Hay un popular dicho que reza que “Cada niño trae su pan debajo del brazo”, pero la verdad es que Conor Jack se trajo ¡la panadería completa! Wow, qué maravilla, dirán algunos, aunque el verdadero golpe de suerte ocurrió hace diez años, cuando Conor McGregor conoció a Dee Devlin en el lugar donde él era barista.

Hasta hace unos pocos días, el nombre de Conor McGregor era prácticamente desconocido para el común de los terrícolas. Para prácticamente todos, a excepción de los amantes de la UFC, esa modalidad de las artes marciales mixtas en la que los pegadores pueden golpear a su rival, de manera reglamentaria, con manos, codos y pies.

Los demás nos enteramos de su existencia cuando se armó el alboroto mediático porque se midió al boxeador Floyd Mayweather en un combate que traspasó lo deportivo y se instaló en los meganegocios. Al final, Mayweather se impuso por nocaut técnico al irlandés, que bajó del cuadrilátero con la frente en alto y la billetera llena.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Contra Floyd Mayweather, Conor McGregor tuvo un desempeño decoroso, a pesar de la derrota.

Si bien no me interesan de manera alguna el boxeo o las artes marciales mixtas, las cifras que se manejaron en torno a este espectáculo captaron mi atención. De acuerdo con reportes de prensa, Mayweather se quedó con 350 millones de dólares, mientras que a las arcas de McGregor ingresaron humildes 100 millones de dólares. ¡Joder, qué barbaridad!

A los 20 años, McGregor era uno más de tantos jóvenes irlandeses que no sabía qué rumbo darle a su vida. Estaba ahí, detrás del mostrador de aquel bar de Dublín atendiendo clientes simplemente porque necesitaba el dinero. Sin embargo, la noche en que conoció a Dee su vida hizo un clic y su destino fue un antes y un después.

Comenzaron a salir y a compartir más que tiempo: también, sueños y, lo más importante, un proyecto de vida. Conor le confió a Dee que no era feliz con ese empleo y que lo que lo apasionaba era ser luchador de UFC. Desde el comienzo, pese a las consecuencias, ella lo apoyó. Y con el tiempo se convirtió en su sostén e inspiración.

Mientras se hacía un lugar en el mundo de la UFC, mientras lograba un contrato que le permitiera enfocar sus esfuerzos y energías únicamente en entrenar, Conor y Dee se trastearon a un pequeño apartamento en Dublín y vivieron del subsidio del Estado: recibían poco más de 200 dólares mensuales. Fueron tiempos difíciles, sin duda.

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Desde antes de convertirse en peleador, Conor estableció una relación con Dee Devlin. Ella es su soporte.

“Yo creía que podía ser el campeón y ella, también. Confió en mí a pesar de la falta de dinero. Siempre trató de hacer que comiera bien, que siguiera mi régimen diario”, dijo Conor en una entrevista. “Si no fuera por ella, probablemente no estaría donde estoy hoy”, complementó el deportista en declaraciones al Irish Mirror.

Sus primeros combates significaron sendas decepciones, pero la vida lo compensaba a Conor dándole felicidad al lado de esta mujer que nunca cesó de creer en él, que nunca dejó de apoyarlo, que siempre lo inspiró. Con el tiempo, el panorama cambió, llegaron los triunfos, los contratos y sueños más grandes. Sueños que se hicieron realidad.

Fueron cinco años duros, llenos de limitaciones y pocas satisfacciones. Hasta que en 2013 la UFC anunció que McGregor se había convertido en el segundo irlandés en firmar contrato para combatir en sus programaciones. El primero había sido Tom Egan, el amigo de juventud en Dublín que lo metió en este ambiente de los puños y las patadas.

En su primera pelea, el 6 de agosto de aquel año, venció por nocaut a Marcus Brimage y obtuvo un bono de 60.000 dólares por el KO de la noche. Unos meses más tarde, sin embargo, sufrió una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla que lo mantuvo al margen durante diez meses. Una dificultad más, camino de las satisfacciones.

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Desde hace 10 años, la vida y la carrera de Conor McGregor se transformaron positivamente.

El 11 de julio de 2015, se midió a Chad Mendes por el campeonato interino del peso pluma; ganó por nocaut técnico. Después, el 12 de diciembre, enfrentó a José Aldo en la unificación del título de esa categoría y lo venció en solo 13 segundos. A comienzos de marzo de 2016, debutó en el peso wélter y cayó frente a Nate Diaz en un combate memorable.

La revancha de programó para agosto y esta vez el irlandés cantó victoria, por decisión mayoritaria. Así, obtuvo su primer fajín. La noche histórica, sin embargo, fue la del 12 de diciembre de 2016, en Nueva York, cuando venció al estadounidense Eddie Alvarez y se quedó con el título del peso ligero, para ingresar a los libros de las estadísticas.

¿Por qué? Porque fue el primer luchador que ostentó dos títulos simultáneos en la UFC. La vida por fin, le sonreía, aunque las mejores carcajadas estaban por venir. Mientras estaba envuelto en una polémica relacionada con un eventual retiro de los cuadriláteros (lo anunció y luego lo desmintió), la fama, la riqueza y el reconocimiento tocaron a su puerta.

A los empresarios deportivos, siempre en busca de oportunidades para producir dinero, se les ocurrió retar a Mayweather. El estadounidense estaba al borde del retiro, con récord perfecto de 49-0 (49 victorias, sin derrotas), y no se vislumbraba un rival que lo motivara a seguir. El show con McGregor, por supuesto, le llamó la atención, y se pactó.

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Hoy, la vida de Conor y Dee gira en torno del pequeño Jack Conor, que nació el pasado 5 de mayo.

Si bien siempre lució inferior a Mayweather en el combate realizado en Las Vegas, y perdió por nocaut técnico en el undécimo asalto, McGregor tuvo motivos para sonreír. Uno, se ganó el respeto de propios y extraños, inclusive de quienes lo tildaron de payaso antes del combate. Luchó con sus argumentos y, aunque no ganó, demostró ser un profesional.

Dos, aseguró el futuro de su familia, que era su gran sueño, el motivo por el que una década antes dejó todo y se subió a los cuadriláteros. Con 100 millones de dólares en su cuenta corriente, además, pudo contarle al mundo su historia y ahora podrá dedicarse a lo que más le interesa: a ver crecer al pequeño Jack Conor, que nació el pasado 5 de mayo.

Su caso nos deja algunas lecciones interesantes para los emprendedores: para perseguir tus sueños, para luchar por lo que te apasiona en la vida, debes pagar un precio, a veces alto. La recompensa, sin embargo, suele justificar el sacrificio. También, que el éxito es un proceso que implica tiempo y, por supuesto, fracasos o decepciones y aprendizajes.

Lo más importante, sin embargo, es entender que para alcanzar el éxito y la felicidad en la vida y los negocios necesitas la compañía de las personas adecuadas. McGregor seguramente nunca habría surgido sin el apoyo de Dee Devlin. “Dee me salvó la vida. No estaría haciendo esto si no fuera por ella, eso es seguro”, afirmó el deportista.

Bien sea esa compañera de viaje, un socio, un colega o un colaborador, los emprendedores debemos ser conscientes de su influencia, para bien o para mal, y el impacto en nuestra vida y nuestro negocio. “Ella ya no trabaja más, la contraté para el negocio. Trabaja para mí y recoge los cheques”: el último, de 100 millones de dólares.

 

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