¿Sabes cuál es el problema con el fracaso? Que lo concebimos como el final del camino, como el punto final de la historia. A veces es así, sin duda, pero en la mayoría de las ocasiones es solo una escala, un alto provisional. En otras palabras, el fracaso también es una oportunidad que nos ofrece la vida y que, por lo general, no sabemos aprovechar.

Algo insólito si tenemos en cuenta que en América Latina 8 de cada 10 negocios fracasan antes de cumplir dos años. Deberíamos estar acostumbrados a fracasar, deberíamos haber aprendido algo del fracaso, pero no es así. Para muchos de esos empresarios, el fracaso significó el punto final de su emprendimiento. Borrón y cuenta nueva.

Fracasar, nos guste o no, nos duela o no, es parte del proceso. NO es el proceso. Es un nuevo comienzo en un punto intermedio, por eso es que necesitamos aprender de esas experiencias negativas, dolorosas, incómodas. Todo aquello que viviste antes del fracaso es aprendizaje, es valioso, seguramente es positivo para tu futuro.

¿Recuerdas cuando eras niño y querías aprender a montar en bicicleta? ¿Recuerdas la sensación de inmensa felicidad cuando la viste ahí, al lado del árbol de Navidad, envuelta en papel regalo? ¿Recuerdas ese primer pedalazo, cargado de pánico, que te hizo avanzar hasta donde tu imaginación no llegaba? ¿Recuerdas el dolor tras la primera caída?

¡Auch! Te raspaste las rodillas, te provocaste un hematoma que llevaste contigo durante unos días y, lo peor, tu orgullo quedó magullado. Y ahí tocamos el punto álgido del asunto: el ego: lo que nos molesta de fracasar es el famoso qué dirán. Más que el dolor físico, más que las heridas, lo que verdaderamente nos importa es la opinión de otros.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Aceptar el error y buscar ayuda de los que ay lo superaron es una buena opción.

Por eso mismo, en la mayoría de las ocasiones desaprovechamos esa oportunidad de aprendizaje que es el fracaso. Lo más difícil no es el fracaso, pues somos conscientes de que es algo natural, intrínseco del proceso, sino la aceptación del mismo. ¡Sí, que otros se enteren de que fracasamos! Esa carga moral y emocional es la que no sabemos soportar.

“Fallé más de 9.000 tiros en mi carrera. Perdí más de 300 partidos. En 26 ocasiones me confiaron el tiro ganador y lo erré. He fracasado una y otra y otra vez en mi vida y, por eso, he tenido éxito”. El dueño de estas palabras es ni más ni menos que Michael Jordan, una de las estrellas del baloncesto mundial, leyenda indiscutible de todos los tiempos.

¿Michael Jordan fracasó? La pregunta genera comezón, pues se trata de uno de los modelos de éxito, de perfección más impactantes de los últimos 40 años. Aún retirado de los tablados, aunque no pudo concretar una carrera como beisbolista, Jordan es sinónimo de éxito. Pero, él reconoce que fueron muchas las veces que fracasó, afortunadamente.


Si fracasas es porque lo estás intentando, porque has avanzado. Es un mensaje
que te envía la vida para que corrijas algo, para que liberes una carga, para
que saques tus fuerzas. ¡No te rindas!, y pronto disfrutarás el triunfo.


Y digo afortunadamente porque, aunque hay corrientes de pensamiento contrarias, soy de los que piensan que el fracaso es la mejor oportunidad de aprendizaje. Nos enseñar que tenemos límites, pero también que podemos superarlos; nos enseña que somos falibles, pero también que tenemos el poder de recuperarnos y superar esa dificultad.

La española Mila Cahue, doctora en Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, sostiene que “los grandes maestros pulen su arte (el que sea) a base de cometer errores y corregir. Es absolutamente hilarante pensar que uno se va a convertir en maestro de nada sin equivocarse”. Cahue es la autora de los libros Amor del bueno y El cerebro feliz.

