Es muy fácil equivocarse, ¿cierto? Los seres humanos lo hacemos todo el tiempo todos los días. En acciones simples sin mayor trascendencia, pero también en situaciones complejas que acarrean graves consecuencias. Así es la vida, así son los negocios también. Y es fácil equivocarse cuando tu negocio está en internet, por la cantidad y variedad de tareas que debes realizar.

A veces me da un poco de dolor decirlo, pero estoy seguro de que es mejor una verdad que duela una sola vez que una mentira que te endulce los oídos y luego duela más: 9,5 de 10 veces que un negocio no funciona, tú eres el responsable. Lo sé porque lo he vivido, lo he experimentado: las veces que me equivoqué, lo pagué, y no quedó más remedio de corregir y seguir trabajando.

Que los vaivenes de la economía, que las fluctuaciones del dólar, que la inestabilidad política, que el precio del petróleo y hasta el cambio climático son algunas de las excusas más frecuentes para justificar errores propios. Esos factores inciden, por supuesto, pero realmente es muy difícil que alguno de ellos sea la causa de que tu negocio no venda o de que tus clientes se esfumen.

Hoy, dada la creciente competencia, que en muchos casos es de buena calidad, la exigencia es máxima. No hay chance de relajarse. El cliente lo quiere todo perfecto, a su medida, y si tú no eres capaz de proporcionárselo, va a buscarlo a otro lado, con la competencia. Así de simple. Y más exigente aún porque el cliente quiere que los beneficios de la experiencia sean extendidos.

¿Eso qué quiere decir? Que se manifiesten a lo largo del proceso de la relación. No solo en la antesala de la compra o en el momento de la compra, sino en el antes, en el durante y, sobre todo, en el después. No le interesa que le jures amor eterno: quiere que se lo demuestres, de tantas formas como sea posible, todos los días. Y tampoco esperes que él te jure amor eterno.

En diversas ocasiones he dicho que el éxito y el fracaso en los negocios depende de tus acciones y de tus decisiones, de lo que haces o de lo que dejas de hacer. Esa es una premisa que algunos aún no entienden y, por eso, tropiezan con la misma piedra una y otra vez. Actúan equivocadamente y toman decisiones erradas, pero luego buscan al responsable del fracaso donde no está.

La experiencia me ha enseñado que estas son las cinco razones por las cuales un negocio digital no vende o, peor aún, desaparece:


Vender en internet no es cuestión de tecnología, de herramientas o de recursos. Es cuestión de marketing: transformar a un desconocido en un amigo y a ese amigo en un cliente frecuente.


1) No generas confianza: la confianza es el punto de partida. Si puedes generarla y haces un buen marketing, es probable que tengas éxito si lo que ofreces es lo que requiere el mercado. De lo contrario, todo lo que hagas será en vano. Sé auténtico, sé honesto, sé humilde y preséntate no como la panacea, sino como alguien dispuesto a usar su talento y conocimiento para ayudar a otros.

2) Tu mensaje no llega: es una variante del anterior problema. Lo que dices, no llama la atención de las personas a las que diriges ese mensaje. Quizás, porque no son tu público adecuado, porque a esas personas no les interesa lo que les ofreces, porque lo que ofreces no es la solución a su problema. Determinar claramente quién es tu cliente es un paso fundamental camino al éxito.

3) Una mala experiencia: una web poco amigable que no invita a la navegación, contenido insulso, hablar de ti y de tus hazañas en vez de los beneficios que le puedes aportar al mercado, no atender sus peticiones y reclamos, no cumplir las promesas que le hiciste y olvidarlo tan pronto se realiza la venta son algunas de las causas de una experiencia negativa para tu cliente.

4) No ser diferente: recuerda que el cliente nos percibe como un bosque, en el que todos los árboles se ven iguales. Si no eres capaz de crear un diferencial, algo que te haga único, las posibilidades de que te elija a ti y no a la competencia son reducidas. Muchos quieren ser como otros, pero solo consiguen ser una copia burda, sin personalidad propia, que a nadie le interesa.

5) Creerte el mejor: hoy, cualquiera se autoproclama número uno, gurú o mentor. Sin embargo, la realidad es que muy pocos lo son. Ni ti conocimiento, ni tu talento, ni tus herramientas, ni tus recursos, ni internet te servirán si no tienes una genuina y desinteresada vocación de servicio, si no eres humilde. Después, el mercado se encargará de ponerte en el lugar que te corresponde.


 

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