El calendario marca el 14 de febrero y los enamorados de los Estados Unidos, y por cuenta del marketing también los del resto del mundo, celebran el Día de San Valentín. Aunque en otros países como Colombia también se celebra el Día del Amor y la Amistad, en septiembre, esta fecha tiene una connotación especial. Además, encierra poderosos mensajes que podemos aprovechar.

Por si no lo sabías, estudios científicos han demostrado que solo existen dos emociones: el amor y el miedo. Las demás, todas esa otras que también llamamos emociones, son las variadas manifestaciones del miedo y del amor. En marketing hablamos de placer y dolor como las emociones más significativas, las que mueven a las personas y desatan el impulso de la compra.

En ese sentido, San Valentín es una oda al amor, al romanticismo, al romance, a la felicidad y, por eso, podríamos decir que la mitad de cada uno de nosotros reaccionará de alguna manera en este día. Por supuesto, esa es la razón por la cual dejó de ser una celebración íntima y se convirtió en una fiesta masiva que al muchos les produce malestar por el marcado acento comercial.

Como hombre dedicado a los negocios, en muchas ocasiones me sumé a quienes procuraron sacar provecho de esta jornada. Sin embargo, con el paso del tiempo, comprendí que las palabras de mi mamá Julita estaban llenas de sabiduría: “Mijo, no se necesita que haya una fecha especial para decirle a su mamá que la quiere. Eso es algo que debe hacer todos los días”, me decía.

Por supuesto, siempre que la veo procuro demostrarle mi afecto de tantas formas como sea posible: un beso en la frente, un fuerte abrazo, una sonrisa, una frase para recordarle que es lo más importante de mi vida o, inclusive, algún detalle como uno de los postres que le gustan. Y lo hago sin pensar en qué fecha marca el calendario, si es su cumpleaños o un día cualquiera.

Del mismo modo, cada día que pasa, cada cliente con el que trato, cada proyecto que emprendo me demuestra que la señora Julita tiene la razón. Y ese es uno de los motivos por los cuales quienes hacemos negocios a veces sufrimos de más para conquistar a esos prospectos que atendieron el llamado de atención, pero se muestran reacios a realizar la acción que esperamos.

¿Sabes por qué ocurre eso? Porque en muchas ocasiones, en casi todas para ser honestos, nos acordamos de esas personas, de esos buenos clientes, solo cuando queremos venderles algo. Por unos días, quizás un par de semanas, lo convertimos en el centro de nuestro trabajo, pero luego lo volvemos a enviar al baúl de los recuerdos, el lugar donde reposa las otras 50 semanas del año.

Con suerte, volvemos a mirarlos el Día de la Madre, o el Día del Padre, o para Navidad, o con ocasión de Halloween, siempre cuando nos interesa, cuando queremos ofrecerle algo. Por eso, cada vez es más difícil llamar su atención, cada vez está más reacio a llevar a cabo la acción prevista y cada vez nos la pone más difícil. ¡Está harto de que solo nos fijemos en él por interés!


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Cada día debería ser una fecha especial para flechar a nuestros clientes y enamorarlos.


Los emprendedores nos acostumbramos a dar lo mejor de nosotros a cuenta gotas, solo en las que llamamos fechas especiales, sin caer en cuenta de que cualquier día es una oportunidad invaluable para enamorar a nuestros clientes. No importa qué fecha marque el calendario, haz todo lo que puedas para que tu cliente te adore, para que no quiera separarte de ti jamás.


Lo que los emprendedores debemos aprender es que el amor por el cliente es algo de todos los días. Sí, así como suena: como si fuera un matrimonio. Los negocios del siglo XXI se sustentan en una relación entre dos personas con intereses comunes y con la capacidad de intercambiar beneficios. Una relación que debe fortalecerse, enriquecerse y alimentarse todos los días.

Si tú estás casado o sostienes una relación sabrás que necesitas manifestarle el amor a tu pareja todos los días, a riesgo de que te corten los servicios. ¿Qué pasaría si durante un año nunca le dices a tu mujer que la amas? Con seguridad, pensaría que tienes una amante y que la vas a dejar. Luego comienza el deterioro de la relación, los celos, las discusiones y, por último, ¡el divorcio!

Exactamente lo mismo ocurre con tus clientes: si no tienes detalles frecuentes con ellos, si no los mimas, si no les demuestras lo importantes que son para ti, si no les das un regalito de cuando en cuando, si no les dices que los quieres y que los necesitas. Quizás no todos los días, pero si con frecuencia, porque tienes que ser consciente de que ellos tienen muchos pretendientes.

¿Por qué esperar hasta que llegue el Día de San Valentín? ¿Por qué esperar hasta Navidad? ¿Por qué? Recuerda que cada día es una oportunidad que nos da la vida, una oportunidad para decirles a nuestros clientes que estamos felices por el privilegio de ayudarlos, que estamos agradecidos por confianza, su credibilidad y su lealtad. ¡Cualquier día es bueno para celebrar la relación!

Si la razón de ser de nuestro trabajo es el cliente, si la misión de nuestra vida es ayudar a ese cliente, si tu vocación de servicio te impulsa a acompañar a ese cliente en esta aventura que es la vida, ¿por qué esperar a una de esas fechas especiales para brindarle lo que tienes, para agradecerle lo que te ofrece? ¿Acaso un día cualquier no puede convertirse en una fecha especial?

No me cabe duda, porque lo he experimentado, para bien y para mal, que nuestro trabajo como emprendedores sería muy distinto, y mejor, si asumiéramos un día cualquiera como una fecha especial y sorprendiéramos a nuestros clientes. Y no necesariamente con un regalo, con un descuento, sino con una atención calidad, con una respuesta rápida, con una interlocución efectiva.

El calendario marca el 14 de febrero y los enamorados de los Estados Unidos, y por cuenta del marketing también los del resto del mundo, celebran el Día de San Valentín. No quiero ser un aguafiestas, pero para mí este día es tan especial como cualquier otro porque cada día me levanto con la firme intención de darles a mis clientes, a ti, lo mejor que tengo, todo lo que tengo.

El marketing de hoy consiste fundamentalmente en enamorar a nuestro cliente de tantas formas como sea posible para que esa relación que nos une sea para toda la vida, como las de antaño. Olvídate de la obsesión por vender y enfócate en la misión de enamorar. Si logras flechar a tu cliente, si nutres la relación, te darás cuenta de que cada día, cualquier día, es San Valentín…


 

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