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La gran pregunta de tu vida es, ¿quieres ser un ganador o un perdedor?

Fracasar, por más doloroso que resulte, significa abrir una puerta a opciones ilimitadas: a la oportunidad de madurar, al autoconocimiento, a la tolerancia, a la curiosidad, a la aceptación de la crítica, al descubrimiento de nuevas opciones. El problema es que el modelo educativo en el que crecimos nos enseñó que el fracaso está mal, que no sirve.

Robert Kiyosaki, uno de los autores más influyentes de la actualidad, dice que “El fracaso es la derrota del perdedor y la inspiración de los ganadores”. Entonces, de lo que se trata de saber es en cuál de los bandos estás. ¿Perdedor o ganador? El perdedor encuentra en el fracaso una cómoda zona de confort que disculpa su pobreza, la económica y la mental.

Una de las razones por las cuales esto ocurre es que no hay un libreto, no hay una fórmula exacta, no hay fórmula mágica para aprender a capitalizar los fracasos. Tú, y solo tú, debes diseñar tu propio sistema, el que te resulte efectivo, el que garantice el aprendizaje y facilite la superación del obstáculo. Aquí te comparto cinco alternativas:


Sentirse mal después de haber fracasado está bien, es natural; lo malo es
quedarse ahí, estático, porque significa negarse la posibilidad de saborear
las deliciosas mieles del éxito y la felicidad. Sigue adelante, ríete del fracaso.


1) Acepta: una frase de la sabiduría popular reza que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. Acepta el fracaso, entiende que es una parte vital del proceso, algo natural. No tiene sentido que te autoflageles por algo que no puedes evitar, que además se presenta en tu vida como una oportunidad. Acepta y aprende.

2) Analiza: con una mano en el corazón, investiga las causas del fracaso. No busques un culpable, porque eso de nada te servirá. Identifica los hechos, situaciones o decisiones que provocaron el fracaso, y corrígelas. Estar consciente de esas razones es la verdadera enseñanza, porque es lo que te permitirá ser más precavido, evitarlas la próxima vez.

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Fracasar significa abrir la puerta a nuevas oportunidades, a madurar.

3) Corrige: la única razón por la cual los errores se repiten una y otra vez, por la que fracasamos varias veces, es porque no tomamos las medidas requeridas. El aprendizaje radica en cambiar los hábitos o las acciones que nos condujeron al fracaso. Corregir es de inteligentes y es el primer paso para reanudar la marcha y avanzar hacia tus sueños.

4) Ayúdate: muchas veces, fracasamos más de una vez por la terquedad de querer hacerlo todo solo. Aprovecha lo que aquellas personas que ya pasaron por lo mismo, y lo superaron, pueden enseñarte. Especialmente en los negocios, acudir a un mentor no solo acorta la curva de aprendizaje, sino que también minimiza los efectos de un fracaso.

5) Persevera: solo fracasa aquel que lo intenta, el que corre el riesgo de ir a perseguir sus sueños. Esa, más allá de las dificultades que se presenten, es una gran ganancia que debes aprender a valorar. Si caíste, levántate, sacúdete, sonríe y sigue adelante. Recuerda que el fracaso no es el punto final de la historia, sino una escala, algo provisional.

La diferencia ente el ganador y el perdedor está en la forma en que cada uno enfrenta el fracaso. El ganador saca fuerzas para aprender de esa experiencia y ese conocimiento en el futuro; el perdedor asume el rol de víctima y encuentra mil y una disculpas para no avanzar. El ganador supera sus miedos; el perdedor se queda a vivir con ellos.

La próxima vez que fracases, te invito a que seas más tolerante, más inteligente. No te castigues innecesariamente, no renuncies a tus sueños, no te rindas: acepta, analiza, corrige, ayúdate y persevera. Pronto descubrirás que ese tropiezo fue una oportunidad valiosa que te hizo más fuerte y, sobre todo, te acercó a tus sueños.


 

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