No es falta de ideas. Es exceso de ellas.
Voy a empezar directo, porque ya nos conocemos.
Si estás leyendo esto, no es porque no sepas cosas. Tampoco es porque no tengas ideas. De hecho, si tuviera que apostar, diría que tu problema es exactamente el contrario: sabes demasiado y tienes demasiadas ideas al mismo tiempo. Y eso, aunque suene bien en teoría, en la práctica suele convertirse en una trampa bastante cruel.
Porque cuando sabes mucho, no avanzas más rápido. Avanzas más lento. Dudas más. Comparas más. Analizas cada opción desde demasiados ángulos. Y, sin darte cuenta, decidir se vuelve cada vez más difícil.
Hoy no quiero hablarte de infoproductos como formato. Tampoco de inteligencia artificial como tendencia. Mucho menos de plataformas, funnels o estrategias. Quiero hablarte de algo previo a todo eso. Algo más silencioso, pero mucho más determinante: el bloqueo que aparece justo antes de crear algo real.
Déjame decirte una verdad que no suele decirse en voz alta: el problema no es que no estés listo. El problema es que sigues esperando sentirte listo. Y esa espera, en el mundo real, no lleva a claridad. Lleva a parálisis.
Piénsalo con honestidad.
¿Cuántas veces has pensado algo como “podría hacer un taller de esto”, “podría crear un curso de aquello”, “esto a alguien le serviría”, “cuando lo tenga más claro, lo estructuro mejor”?
Y después pasa el tiempo.
La idea sigue ahí. No muere. Pero tampoco nace.
Ese estado intermedio es el que más desgasta, porque consume energía sin generar avance.
Aquí aparece una verdad incómoda, pero necesaria: la mayoría de los emprendedores expertos no falla por falta de capacidad. Falla por exceso de criterio sin estructura. Tienes criterio, tienes experiencia, tienes intuición… pero no tienes un marco claro para decidir.
Entonces cada idea compite con la otra. Cada posibilidad parece válida. Y al final, ninguna se ejecuta.
Si ahora mismo tienes más de tres ideas de infoproducto rondándote la cabeza, no tienes un problema de creatividad. Tienes un problema de enfoque.
Y el enfoque no se resuelve aprendiendo más. Se resuelve decidiendo mejor.
Crear un infoproducto no es un acto creativo. No es inspiración. No es esperar la idea perfecta. Crear un infoproducto es, antes que nada, un acto de decisión.
Y esa decisión no se toma cuando todo está claro, sino cuando estás dispuesto a avanzar con claridad suficiente.
Si hasta aquí algo se te ordenó por dentro, ya avanzaste más de lo que crees.
No estás bloqueado. Estás evitando una decisión concreta.
El error estructural del experto que sabe demasiado
Hay algo que veo una y otra vez en personas con experiencia. No se quedan atascadas porque no sepan qué enseñar. Se quedan atascadas porque intentan ordenar su conocimiento como si fuera información, no como si fuera una decisión.
Y ahí es donde todo empieza a romperse.
Cuando un experto piensa en crear un infoproducto, suele empezar listando todo lo que sabe. Todo lo que podría enseñar. Todo lo que considera importante. El problema es que esa lista nunca termina, porque el conocimiento no tiene borde. La experiencia tampoco.
Entonces aparece una sensación muy concreta: esto es demasiado grande.
Y cuando algo se siente demasiado grande, lo natural es postergarlo.
No por pereza.
No por incapacidad.
Sino porque nadie te enseñó a recortar sin sentir que estás perdiendo valor.
Muchos expertos creen —aunque no lo digan— que simplificar es empobrecer el producto. Que enseñar menos es cobrar por menos. Y eso no solo no es verdad, sino que suele ser exactamente al revés.
Un mal infoproducto intenta enseñarlo todo.
Un buen infoproducto elige una sola transformación clara.
El problema es que elegir implica renunciar. Y renunciar duele. Sobre todo cuando sabes que lo que dejas fuera también es valioso.
Pero aquí hay algo clave que necesitas entender:
dejar cosas fuera no empobrece el producto, lo vuelve usable.
