Un día, nos dicen que hay que dejar de consumir café, porque provoca cáncer; al siguiente, que se pueden consumir 3 o 4 tazas diarias sin peligro. Un día, nos dicen que hay que dejar de consumir huevo, porque provoca cáncer; al siguiente, nos dicen que una dieta sin huevo es incompleta.

Un día, nos dicen que es necesario ejercitarse al menos 45 minutos cinco veces a la semana; al siguiente, nos dicen que con 30 minutos tres veces es suficiente. Y así se nos pasa la vida, en medio de contradicciones, de versiones contundentes y reversas que nos dejan desconcertados. Nos dejan llenos de miedo.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

El miedo es el principal enemigo de los emprendedores.

Y lo mismo ocurre en los negocios: un día, nos dicen que hay que superar todos los miedos si queremos alcanzar el éxito, pero luego nos presentan un informe que dice que el miedo es necesario, en cierta medida. Como sicólogo que soy, te digo con autoridad que el miedo no es malo en sí: lo equivocado es el uso que hacemos de él.

Es como si tienes la mejor herramienta tecnológica del mercado, el mejor equipo de trabajo, un buen grupo de inversionistas que te respaldan, pero tu negocio no despega, la estrategia de marketing no ofrece los resultados que esperar. Entonces, entras en estado de desespero, porque no entiendes qué ocurre.

No es por la herramienta, no por el equipo de trabajo, no es por los inversionistas: es algo distinto lo que no funciona. Pero, solemos atribuir el fracaso a factores que en realidad no son culpables, y lo mismo nos sucede con el miedo. Nos aterra descubrir que la verdadera causa del problema somos nosotros mismos.

En mi trayectoria, he aprendido que los emprendedores cultivamos tres miedos fundamentales: al cambio, a la competencia y al éxito. Las manifestaciones son reales, en la mayoría de las ocasiones somos conscientes de ellas, pero nos negamos a combatirlas.

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El café, como el fracaso, es bueno en cierta medida.

Es un comportamiento difícil de explicar, pero natural del ser humano. Preferimos adaptarnos a ellas, aprendemos a convivir con ellas, hasta las hacemos nuestras amigas. Es una suerte de apego: nos aferramos a lo que nos hace daño, como si disfrutáramos el efecto negativo que nos ocasiona.

Los miedos son como los problemas: el primer paso para resolverlos es reconocer su existencia; luego, conocerlos para saber en qué consisten y preparar la estrategia para combatirlos; por último, vencerlos, superarlos, dejarlos atrás. Y ese, por supuesto, es parte de nuestro trabajo en este mundo.

¿Cuál es la clave?

Hay miedos conscientes, como el que puedes sentir por un animal o a las alturas. También hay inconscientes, que son los que nosotros mismos fabricamos en la cabeza, y que nos atormentan de lo lindo. Los jóvenes hoy los llaman películas o videos, y se reproducen incesantemente hasta que decidimos desconectarlas.

El miedo, amigo mío, es intrínseco al ser humano: todos lo sentimos, todos tenemos miedos. Distintos, por ciento, y en distintos grados, también. Y dado que tu negocio de alguna forma es una extensión de lo que tú eres como persona, de tus experiencias, de tu conocimiento, de tu forma de pensar, allí se reflejarán.

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Tú eres más poderoso que tus miedos: ¡Véncelos, supéralos!

¿Cuál es la clave? Aprende a capitalizar tus miedos, porque de lo contrario se convertirán en un obstáculo. Para ti, para tu negocio. Y tus clientes lo notarán, y para algunos será incómodo y preferirán irse. Entonces, llega el momento en que debes hacer una elección: vences a tus miedos o te dejas derrotar por ellos.

No tengas miedo de sentir miedo. Aprende de él y busca lo positivo, lo que te permita salir de la situación negativa. Bloquéalo: aférrate a lo positivo como tus sueños, tus ilusiones, empodérate y rebélate contra el miedo. Con el paso del tiempo verás que aquel temible enemigo se diluye, se evapora hasta desaparecer.

Si te das cuenta de lo bueno que posees, de tus cualidades, de tus fortalezas, si reconoces lo increíble que es tu plan de vida, podrás reírte del miedo. Es un proceso: nadie acaba con sus miedos de un día para otro. Hay que ir paso a paso, sin prisa y sin pausa. Es una lucha constante, porque el enemigo es traicionero.

Cuando les quites a los miedos la importancia que les adjudicaste en tu vida, se derrumbarán como un castillo de arena en la playa. Tú eres más poderoso que todos tus miedos juntos. Si no renuncias a luchar contra ellos, los vencerás. Tu vida será mejor, y eso también se reflejará en tu negocio. Y tus clientes, por supuesto, lo agradecerán.


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