anteriores y sigue probando. Recuerda que no hay fórmulas mágicas y que cada día es una nueva oportunidad. ¡No la desaproveches! El fracaso no es tu destino, así que sigue probando, que tarde o temprano tendrás éxito.

Lo peor que puedes hacer ante el fracaso es, irónicamente, no hacer nada. Quedarte quieto es darte por derrotado, concederle la victoria al fracaso y echar esa hermosa y única oportunidad que es tu vida al bote de la basura. Supongo que, por supuesto, no es lo que quieres. Entonces, date otra oportunidad, demuéstrale al fracaso cuán fuerte eres.