La mayoría de los infoproductos no fracasa porque el contenido sea malo. Fracasa porque el alumno no sabe por dónde empezar. Demasiadas ideas, demasiadas capas, demasiadas explicaciones.
Y sin darse cuenta, el experto replica en el producto el mismo caos que tiene en la cabeza.
Cuando alguien te paga, no te paga por todo lo que sabes. Te paga por resolverle algo concreto. No te paga por tu biblioteca mental. Te paga por claridad.
Ahí está el error estructural: intentar construir el infoproducto desde el contenido, cuando en realidad debería construirse desde la decisión. Decidir qué problema sí, qué problema no, hasta dónde llega el producto y dónde termina.
Eso no es diseño instruccional.
Eso es criterio.
Y el criterio no aparece cuando agregas más cosas. Aparece cuando te obligas a decir: esto no.
La mayoría no se traba porque no sepa qué incluir. Se traba porque no sabe qué excluir. Y como no excluye nada, nunca empieza.
Cómo se decide una idea correcta (y por qué no necesita ser perfecta)
Hasta aquí hablamos del bloqueo y de por qué saber mucho puede jugar en contra. Ahora quiero mostrarte algo distinto. No voy a darte ideas ni decirte qué producto crear. Quiero que entiendas cómo se decide una idea correcta.
No la perfecta.
La correcta.
Porque una idea correcta se ejecuta. Una idea perfecta se posterga.
Una idea correcta no es la que más te gusta, ni la que más sabes, ni la más completa. Es la que puede tomar forma sin romperte la cabeza.
Muchos expertos eligen ideas desde el ego del conocimiento: “esto es importante”, “la gente debería saberlo”, “esto me costó años aprenderlo”. Todo eso puede ser cierto, pero no garantiza que sea una buena primera decisión.
El primer infoproducto no existe para demostrar lo que sabes. Existe para probar que puedes convertir conocimiento en algo usable.
En lugar de preguntarte “¿qué puedo enseñar?”, prueba con esta pregunta:
¿qué problema concreto puedo ayudar a resolver ahora mismo?
No el más grande.
No el más épico.
El más claro.
Si no puedes explicar el problema en una sola frase simple, no es un buen candidato todavía. No porque no sea valioso, sino porque aún no está decidido.
Una idea correcta resuelve un problema que ya existe, apunta a un resultado mínimo viable y puede tomar forma en un formato simple. No busca cambiarle la vida a nadie. Busca destrabar algo.
Y destrabar, aunque parezca poco, suele ser mucho más poderoso de lo que imaginas.
Las mejores ideas de infoproducto no nacen del conocimiento. Nacen de observar fricciones. Momentos donde la gente se queda atascada y tú ya sabes cómo salir.
Cuando aparezca la voz que dice “esto es muy poco”, detente un segundo. Eso no es criterio. Es ego. El valor no está en la cantidad. Está en la precisión.
Inteligencia artificial: acelerar sin perder criterio
Ahora sí, hablemos de inteligencia artificial. Pero sin hype y sin rechazo.
La IA no crea productos. Reduce fricción. Si no hay claridad, no la inventa. Solo acelera el desorden. Por eso este punto viene después de decidir.
La mayoría se frustra con la IA porque no sabe qué pedirle. Y no sabe qué pedirle porque no decidió antes.
Usada con criterio, la IA ordena, estructura, baja ideas a tierra y ahorra tiempo. Pero no reemplaza tu experiencia ni tu voz.
La IA no es un atajo.
Es un acelerador.
Y como todo acelerador, si vas en la dirección equivocada, llegarás más rápido al lugar incorrecto.
La brecha final entre entender y crear
Quiero que pares un segundo.
Hace un rato quizá estabas confundido. Ahora, probablemente no tengas el producto creado, pero tienes más claridad. Y eso ya es un avance real.
Entender el proceso no es lo mismo que atravesarlo. La mayoría se queda justo aquí. Entiende, pero vuelve a hacerlo solo. Y cuando está solo, vuelven las dudas.
Crear un producto no es un acto creativo. Es un acto de decisión.
Y esa decisión, alguien tiene que sostenerla.
Si este artículo te ordenó la cabeza, ya cumplió su función.
El resto no es información. Es decisión.




