Tiene cara de picardía, de niño travieso, y una sonrisa contagiosa. Sin embargo, es serio, muy serio, especialmente en su trabajo. Y no podía ser de otra manera, porque Hyun Uk Chu es surcoreano, es decir, proviene de una cultura en la que el trabajo es considerado el segundo estandarte de la vida, después de la familia, por supuesto.

Y, respaldado también en su origen, es un maestro, un gran maestro de vida para sus hijos adoptivos. La de Hyen Uk era la vida normal de un surcoreano hasta que, cuando contaba 11 años (en 1984), la familia se vino a Colombia. ¡Terrible choque cultural!, en diversas formas, y más para un niño que a esa edad está en plan de conocer el mundo.

Cinco años después, sin embargo, sus padres regresaron a Corea del Sur y él se quedó en esta tierra tropical que lo acogió como uno de los suyos. Una adolescencia poco común, sin duda. Para rematar, el día que cumplió los 18 años, que para muchos jóvenes es feliz porque implica convertirse en adulto, recibió el más duro de los golpes de la vida.

Sí, le informaron que su mamá había fallecido, un duro golpe para un joven que todavía no encontraba su misión en la vida. De ella, le quedaron imborrables recuerdos y, sobre todo, grandes lecciones de vida, de esa sabiduría tan propia de las madres. Y, entonces, no hubo más remedio que echar raíces en Colombia y labrarse un futuro profesional.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Hyen Uk Chu es un reconocido conferencista internacional, uno de los favoritos del público.

“Hice lo que la mayoría de los papás les piden a sus hijos: estudiar, entrar a una buena empresa y buscar la jubilación. De hecho, lo hice bien hasta eso de entrar a una buena empresa, pero pronto me di cuenta de que el plan de jubilarme trabajando como empleado no era mi destino”, relata. Su vida distaba de lo que realmente quería.

Entonces, renunció, se volvió emprendedor, se quebró, se divorció y se quedó sin nada, literalmente. ¿Y? A comenzar otra vez, de cero. Sus padres le habían inculcado la idea de ser emprendedor, pero a eso llegó forzado por las circunstancias. “Tomé la decisión cuando sufrí una crisis existencial por la fatiga profesional y porque sentía que no tenía un propósito”.

Además, lo perseguía ese sueño que forjó en la niñez: “Quería ser inventor, quería patentar y ser el creador de cosas increíbles”. Su ídolo era Thomas Alva Edison. El paso de la imaginación a la realidad, sin embargo, no fue fácil. De hecho, fue bastante difícil. ¿Por qué? Porque ni él mismo creía en lo que quería hacer, él mismo desconfiaba de su talento.


Graduado en ingeniería química, durante una década comandó los destinos de
una multinacional, pero la vida le pidió un cambio: se independizó y en 2016
creó el Club de Inversionistas, e imparte formación especializada para invertir.


“Lo más complicado para arrancar fue creer en mí mismo, ser consciente de que podía crear cosas que a la gente le encantaría tener y usar”. Por eso, el comienzo fue lento. Afortunadamente, contó con el vital apoyo de su familia, que siempre lo respaldó en sus intentos, que no permitió que se desanimara, que lo motivó a seguir.

Un poco de paciencia, tres años de trabajo silencioso y… ¡eureka! Sonó la flauta. “La primera señal que me indicó que iba por el camino correcto fue cuando registré tantas ventas que no tenía tiempo para contabilizarlas”. Fiel a esas características de los orientales, perseverantes, tercos y con gran fortaleza mental, Hyen Uk lo logró.

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Tuvo que comenzar de cero y aprender de los fracasos para reinventarse.

Sí, en poco tiempo consiguió lo que antes parecía imposible: se reinventó y se transformó en un ganador. No fue, en todo caso, una transformación fácil o cómoda. “Mi vida cambió radicalmente de un momento a otro. Pasé de estar ocupado trabajando para los demás a estar ocupado en lo que amo hacer”. Por supuesto, el camino fue fue una fiesta.

¿Lo más duro? “Asumir que era mi propio jefe, ser disciplinado y organizado”. Para conseguir el objetivo, por supuesto, tuvo que recurrir a su versión más surcoreana: paciencia, perseverancia y enfoque. “Lo más difícil fue el enfoque”. En ese proceso, en los momentos más duros, las frases de Jim Rohn le sirvieron como vitaminas para el alma.

Rohn fue un empresario estadounidense, autor de 34 libros y orador motivacional con más de 6.000 conferencias que reunieron a 5 millones de personas. Se lo consideró un filósofo de los negocios y se distinguió por la sencillez de su discurso: siempre pregonó por lo básico, por los fundamentos de la actividad.

El momento de la reinvención

Y en ese proceso también hubo dudas, momentos difíciles, instantes en los que estuvo a punto de tirar la toalla. “Siempre que me llega ese momento de no querer continuar, pienso que mejor lo dejo para mañana. Y ese mañana nunca llega”, afirma entre risas. Unas risas que hoy son la constante: Hyen Uk Chu, otra vez, es feliz.

Sí, porque después de mucho tiempo, después de muchos errores, después de muchos sobresaltos, se acabaron las amarguras. “Tuve que comenzar de cero, aprender de mis fracasos y salir adelante”, cuenta. Se lee fácil, parece fácil, pero fue difícil, inclusive para alguien como Hyen Uk, una persona que no sabe rendirse.

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Su vida cambió cuando decidió comenzar a trabajar en lo que realmente ama.

“Hoy en día vivo de mis diferentes empresas y de las inversiones que hago en la Bolsa de Valores de Nueva York”, un tema en el que es un coach y consultor que goza de reputación entre quienes han tenido la suerte de ser sus discípulos. Sigue siendo un soñador, aunque de un modo distinto al de la juventud, uno con los pies en la tierra.

“Hoy soy un soñador que lucha por servir a los emprendedores hispanos para que desarrollen su inteligencia financiera y construyan una vida más próspera”. Es, también, un reconocido conferencista internacional, uno de los preferidos del público por su buen sentido del humor y sus enriquecedoras anécdotas, y por su conocimiento y experiencia.

También es uno de los preferidos de los emprendedores novatos, que lo ven como un ejemplo inspirador y que se conectan rápidamente con su mensaje. “Para ellos, mi sugerencia es que amen lo que hacen. Siempre les pregunto qué harían si no les pagaran por aquello que hacen, cómo van a superar las dificultades”.

La lección es simple y poderosa: “Si amas lo que haces, el trabajo ya no será trabajo, porque lo harás por amor”, explica. Cuando voltea la mirada al pasado, sabe qué error no repetiría: “No me divorciaría por causa del dinero, por una quiebra. El error más costoso fue pagar el precio de tener una familia separada”, dice con nostalgia.

Hoy, sin embargo, la vida le dio la oportunidad de la revancha: “A mi proyecto de vida no le falta nada. Soy feliz con el camino que recorro día a día”, asegura. Y lo mejor es que disfruta cada paso, que sabe que es mucho lo que aún puede aprender, compartir y disfrutar. Y se entrega de lleno, con pasión y convicción.

Surcoreano de nacimiento, colombiano por adopción, latinoamericano por elección, Hyen Uk Chu es la muestra de que es posible cumplir los sueños, aprender de los errores y reinventarse. “En mi negocio actual, Me falta crear una comunidad que se retroalimente por sí misma”. Ese será su mejor invento…

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